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22:37h. miércoles, 27 de enero de 2021

Una sociedad simplemente decorativa - por José Manuel Castellano Gi

 

FRASE CASTELLANO

Una sociedad simplemente decorativa - por José Manuel Castellano Gil *

“El mundo que hemos creado es un proceso de nuestro pensamiento. No se puede cambiar sin cambiar nuestra forma de pensar”.

Albert Einstein

 

La cita precedente, reflexión de uno de los más grandes genios de la humanidad, es, a criterio de este simple ciudadano, un tanto -por no decir bastante- cuestionable su vigencia en el contexto social que vivimos. Sin duda, tendría un fundamento pleno en una sociedad formada y culta pero no tiene espacio alguno en este entramado social construido bajo la dominación predominante, que se dedica a cultivar esclavos mentales.

Este mundo creado y la visión que poseemos es un subproducto sucedáneo de un pensamiento adquirido, que no es propio sino ajeno. Resulta evidente que como ciudadanos no poseemos criterio alguno con respecto a casi nada, son simples adhesiones a las que nos vienen dadas y sin más inquietud que reproducir robóticamente una concepción y un comportamiento que nos acerca a una especie borreguil descerebrada, obsesionada en conservar los valores y el bienestar que nos han vendido a un alto precio y que ahora estamos pagando con elevados intereses usureros.

De modo, que sin pensamiento y sin criterio propio se hace imposible cambiar esa forma de pensar inducida-mediatizada y, por tanto, cambiar nuestro rumbo social.

El Covid-19, de forma indirecta, ha detenido bruscamente el tiempo y nos ha invitado a una reflexión existencial, tanto individual como colectiva. Esta parada en seco nos ha llevado a re-preguntarnos hacia dónde íbamos tan ciega y desenfrenadamente cargados de escombros y desechos. Nos ha enfrentado con nuestra propia finitud humana para re-cuestionar esta organización social destructiva y depredadora; para reencontrarnos con viejos valores en desuso, la familia, la conversación, la solidaridad, la madre naturaleza y el futuro.

Pero también ha sacado lo peor del ser humano, el engaño, los abusos, la ambición especulativa, la miseria y la lucha particular de esos poderes retrógrados y posmodernos, empeñados bien en consolidar o alcanzar, en este rio revuelto actual, el cetro del poder para que todo siga casi igual o mucho peor. Al final, todo se reduce a un ejercicio esencial de dominación, que acatamos con normalidad y reproducimos con esmerada obediencia.

No se quejen, los cambios no vienen desde arriba sino desde un espacio individual cotidiano y comprometido.

¿De qué sirve el reconocimiento constitucional al derecho a una vivienda digna? ¿Para qué una gran parte de la sociedad viva en unas condiciones miserables e infrahumanas?

¿De qué sirve el derecho a la libertad de expresión? ¿Para decir imbecilidades, porque no sabemos pensar y no poseemos espíritu crítico?

¿De qué sirve una sociedad desarrollada y de bienestar? ¿Para que una gran parte de la población del mundo siga muriendo de hambre y enfermedades?

¿De qué sirve el derecho universal a la Educación? ¿Para que haya dos velocidades dispares? ¿Para qué la calidad de enseñanza se simplifique en un eslogan mercantilista? ¿Para qué la formación sea tan sólo un vehículo reproductor por parte de agentes utilitarios del sistema?

¿De qué sirven esos títulos académicos adquiridos deshonestamente? ¿Para seguir sepultando el conocimiento y el progreso?

¿De qué sirve ese llamado sistema electoral democrático? ¿Para designar a una casta corrupta, mentirosa y antisocial?

Todos estos elementos y comportamientos estaban presentes antes del Covid-19, antes de la crisis económica y de los consiguientes recortes presupuestarios y ¿Por qué no hacíamos nada? ¿Por qué guardábamos un silencio cómplice estremecedor? ¿Quizás seamos meros elementos decorativos de un escaparate que es propiedad de otro? Intente querido lector dar respuestas a estos interrogantes.

José Manuel Castellano Gil

Cuenca a 24 de mayo de 2020

* La casa de mi tía agradece la gentileza de José Manuel Castellano

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