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09:58h. viernes, 25 de septiembre de 2020

Reflexiones sobre el miedo, la unidad, las formas y el lenguaje - por Eloy Cuadra

“Piensa globalmente, pero actúa localmente”, lema del altermundismo que hace años que asumí. Hoy pienso globalmente, como tanta gente, en ese terrible atentado de París y en todo lo que le está siguiendo. 

Reflexiones sobre el miedo, la unidad, las formas y el lenguaje - por Eloy Cuadra

“Piensa globalmente, pero actúa localmente”, lema del altermundismo que hace años que asumí. Hoy pienso globalmente, como tanta gente, en ese terrible atentado de París y en todo lo que le está siguiendo. Marine Le Pen propone restaurar la pena de muerte como respuesta, es sólo la primera “solución”. Habla el miedo, pienso, el miedo a lo diferente, al diálogo, a compartir, miedo disfrazado de dogmatismo, de egoísmo, de nacionalismo y de otro montón de -ismos más. Pienso en lo que hoy se juega en el mundo, y creo que es exactamente lo mismo en todos lados: decidir si hay vida más allá de este capitalismo violento y sin alma, si es posible otro mundo mejor, más humano, más justo, o no. 

Y en esta elección crucial, pienso que el sistema, los que mandan, nos están diciendo aquí y allí, en Grecia, en España, algo así cómo:

“Ciudadanos del mundo, no es tiempo para la libertad, no es tiempo para la igualdad, no es tiempo para la fraternidad, no es tiempo para diálogo o para consensos, tampoco es tiempo para experimentos ni revoluciones. Ustedes, ciudadanos del mundo, deben limitarse a trabajar cuando así se lo digamos, las horas que nosotros digamos, con el sueldo que nosotros queramos, y así, con el dinero que hayan podido acumular o sin el, compren, gasten, consuman, y cuando ya no tengan más dinero que gastar váyanse a su casa, enciendan la tele y permanezcan callados. Nosotros, los expertos, las policías, los ejércitos, sabemos lo que hay que hacer, nosotros les protegeremos, porque, ciudadanos del mundo, convénzanse, no hay otro mundo posible mejor que este”.

Esto y no otra cosa es lo que nos están diciendo, creo, ya hablemos de terrorismo, como de economía, de ecología, de recursos energéticos, de libertades o de derechos. A escala global, nacional, regional o local, a todos los niveles nos habla el miedo a lo diferente, a lo desconocido, a lo nuevo, a probar otra cosa seguro más difícil, a saltar sin red. En esas, los buenos ciudadanos tendremos que decidir qué hacer. Entonces, muchos, aún oprimidos, acabarán abrazando al que los mantiene agachados, como la mujer maltratada qué, con su Síndrome de Estocolmo, acepta y asume a su maltratador como la única realidad posible. Entonces, los buenos ciudadanos buscarán argumentos donde los haya y donde no los haya -véase a Albert Bandura y sus “mecanismos de desconexión moral”-, para intentar justificar interiormente que hacen bien optando por este cruel sistema que finge ser una democracia y que por nadie espera. En este punto, dará igual lo que diga el representante de Syriza, el candidato de Podemos o el portavoz de la agrupación ciudadana local, no importará lo fastidiado que esté, el buen ciudadano no querrá saber nada más, el miedo ya habrá decidido por él. Es entonces cuando dejo de pensar globalmente -todo es tan complicado- y me empleo en intentar actuar localmente, donde nuestra aventura no parece tan descomunal.

Y así es cómo fui a parar, invitado, a una asamblea abierta convocada por Podemos en Santa Cruz de Tenerife hace unos días. La idea es aglutinar voluntades para formar una candidatura ciudadana unitaria de cara a las próximas elecciones de mayo. Mucha gente para empezar, no está mal, unas 40 personas en una sala abarrotada, miembros de colectivos sociales, de partidos tradicionales y de partidos nuevos, también ciudadanos a título particular. Se trata de actuar localmente pero… ¿cómo actuamos? Y es que en los últimos tiempos no han parado de sucederse polémicas y discusiones entre movimientos políticos alternativos, aparentemente en el mismo bando. Se repiten los cálculos electorales, la instrumentalización y las luchas de poder, siempre lo mismo, entonces pensé: ¿cómo podemos pretender cambiar el mundo si reproducimos entre nosotros las mismas malas artes que aplica el sistema en su devenir? Con medias verdades, con manipulaciones, con envidias, con egos, pensando en términos de poder, de gobernar, de mandar, de disponer, de realpolitik… yo no quiero jugar a este juego si no es con otra forma de hacer más humilde, honesta y generosa. Y así lo dije allí, en nuestra asamblea ciudadana donde cada uno defendía lo suyo, su visión, su parcela, casi siempre con algún grado de exclusión para con alguno o algunos.

Fue entonces cuando, imposibilitado para abstraerme del todo de mis pensamientos globales, empecé a pensar en el factor miedo que se está usando globalmente y que de seguro van a usar también aquí, en los Ayuntamientos, en los Cabildos y en el Parlamento de Canarias, por los que gobiernan o han gobernado en todos estos años. Contra este factor miedo y contra la injusta Ley Electoral, cuando ellos tienen el dinero y los medios de comunicación, con la ley y las instituciones de su parte, me pregunto y os pregunto: ¿es suficiente con una marca como Podemos y decir aquello de que “somos ciudadanos honrados”?, ¿vale con el trabajo de base y la trayectoria de uno o dos partidos?, ¿vale con una plataforma social evolucionada hacia movimiento político por muy bueno que sea su trabajo previo? No, no vale con una marca electoral, porque al final cuando haya que poner cara a las propuestas no va a hablar un rótulo con la marca Podemos y Pablo Iglesias no creo que venga aquí a hacer la campaña. Tampoco vale con un partidito o dos o con un movimiento municipalista, por muy honrados, asamblearios, ecologistas o alternativos que sean todos, no si lo que se pretende es algo más que un par de escañitos. No vale porque al final, ellos, los de la casta, lo que dirán será que este es el mejor de los mundos posibles por muy malo que nos parezca, porque ellos son los expertos, los que saben, de gobernar, de la Cosa Pública, todo lo demás son experimentos que nos llevarán directamente al abismo. Y es que al final se trata de credibilidad, y aunque ellos la tengan bajo mínimos, sí que pueden hablar y presumir de experiencia para gobernar, más mal o más bien ellos nos han traído hasta aquí. Las propuestas alternativas en cambio -salvo puntuales excepciones- no tienen como credenciales apenas nada en la práctica.
En este punto se estarán preguntando qué podemos presentar entonces, como garantía, como aval, nosotros, los alternativos, para convencer al buen y temeroso ciudadano y que éste opte por una opción diferente en lugar de seguir votando miedo. A mi modo de ver sólo tres cosas.

Lo primero: unidad. Es del todo absurdo que opciones que comparten buena parte de su programa y de su manera de entender las cosas vayan por separado, se restan mutuamente y hacen el tonto. La unidad es pues el paso previo, lo mínimo que podemos pedir para presentar algo de batalla. Y en esa unidad no se puede desdeñar a nadie, no de entrada. Habrá de ser ésta pues una unidad real, amplia y diversa que potencie lo bueno de cada uno sin obcecarse en las diferencias, una unidad donde ciudadanos, movimientos sociales y partidos alternativos presenten sus credenciales, lo que cada uno desde su ámbito ha hecho bueno hasta ahora y lo que puede aportar.

Lo segundo, fundamental para lograr esa unidad y que sea sólida y creíble: otra forma de ser y de hacer las cosas. Pues, a mi modo de ver no basta con decir yo soy honrado, yo soy diferente, yo no he robado. Claro, es imposible robar sin tener acceso a la lata del gofio, como dicen por aquí. No basta por tanto con criticar a los que lo hacen mal y decir “yo no soy así”, la honestidad y la honradez se demuestra desde el principio, en cualquier conversación, en cualquier actividad. No más realpolitik por tanto, no más luchas de poder porque no todo vale; otra forma de hacer las cosas, generosa, humilde, auténtica, para mostrar a la gente que en verdad esto es algo diferente.

Y lo tercero: un lenguaje diferente. Recordando ese conocido y acertado libro de George Lakoff, “No pienses en un elefante”, en el que su autor explicaba hace casi una década cómo los republicanos conservadores le ganaban una y otra vez la batalla política a los demócratas en EEUU, llevándolos a éstos a un marco de debate ajeno dónde sólo se usaban los valores y el lenguaje de los republicanos, haciendo así que los demócratas jugaran siempre el partido fuera de casa. Y esto, esto mismo les puede pasar a los altermundistas metidos a la política, aquí, en Canarias y en cualquier otro espacio, si llevamos el debate político al marco del lenguaje en el que ellos están acostumbrados a jugar. En ese espacio, en ese marco, ellos son los expertos, siempre, por muy mal que lo hayan hecho. Por eso, no es recomendable hablar de lo que se va hacer cuando se entre a gobernar, eso es hablar en términos de “poder”, ese es su lenguaje. No podemos entrar a su terreno, no podemos jugar en su marco de valores y conceptos, poder, dinero, rentabilidad, hay que traer el debate político a un marco que les sea ajeno, y hablarles en otro lenguaje diferente al lenguaje político habitual.

Y bueno, hasta aquí llego por hoy, que no es poco. En mi opinión, sólo por estas tres vías y con mucha suerte, podremos los altermundistas con nuestras escasas fuerzas hacer que el temeroso y buen ciudadano opte por saltar sin red hacia una opción nueva y diferente. Eso sí, si hay que saltar, que la opción sea nueva y diferente, si es para más de lo mismo, entonces para qué saltar.

Eloy Cuadra

* Publicado con autorización del autor

http://www.versussistema.com/2015/01/reflexiones-sobre-el-miedo-la-unidad-las-formas-y-el-lenguaje/