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07:09h. Miércoles, 22 de Mayo de 2019

No, no son huesos: son personas dignas - por Nicolás Guerra Aguiar

 

FRASE NICOLÁS

No, no son huesos: son personas dignas - por Nicolás Guerra Aguiar *

Nadie, absolutamente nadie con dignidad puede estar por encima del escrupuloso respeto a inocentes víctimas de violencia cuyas tragedias afectan también a familiares y amigos. Nadie, absolutamente nadie con decoro puede transgredir tal básico principio en una sociedad como la nuestra, supuestamente civilizada. Su vulneración es, pura y llanamente, miseria humana.

SIMA JINÁMARPor tanto, la recuperación de restos óseos pertenecientes  a canarios republicanos  asesinados durante la Guerra Civil y posteriores años es un derecho inalienable de sus descendientes, el mismo concedido a quienes perdieron a familiares del bando rebelde en el campo de batalla o asesinados en retaguardia.

Tropelías y barbaries se cometieron por ambos bandos. Uno, en nombre de la República, el orden constitucional, la voluntad de las urnas. Otro, en el del Movimiento Nacional, autodefinido como “salvador de la Patria”. Pero hubo actitudes unidas por odios, fanatismos, venganzas, represalias…, irracionales radicalismos ajenos a la condición humana la cual, hipotéticamente, se guía por comportamientos civilizados a la búsqueda del  “progreso material, social, cultural y político propio de las sociedades más avanzadas”. 

La Guerra Civil española terminó en 1939. Nadie queda vivo de la contienda fratricida. Por tanto, como otros, es ya un hecho de libros: estos guardan en sus páginas acontecimientos cronológicamente ajenos a la realidad actual. Lo cual, por suerte, nos permite entrar en su estudio sin apasionamientos, con la serenidad exigida a una sociedad instruida, aparentemente democrática, cuya madurez ha conseguido terminar con las mayorías absolutas y el secular bipartidismo de la historia última de España.

fosa veguetaPor tanto,  que los familiares de quienes fueron desaparecidos (asesinados) durante el periodo bélico y en la posguerra busquen desesperadamente -el tiempo de sus propias vidas les apremia- los restos de padres, abuelos, tíos…, no puede ser considerado como el rastreo de simples huesos, pues cada una de las piezas encontradas (cráneos agujereados por balas, tibias, fémures, peronés, metatarsos, húmeros, cúbitos…) constituyeron con otras un ser humano con nombre y apellidos, sentimientos, alegrías y llantos… (No, no se va a la búsqueda del tiempo perdido como en la novela de Proust.) De ahí la miseria verbal del señor Casado, aspirante a la presidencia del Gobierno de España: "Los de izquierdas son unos carcas, todo el día con la fosa de no sé quién" (Público).

pablo casado

Por historiadores (señores Anaya Hernández, Millares Cantero, Alcaraz Abellán, Suárez Bosa…) y periódicos de la época que he podido manejar (absolutamente imposible sin la colaboración del Museo Canario), tengo idea documentada sobre la represión en Canarias durante el trienio de la Guerra Civil y los años cuarenta. La conclusión es contundente: hubo detenciones, campos de concentración, depuraciones, auditorías de guerra, fusilamientos, consejos de guerra, traslados a cárceles peninsulares… de centenares de canarios cuyos hipotéticos delitos nada tenían que ver con derramamiento de sangre.

Entre los depurados en esta provincia, por ejemplo, un elevado sector del cuerpo docente. Así, los profesores de instituto señores Millares Carlo (Arrecife); Pérez Casanova, Espinosa García, Agostini, Nicol, Chacón de la Aldea y Mederos (Demófilo) del Pérez Galdós. (Incluyo -fue mi profesor- al güimense don Juan Álvarez Delgado, posterior catedrático de Latín en la Universidad lagunera.) Sumemos a casi trescientos maestros (La Provincia, 1938) -”desde que empezó el Movimiento Nacional”- cuyos delitos se definen en el siguiente texto: “[…] son un verdadero poema  que conviene desmenuzar y no echar en olvido porque es a todas luces la mala semilla de la Escuela, la que más conviene extirpar en nuestra presente y futura España” .

Hubo sesenta fusilados, entre ellos don Eduardo Suárez (diputado) y don Fernando Egea (delegado gubernativo) acusados ante un consejo de guerra de “rebelión militar”, sentencia ratificada por el Gobierno de Burgos (diario HOY, 1936). En el mismo fueron condenados a la pena de veintiséis años -también “por participación directa y voluntaria del delito de rebelión militar-” los galdenses doña Hermina Dos Santos Alemán y don Pedro Delgado Quesada. Este, el 16 de abril de 1931, como alcalde de Gáldar, había publicado un edicto en el cual ruega “encarecidamente la observancia de los más elementales deberes ciudadanos y respeto absoluto de las personas y cosas”.

En el mismo consejo de guerra  “de oficiales generales” veintiún tinerfeños (entre ellos dos mujeres) fueron condenados a muerte. Y otros más, muchos más, casi siempre por las mismas causas: “rebelión militar; tenencia de libros extremistas; excitación a la rebelión; contra el honor militar; desobediencia; adhesión a la rebelión...”. Es decir: los rebeldes acusaban de tales a quienes se mantuvieron con la República y defendieron su Constitución.

Los listados de detenidos llenan, día a día, varias páginas de periódicos (HOY, La Provincia...). Solo  el 24 de julio de 1936 aparecen nombres y apellidos de casi cien personas (“Nueva lista de detenidos. Continuación”), hombres y mujeres a quienes no se sabe de qué acusan. Y un número parecido figura en los periódicos el 30 de enero de 1937 “enviados al penal de Santa María -Cádiz- en el vapor Río Francoli”. Y en medio de la mar hubo asesinatos: “Patitos al agua”…

A ochenta años de su asesinato (1937) los arqueólogos recuperan restos de diecisiete aruquenses represaliados. Por suerte para sus familiares y la Memoria Histórica se hizo caso omiso a las palabras del señor Aznar (Público): “No removamos las tumbas ni nos tiremos los huesos a la cabeza”. Tampoco acertó el  señor Peñarrubia, senador del PP por Murcia (“No den más la murga […] Ya no hay más fosas que descubrir”); ni impactaron las proferidas por el señor Hernando, exportavoz del PP en el Congreso ("Algunos se han acordado de su padre cuando había subvenciones para encontrarlo"). Insensibilidades, aparente carencia de sentimientos, hipotética ausencia de condición humana… Fueron ciudadanos detenidos el mismo 18 de julio de 1936, encarcelados, torturados, nocturnalmente llevados al borde del pozo (Tenoya) y asesinados con tiros en la sien a un metro de distancia.

No son huesos, no. Son el símbolo de asesinados que -como en 2010- abandonan las sombrías profundidades del pozo para mostrar la dignidad humana... y la otra, la miseria.

  

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* La casa de mi tía agradece la gentileza de Nicolás Guerra Aguiar

 

 

 

 

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