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03:13h. Martes, 26 de mayo de 2020

¿Quién se ocupa de ellos? - por Lidia Falcón

 

FRASE FALCÓN

La verdad es siempre revolucionaria

¿Quién se ocupa de ellos? - por Lidia Falcón

 

A cinco kilómetros de La Coruña en uno de esos infames tugurios de tortura que se llaman "puticlubs" dado lo soez del lenguaje que se usa en España, están encerradas unas mujeres, no sabemos cuántas, que durante meses, ¿años?, estabuladas allí como animales, dieron placer, al parecer, a los trastornados que necesitan desahogar el impulso sexual violando prostitutas. Ahora, en el peligro del contagio del maldito virus esos individuos han descubierto que su líbido no está tan necesitada de desahogo y han dejado de frecuentar el prostíbulo. Pero las víctimas siguen ahí. Unas cuantas, o quizá todas, han sido traficadas desde países lejanos y ninguna tiene otro lugar donde residir. No sabemos qué es de ellas, quién les suministra lo necesario para sobrevivir, desde la comida a la limpieza ni qué futuro inmediato tienen.

Un camarada del Partido Feminista, angustiado desde hace días pensando en la situación de esas mujeres me escribe: "En estas circunstancias un negocio legal puede hacer un ERE o un ERTE, pero, ¿qué hace un proxeneta? ¿Qué cabe esperar que haga? ¿Se deshace de ellas, las deja tiradas en cualquier sitio? ¿Las están alimentando? Algo terrible puede estar ocurriendo en esos lugares de espanto. En estas jornadas de cuarentena hay personas cuya situación de vulnerabilidad debería preocuparnos a todos. Estos días he pensado mucho en las mujeres víctimas de trata que llenan los burdeles y casas de prostitución que para vergüenza de todos abundan en las carreteras pueblos y ciudades de España. Es de suponer que durante estos días de cuarentena estas mujeres bajen enormemente su productividad, con la merma consiguiente de ingresos para el negocio del proxenetismo, ¿qué hacen los proxenetas en estas circunstancias?

Con la angustia que no tenía consuelo nuestro camarada llamó a la policía para preguntar si estaban haciendo algo al respecto, si se les había ocurrido ir por allí y le respondieron:" No tenemos orden de tomar medidas excepcionales al respecto". Esta debe ser la misma respuesta de la policía en todas partes del país.

Un voluntario de Cáritas pregunta ayer en televisión, con la indignación comprensible, "¿qué significa esa orden de permanecer en casa cuando no se tiene casa? ¿Cuándo la casa son cuatro palos y una cubierta de tela? ¿Y qué consejo es ese de lavarse las manos continuamente cuando no se tiene agua corriente?" Relata que los temporeros llegados de varios países, entre otros las recogedoras de la fresa en Huelva, sobreviven en condiciones infrahumanas sin que nadie parezca preocupado ni por sus sufrimientos ni porque puedan transmitir el virus.

Otro camarada del Partido Feminista me escribe desesperado  ante la situación de los niños abandonados o almacenados en centros de acogida donde son o tratados con indiferencia y suciedad o maltratados. Y me escribe: "Se ha suicidado hace unos días una amiga que tenía tres hijos a los que no podía ver. El mayor de 10 años el menor de tres. La angustia por no verlos del encierro por la emergencia de Cobi 19 han precipitado su muerte. Hay en España unos 50.000 niños en condiciones similares. Y a nadie le importa. Cuando en 2016 conocí a Helena  era una mujer joven admiradora de los grandes soñadores de la historia, estaba investigando sobre la influencia de la cultura semita en el mundo, nunca dejó de hacerlo. Pero cuando se llevaron a su hija al centro de cunas de Cartagena perdió la esperanza. En aquel momento las diversas personas que laboraban informes deberían haberla internado con profesionales que curaran sus delirios, y haber entregado la niña a los sus abuelos maternos. Helena tenía capacidades para haberse curado y reestructurado su vida. En vez de ello los psicosociales, los psiquiatras, todas las instituciones la dejaron en la calle, ir de acá para allá. Tuvo otro hijo. Siguieron  informes. Vivían en pensiones, en centros de acogida, en León, en Móstoles, en Getafe, Murcia. Nadie tomó la decisión de ingresarla para curarla y entregar a sus hijos a su familia. Cada uno tiró por su lado hasta la tragedia final.  Y así hay miles de personas en toda España. Personas a las que se deja en medio de la vida sin las herramientas de lo que significa tener un hijo y sin trabajo estable o una renta de supervivencia. Y vigiladas, obligadas a ver a sus hijos en los Puntos de Encuentro. Estamos construyendo la sociedad con miles de niños sin familias, niños que nos preguntarán por sus madres y no sabremos qué decirles. Ahora con la muerte de Helena sigo sin ver propuestas de arreglo para esos 50.000 niños tutelados y otros miles de niños y niñas en conflicto. ¿Hasta cuándo?"

Las camareras de piso, conocidas como las Kellys (las que limpian) hoy escriben que la crisis del coronavirus agudiza su precariedad "vamos a ser más avasalladas". Las camareras de pisos en hoteles se sienten desprotegidas ante los masivos despidos que están sufriendo. Según informa Ángela Muñoz, la vicepresidenta de la asociación, desde la reforma laboral de 2012 las limpiadoras de hoteles están externalizadas, a pesar de que las camareras de piso suponen entre el 20 y el 30 por ciento de las plantillas de los hoteles. Una de las reivindicaciones históricas de este colectivo es prohibir esa externalización que se prolonga durante años. En consecuencia no se pueden beneficiar de las medidas aprobadas por el gobierno para paliar el impacto económico del coronavirus, porque no pueden acogerse a los beneficios del ERE o del ERTE porque no tienen contrato con los hoteles sino con las empresas de trabajo temporal en una subcontratación.

La televisión de Las Palmas de Gran Canaria le hace una entrevista a un hombre que vive en la calle desde hace cuatro días. Es colombiano, y las órdenes de aislamiento y confinamiento por la pandemia del coronavirus le han atrapado cuando se encontraba en España. Ya no tiene vuelo para regresar y tampoco aceptarían que entrara en el país llegando de Europa. No tiene donde dormir, ni qué comer y nadie se hace cargo de él. Ni siquiera las organizaciones religiosas, esas que tanto presumen de prestar un gran apoyo a los más necesitados. Explica que anda vagando todo el día sin saber qué hacer ni a dónde ir. Duerme en algún banco, pero cuando lo ve al policía lo desaloja sin darle alternativa. Asegura que hay bastantes otros hombres que en circunstancias parecidas andan de la misma manera perdidos en la soledad de una ciudad que no muestra la menor solidaridad por las personas en su situación.

Y después de las  presentaciones del centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias cuando las ministras de Hacienda y de Trabajo nos informan diariamente de las eficaces medidas que están tomando para proteger a los trabajadores y financiar las empresas, donde ni se mencionan los sectores sociales que se encuentran en la situación que he relatado, pregunto ¿quién se ocupa de ellos?

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Lidia Falcón y la colaboración de Felipe de la Nuez

 

LIDIA FALCÓN RESEÑA

MANCHETA 10