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20:57h. miércoles, 01 de diciembre de 2021

¿Para qué quiere usar la mano derecha? Es pobre y es viejo – por Ajó Tedote, desde la Residencia de Mayores La Dehesa, en La Palma

 

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¿Para qué quiere usar la mano derecha? Es pobre y es viejo – por Ajó Tedote, desde la Residencia de Mayores La Dehesa, en La Palma,  *

Querido Chema Tante:

Este es uno que vive en esta Residencia. Está perdiendo el uso de su mano derecha. Casi no puede escribir, ni utilizar una llave, no consigue sostener un libro, tiene problemas para comer, porque ya no tiene fuerza  para manejar el cuchillo... se está quedando sin mano.

Hay tiempos, este hombre, en la desesperación de su ruina, había hecho dos intentos de suicidio. Nada de bromas, lo hizo en serio, pero el sistema lo localizó a tiempo las dos ocasiones, y veinte días y cuatro días después, respectivamente, lo recuperó, para lanzarlo a a la calle otra vez, para que se muriera de hambre, de miseria, de abandono, de asco.

El sistema lo recuperó, porque un tipo que se suicida queda feo. Aunque con esa historia del mimetismo los medios mercenarios ocultan tanto suicidio como sucede, siempre se filtra alguno, y eso a la oligarquía le incomoda. Prefiere que la gente desamparada se muera poco a poco, queda más disimulado. Un suicidio puede ser noticia. Un muerto de hambre, no.

A este hombre, no el sistema, sino el voluntariado de Cáritas y las y los profesionales de algunas instituciones públicas, le echaron una mano y ahora está en buenas condiciones, en esta Residencia.

Al protagonista de esta historia, como a todas las personas mayores de las residencias canarias, nos vacunaron en primer lugar, contra la covid-19. Pero que nadie crea que fue una cuestión de solidaridad, ni de altruismo. Lo que pasa es que la gente de la burocracia y de la política se va por las patas p’abajo, ante la idea de un brote en las Residencias, que les encharque la imagen de Canarias y jeringue la recuperación del turismo, que es lo único que les importa. Lo digo de nuevo, lo único que les importa, el turismo, no la salud de nadie.

El hombre ve que se está quedando sin mano. Al menos, lo que importa de su mano, que es la funcionalidad. Acudió, claro, a los servicios médicos y de fisioterapia del centro, que le atendieron con la solicitud y la profesionalidad de siempre. Pero no han podido hacer nada, porque no aciertan a identificar la causa de la pérdida de fuerza en los dedos de esa mano. Entonces, como es lógico, han referido el caso al servicio de traumatología. “Ya le avisaremos”, le han dicho al hombre. Traducción: “Espera sentado”. El hombre teme que cuando al fin le vea personal especialista, ya no haya remedio. Ocurre constantemente.

Ya nos encontramos otra vez con el sistema. Cuando no está por medio la imagen del gobierno, al que no le conviene que se sepa que hay suicidas, o los altos intereses del Turismo, que no conviene que por ahí fuera se piense que aquí está el virus, como en todas partes, entonces entra en juego otro de los mecanismos habituales: que quien tenga un problema de salud, que acuda a la medicina privada y si no tiene dinero para ello, que se pudra en la impotencia.

Eso le está pasando a nuestro hombre, que ve, sin auxilio del sistema, que empieza el proceso de deterioro físico que lo llevará a una silla o una cama, como un vegetal, sin moverse ni controlar sus deyecciones, hasta que se muera. Eso sí, lo mantendrán con vida, incluso en esas condiciones deplorables, porque al sistema, al Gobierno de Canarias, no le viene bien la alta mortalidad en las Residencias.

El hombre de la mano sin fuerza es culpable de los crímenes que peor califica el neoliberalismo: es pobre y no tiene edad para trabajar. El sistema le niega hasta el derecho a usar su mano. Porque no tiene dinero para acudir a una consulta especialista privada. Es ley natural

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Ajó Tedote

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