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16:06h. Viernes, 14 de Diciembre de 2018

Quién como yo,  novela de Damián  H. Estévez  –por Ana Beltrán

 

QUIÉN COMO YO ESTÉVEZ

ana beltránEl escritor tinerfeño ambienta su novela en los años 80 de la pasada centuria, cuyo desarrollo  transcurre  en  la isla canaria de Lotavia  y en el Madrid sonoro de la gran  movida.

 

 

DAMIÁN H ESTÉVEZ

Damián H. Estévez

Quién como yo,  novela de Damián  H. Estévez  –por Ana Beltrán *

El escritor tinerfeño ambienta su novela en los años 80 de la pasada centuria, cuyo desarrollo  transcurre  en  la isla canaria de Lotavia  y en el Madrid sonoro de la gran  movida. El  desenfreno que se vivía entonces, junto a otras cuestiones  poco venturosas, hicieron que Miguel Monteverde, recién llegado de su  Extremadura  natal, se adentrara en un mundo un tanto oscuro, que entre otras cosas lo llevó a convertirse  en un experto en lides  amorosas.  Claro que, antes, en su viaje interrail, recibió lecciones a destajo de una damita italiana de la que fue alumno aventajado, lo que más tarde lo llevaría a entrar con pie firme en el mundo del alcohol y el erotismo, en el que llegó a dar con alguna «lengua juguetona y suculenta».      

De origen lotaviano, el abuelo Arsenio Monteverde, emigrante con fortuna, había ido a parar a Extremadura  por mor de la impresión que le produjo  un cuadro  achacado  a  Pieter  Pourbus, tal vez por el simbolismo que en él se aprecia,  que  viera en esa pintura  una  siniestra  premonición. Sea cual sea la causa,  lo cierto es que dijo a quien lo quisiera oír, ya con un pie en América, que nunca volvería  a  Lotavia  porque «no podría vivir en el mismo sitio que el cuadro de Pourbus.»     

Hay dos personajes de suma importancia en la novela de Damián H. Estévez: el propio Miguel Monteverde y Leandro Soto.  Las vidas de estos hombres están condenadas a encontrarse, lo que no implica a entenderse. En esa amistad  entran  también  sus  respectivas parejas, Ana y Bequi, dos mujeres tan diferentes como la noche y el día. Lo que comienza como una agradecida  amistad,  ahora  a cuatro manos,  acaba siendo un nido de deslealtades,  las cuales incluyen infidelidades y otras perversiones.  ¿Por culpa  del cuadro de Pourbus  o por casualidad? Todo parece girar en torno a esa  pintura flamenca. ¿O sólo será la dualidad que todos llevamos en nuestro ADN,  incluso sin saberlo? En  Miguel aparece, aunque  está tan oculta que cuesta dar con ella; hay en esta novela una buena dosis de intriga, de maldad solapada, descubierta y encubierta por el progenitor de Miguel, hombre hostil,  que advierte de ella al amigo de su hijo, Leandro Soto, cuando éste viaja con él  a Zafra  en una visita familiar.

Pero tampoco Leandro Soto, aparentemente  sólo ángel, se libra de  sus propios demonios, que le persiguen en demasía, de manera persistente desde su viaje a Bruselas, ciudad  que  visitó con motivo de Europalia 85; ellos son los que le advierten del grave peligro que se cierne sobre él. Guiado por esos seres malignos anda, ahora en su visita a Lotavia (posiblemente sea éste  su último viaje), donde se encuentra con un Miguel que termina de salir de  la indigencia, aunque aún no deje del todo a sus amigos los gorgolos  ni el vino del tetra-break, ése que le está reventando el hígado. Alguna vez  lo  «presiona con la mano abierta, no porque le duela en ese instante, sino pidiéndole perdón por la infinita crueldad con que lo lesiona:[…]».  

El  reencuentro (¿casual?),  la conversación  que ambos entablan, en la que a  saltos toma  parte  un matrimonio que acompaña a Leandro Soto, es del todo sorprendente: hay  una imposibilidad  absoluta de entendimiento entre ellos, como si en sus  respectivas  diatribas  estuvieran  poseídos,  ora por  un ángel ora por un demonio. Aunque  también pudiera  tratarse de  una extraña  amnesia.  ¿O será por el espíritu del pintor Gabriel Velarti?

La narrativa de Damián H. Estévez  es  rica  y  descriptiva; toda vez que uno se mete  en la historia  es como si ante  los ojos fueran pasando las imágenes, nítidas  y coloristas. Y aquí cabe la pregunta que una se  hace con respecto a la posible influencia que han tenido los cuadros de  Peater  Pourbus  y  Gabriel Velarti  en las vidas de Miguel y Leandro… en las posteriores consecuencias,  en caso de que no haya sido pura casualidad… En el escritor, en cambio, creo que es su propia condición, la de profesor,  lo que ha influido en la frondosidad  que  envuelve  a  la  novela, cuya cubierta guarda 393 páginas; una más si contamos la que contiene el accidentado mapa de la isla atlántica de  Lotavia.  

QUIÉN COMO YO ESTÉVEZ

 

https://www.damianhestevez.es/

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* En La casa de i tía por gentileza de Ana Beltrán

ana beltrán