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18:01h. domingo, 05 de julio de 2020

El símbolo de la Paz es una mariquita - por Daniel de Cullá

Estoy mirando  una mariquita en una hacienda de Brenes

Propiedad de un hacendado del ladrillo, ladrón de cuello blanco

Y pienso en la paloma de la  Paz

Que unos sobrinos de un obispo de anillo pelaron

Haciendo desafueros en Sevilla al amanecer un día de mayo.

 

El símbolo de la Paz es una mariquita

Daniel de Cullá

 

Estoy mirando  una mariquita en una hacienda de Brenes

Propiedad de un hacendado del ladrillo, ladrón de cuello blanco

Y pienso en la paloma de la  Paz

Que unos sobrinos de un obispo de anillo pelaron

Haciendo desafueros en Sevilla al amanecer un día de mayo.

 

La paz  que conocemos es como una doncella principal desposada

A quien el amante hecho fantasma viene a verla de noche, por miedo.

Más yo veo la Paz en la Mariquita porque tiene seis patas

Y es roja con puntos negros  como el sol reflejado en un cántaro de agua

Con dos alas rojas y duras, y dos alas transparentes para volar.

 

Cuando se posa, esconde las alas transparentes bajo las alas rojas

Y, para andar,  usa sus seis patas ganchudas.

Con las dos pinzas, o mandíbulas, que tiene junto a la boca

La mariquita caza pulgones como aquel cura de Lorca

Que se ofreció a una casada diciéndole muy bajo:

 

-“Mucho os quiero, María”; respondiendo ella:

- “Yo a vos también”.

La mariquita puede comer cincuenta pulgones al día

Como los bancos desahucios a razones y cosas que desconciertan

Llegando algunos a tirarse por la ventana y matándose al caer.

 

Sus dos antenas le sirvan para saber dónde está

Buscar comida y también otros insectos, mejor en los tres días de Carnaval.

En primavera, la hembra y el macho se emparejan

Para tener bebés mariquitas pese a la oposición de la Iglesia

Poniendo sus huevos sobre una hoja repleta de pulgones sacrosantos.

 

Al cabo de siete días, reflejo de la creación del mundo

Nacen las larvas engordadas muy deprisa y se comen a los pulgones.

Colgadas de una hoja, como la crisis en papel del tesoro

Al cabo de ocho días se transforman, ellas en mariquitas

Ellos, los banqueros en maricones.

 

Una mariquita amarilla sale de su envoltura como un feto neonato

Que, en pocas horas, cambia de color: se pone roja con puntos negros

Como aquella mariquita boca arriba vista en Navarra

En aquel barrio que es san Miguel, donde un pájaro quiso atacarla

Y ella echó por su patas un líquido de mal olor que atolondró al pájaro.

 

Durante el invierno, las mariquitas se esconden bajo la corteza de un árbol

Durmiendo apretujadas las unas contra las otras y viendo

Cómo el escarabajo pelotero se alimenta de estiércol

Y el algarrobo politiquero, sirviéndose de lo ajeno, come  mierda

No teniendo hecha la media calle por excelencia.

 

Daniel de Cullá