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12:12h. Sábado, 23 de Septiembre de 2017

Recuerdos de Nicolás Guerra, que son los míos - por Erasmo Quintana

 

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erasmo quintanaLa lectura del comentario que ha hecho Nicolás Guerra Aguiar acusando recibo del programa de las Fiestas Patronales de Gáldar-2017, me lleva de un golpe a más de sesenta años atrás. Con maestría y mucho corazón, en sus remembranzas cita a personas que nos pertenecen porque son dueñas de nuestra memoria.

Recuerdos de Nicolás Guerra, que son los míos - por Erasmo Quintana *

 

La lectura del comentario que ha hecho Nicolás Guerra Aguiar acusando recibo del programa de las Fiestas Patronales de Gáldar-2017, me lleva de un golpe a más de sesenta años atrás. Con maestría y mucho corazón, en sus remembranzas cita a personas que nos pertenecen porque son dueñas de nuestra memoria. Al jovencísimo vecino Nicolás -tengo CALLE ALCALDE NICOLÁS GUERRAunos pocos años más que él- lo conozco “de toda la vida”; siempre fue serio y muy retraído, iba a lo suyo. En lo de insobornable, muy parecido a su padre, que siendo alcalde de Gáldar, el sentido de rectitud y un exacerbado concepto de la justicia, le jugó una mala pasada. A diario salía de su casa con libros bajo el brazo, siempre como una exhalación, primero al colegio La Graduada y después al Cardenal Cisneros. Desde muy jovencito apuntaba maneras.

LA GRADUADA GÁLDAR

Trae en sus recuerdos (que son los míos) a personajes que ya casi tenía olvidados. En las gáldar 1958ilustraciones, ahí se ve frente al Ayuntamiento a quienes afectuosamente llamábamos los “Calandros”, y su carrito del helado. Uno de sus hijos me dio una copia de esa foto. Nombra a Pepito Medina, a Pepito Molina el del cine, a Isidrito Medina, a Mastro Pepe el ciego; le faltó Panchito “Platero”, y “el Maño”, hojalatero. Nombra la “calle de la cárcel” o calle del Siete. En el ligero bosquejo que hace rememora la barbería de Borito, mi padre, donde yo estaba y mi hermano José María, ya fallecido, y al doblar la esquina, la de Pedro Osorio, con su sobrino Antoñín, también fallecido. Y como de vecinos hablamos, don Narciso Guerra, con su tienda de ropa cueva pintadajusto donde hoy está la entrada principal de la Cueva Pintada, que atendían él y la hermana doña Josefa y su amiga doña Susana. Más tarde vendría su hermano Matías Guerra Vega, primo hermano de otro famoso: Matías Vega Guerra. Aquél vino huyendo del régimen castrista cubano, el cual le expropió todas sus pertenencias, casas y campos en producción. Lo que pudo salvar fue lo que en moneda de cambio había enviado a Miami. Se hizo un gran amigo mío; de él pude leer por primera vez las obras completas de Vicente Blasco Ibáñez, edición Aguilar de lujo en dos tomos. Fue para mí un descubrimiento.

 

OBRAS BLASCO IBÁÑEZ

Rememora al coco de los niños: Silvestrito el guardia y su fina vara; al cabo Valentín y a Panchito el guardia, todos clientes y amigos de mi padre. Así como a Plácido y su edificante multa a su propio alcalde Antonio Rosas, que de repartidor de telegramas y recadero del jefe de Telégrafos, don Fernando Cambres y su esposa doña Paca, se preparaba para policía local, cosa de la que fui testigo en primera persona, pues yo también asistía a sus clases magistrales, con las que compensé carencias académicas. Don Fernando no me cobraba, como a otros, por un acuerdo, mediante el cual él me daba las clases y yo lo pelaba y afeitaba si era el caso.  

fernando cambres alumnos

Lo que ambos compartimos, Nicolás y yo, fue calle Las Toscas, calle Audiencia, calle Sol, que más tarde rotularían de Párroco Romero, donde se ubicaba la peluquería barbería de mi padre; al lado, la tienda de la sabia Modestita. La barbería era lugar juvenil de competición ajedrecística; sin pretenderlo mi padre, con el ajedrez llevó por el buen camino casino gáldar fachadaa aquella sana juventud, inculcándole cordura, disciplina y respeto a los demás. Había una gran afición por el deporte ciencia, enseñando esta disciplina a dos generaciones; de allí, de tan humilde lugar, salió la hornada que constituiría en el Casino de Gáldar el brillante equipo “Caballo Blanco”, cuyo palmarés, a nivel insular y nacional, tan lleno de páginas de gloria galdense está en el mundo del ajedrez. Eran frecuentes contrincantes de mi padre don Ernesto, director de la oficina de Correos y don José Albúger Cuenca, director de la Banda de Música Municipal. Con éste eran frecuentes los chascarrillos y las (incruentas) batallas verbales que ambos se hacían en el transcurso de las partidas. Presenciar aquello era un deleite, un regocijo general.

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Para terminar, señalar el gran afecto que nos teníamos el abuelo materno del apreciado Nicolás, Juanito Aguiar y yo. Aquella bondadosa y atenta persona gustaba sentarse conmigo en el umbral o escalón de una puerta a altura de asiento que hay en la esquina de la tienda de ropa de los Castellano, frente a la barbería. Complacíale hablar con un jovenzuelo imberbe, circunstancia que aprovechaba para aconsejarme en todo aquello que llevaba a la rectitud personal de la conducta, al tiempo que sacaba de todas las dudas existenciales que le asaltaban a alguien que en aquellos momentos se asomaba a la vida.                            

* En La casa de mi tía por gentileza de Erasmo Quintana

ERASMO QUINTANA RESEÑA