15:20 h. Miércoles, 19 de Junio de 2013

La casa de mi tía

S.O.S. Cultura - por Rafa Dorta

Inicia Rafa Dorta su artículo con esta certera afirmación: "Una sociedad sin cultura no avanza y pierde la conciencia de si misma. Si el hecho cultural desaparece, se instalará entre nosotros una clase de barbarie incapaz de ejercer la más mínima autocrítica." Y sigue con su atinado diagnóstico. Me toca a mí añadir la otra realidad: Por diabólico que pueda parecer, eso y no otra cosa es lo que busca el ultraliberalismo. Cercenando también los presupuestos culturales obtienen ese resultado, trágico, pero que beneficia los intereses de los ricos que quieren recuperar sus injustos privilegios. 
La casa de mi tía  |  08 de Agosto de 2012 (07:06 h.)

S.O.S. Cultura - por Rafa Dorta

Una sociedad sin cultura no avanza y pierde la conciencia de si misma. Si el hecho cultural desaparece, se instalará entre nosotros una clase de barbarie incapaz de ejercer la más mínima autocrítica.

A los recortes que implican la destrucción de  proyectos e iniciativas culturales les sucede una anomalía grave, pues la identidad se convierte en una marca comercial cuyo valor implícito quedará condicionado por las fluctuaciones experimentadas en el mercado de consumidores, derivando en simple entretenimiento pasajero.

Las grandes transformaciones conllevan necesariamente el desarrollo de movimientos culturales que transcurran en paralelo, logrando conducirnos a una reflexión sincera sobre su verdadero impacto en nuestra realidad. La ausencia de voces intelectuales que elaboren discursos en contraposición al poder establecido genera un enorme vacío en nuestra capacidad de discernimiento, consolidando la estética de la incultura difundida por algunos medios de comunicación que, lejos de cumplir con su tradicional papel como creadores de opinión, han degenerado en panfletos publicitarios al servicio de los intereses de determinados grupos de presión.      

El caudal de información que encontramos en la literatura, el teatro, la pintura, la escultura, la música, el cine y todas aquellas manifestaciones culturales clásicas o contemporáneas, nos ayuda a comprender mejor el sentido tragicómico de la existencia. El fenómeno cultural es el gran catalizador de las diversas tendencias artísticas que buscan nuestra mirada cómplice al ser vehículos de expresión producidos por la inquietud y dirigidos hacia la colectividad.

Cuando contemplamos un evento cultural que nos agrada o nos conmueve, que despierta sentimientos familiares, tristeza o alegría, que provoca por igual rechazos y adhesiones, estamos participando activamente en una experiencia vital compartida que dota a aquel de un significado muy amplio, esto es, haber conseguido un mayor grado de comprensión al conectar con éxito inteligencia y emoción. Por ello, la cultura es progreso y síntoma de evolución en un mundo incierto donde la única certeza es el cambio constante.

Si nuestra sociedad se queda huérfana de cultura, nos habrán amputado una libertad básica y se nos atrofiarán la vista, el habla y el oído. El conocimiento será eliminado por el dominio de la absoluta sinrazón que aboca a los pueblos a vivir entre tinieblas, lejos de cualquier referente cultural que nos permita recrear el sueño de un futuro esperanzador.

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