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domingo, 14 de agosto de 2022 21:59h.

El sistema sabía lo que hacía hace ya dos años. Elecciones sin nervio - por Carlos Martínez

​Teníamos muchas expectativas para las elecciones que derribarían a Rajoy. Las mareas movilizadas contra los recortes en salud y educación. Dos huelgas generales. La lucha heroica de la PAH, el movimiento social y de clase aún sin proponérselo, más potente de los últimos años. La Marchas de la Dignidad con su masiva manifestación sobre Madrid. Las luchas mineras o de Coca-Cola o de Panrico o de… Todo eso ahora está desmovilizado, frenado o en silencio.

El sistema sabía lo que hacía hace ya dos años. Elecciones sin nervio - por Carlos Martínez, co-primer secretario de Alternativa Socialista. Del consejo Científico de Attac España *

Teníamos muchas expectativas para las elecciones que derribarían a Rajoy. Las mareas movilizadas contra los recortes en salud y educación. Dos huelgas generales. La lucha heroica de la PAH, el movimiento social y de clase aún sin proponérselo, más potente de los últimos años. La Marchas de la Dignidad con su masiva manifestación sobre Madrid. Las luchas mineras o de Coca-Cola o de Panrico o de… Todo eso ahora está desmovilizado, frenado o en silencio. Eso no quiere decir que no siga habiendo luchas y lucha de clases. Pero alguien decidió que había que cambiar calles por urnas y sofá ante la sexta tv por asambleas de lucha social. Así de sencillo. A todas y todos nos vienen nombres a la cabeza de responsables y de cómplices, pero no es cuestión en estos momentos de “joder con la pelota” por tanto, ahí lo dejo.

La frustración ante la imposibilidad de una sola candidatura de unidad popular, la falta de inteligencia política para construir un frente popular ante tanto robo, desmán, privatización, corrupción incluso coronada y autoritarismo ya con tintes pre-bélicos. La creencia en que solos si se puede, demostrará que no se puede solos. Las izquierdas son plurales y no reconocer esto, es ser un extraterrestre o pensar que vivimos en otro continente. No ha sido posible, han fallado otras experiencias en común que han final han quedado en un “coitus interruptus” por lo que al final han salido las navajas barberas de la desilusión y el frio ambiental.

Pero a pesar de todo, yo me pregunto ¿Vamos a dejarle todo el campo a Rajoy y a Ribera, que son la cara y cruz de la misma moneda pro-austeridad y pro-TTIP? Tampoco el jugador socioliberal del partido rendido a “los mercados” es la solución, no estamos en tiempos de jugar a lo menos malo, sino de frenar de cuajo la austeridad y de cambiar la ya gastada Constitución, cambiar la ley electoral y olvidar coronas en pos de más democracia.

Pero alguien que se cree muy sabio –alguien o algunos- olvidó que la izquierda, sin movilización social no ilusiona. La izquierda sin emociones por una sociedad diferente no vence. La izquierda necesita o bien un partido muy fuerte y estructurado que sea el partido obrero y el partido del pueblo, con fuertes sindicatos ligados a él –ósea la socialdemocracia clásica cuando era partido de masas creíble- experiencia que ojala revitalice Jeremy Corbyn o bien lo que fuera el mítico PCI, o la Unidad Popular de Allende en Chile, que tenía mucho que ver con el modelo europeo de izquierdas y derechas  y nada que ver con el vecino peronismo. Aquí tenemos el antecedente del Frente Popular, que fue un éxito electoral al igual que el triunfo del impar Salvador Allende. Hablo claro de victorias en las urnas, que son las que yo como socialista democrático contemplo. La izquierda necesita estar en las calles para vencer en las urnas e ilusionar y emocionar.

A pesar de ello, no me resigno ante estas elecciones generales ya inminentes y creo que hay que lograr que las fuerzas progresistas sumen más diputadas y diputados y frenen a las derechas. Hemos de trabajar en ello, porqué la desigualdad avanza y es cada vez más escandalosa. Las clases populares están cada vez más empobrecidas. Se está imponiendo un sistema laboral precario, con unos sueldos pésimos e indignos. Una juventud sin más futuro que la emigración o la hostelería degrada ya a una suerte de explotación y abuso que exige medidas de fuerza contra tanto explotador mangante. Los repagos sanitarios y la degradación paulatina e intencionada de los servicios públicos. Hay que frenar eso y más. Solo una izquierda fuerte en el Parlamento, lo podrá impedir acompañada de una no menos fuerte movilización social, que debe regresar.

* En La casa de mi tía por gentileza de Carlos Martínez