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17:16h. viernes, 03 de diciembre de 2021

Sugerencias lingüísticas frente a tratos discriminatorios - por Nicolás Guerra Aguiar

 

FRASE NICOLÁS

Sugerencias lingüísticas frente a tratos discriminatorios - por Nicolás Guerra Aguiar *

IMAGEN NICOLÁS

 El referéndum no es obligatorio para mínimas reformas de la Constitución. Basta con el apoyo de doscientos diez diputados sobre los trescientos cincuenta totales. Experiencia hayla: el artículo 135 fue modificado (2011) gracias al acuerdo PP – PSOE – UPN durante el Gobierno del señor Rodríguez Zapatero. Política de entendimiento, pues, entre los dos grandes partidos y el navarro con el consiguiente enojo de los restantes: fueron invitados de piedra, protestaron. (Corrían los tiempos del dictatorial bipartidismo, la monolítica alternancia en el poder omnímodo.)

artículo 135

  El pasado septiembre el Gobierno presentó solicitud al Congreso para sustituir de la Constitución (1978) la palabra disminuidos por la locución personas con discapacidad. Y es que el artículo 49 habla de “disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos”. Fracasó por la negativa de VOX y PP. (La Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad -ONU- sigue insistiendo.)

ONU DISCAPACIDAD

  Parecía un simple cambio léxico (extraordinariamente simbólico) para eliminar la discriminación lingüístico-social que afecta a la dignidad de quienes son llamados así, disminuidos. Pero el proyecto de reforma propuesto en el Congreso iba mucho más allá, tal como exige la propia Constitución: inmediato desarrollo de “políticas de previsión, tratamiento, rehabilitación e integración”, es decir, la incorporación social tras distintos pasos iniciales.  

DISCAPACIDAD

   Un argumento pepero para negarse a la sustitución de la voz disminuido fue que “El Ejecutivo está respaldado por partidos independentistas”. Pero estos tienen representación parlamentaria gracias a la voluntad popular y, por tanto, en pureza democrática su voto es rigurosamente legítimo. Más: la pacífica defensa del independentismo no es delito en España, no. Por tanto, el nacionalismo (al menos hasta la inminente matización por parte de la Oficina del Español inaugurada por la señora Ayuso) viene claramente definido por el Diccionario académico: ‘2. Ideología de un pueblo que, afirmando su naturaleza de nación, aspira a constituirse como Estado’.    

BANDERAS NACIONALISTAS

  El señor Aznar, por ejemplo, así lo entendió, y tras su mayoría simple (1996) formó gobierno monocolor tras el pacto con nacionalistas: vascos del PNV y catalanes de CiU, declaradamente independentistas. Lo apoyó también CoATIción Canaria, la gran deslealtad a su gente y a la izquierda nacionalista pergeñada por icánicos canarios cuya derechización se debió a la muy astuta, poderosísima e inteligente pardelera  de la burguesía tinerfeña. 

 El desequilibrio sigue latente, pues: o el PP recapacita o las personas con discapacidad (física, sensorial o psíquica) seguirán con el indigno tratamiento. Y  sorprende el PP, amplísimo sector ciudadano de  centroderecha,  civilizado, de muy respetable pensamiento conservador y con experiencia de gobierno: muestra últimamente comportamientos extraños a serenidades y raciocinios, a su europeizado liberalismo. (Lo cual no impidió, por cierto, que en horas veinticuatro el PSOE firmara los acuerdos para repartirse órganos constitucionales... salvo el Consejo General del Poder Judicial. Entendimientos, dicho sea de paso, beneficiosos para el PP: la magistrada Espejel, recusada en Gürtel, entra en el Constitucional.) 

nuevos constitucional

   Desde el punto de vista cronológico el Diccionario (edición de 1970) remite la voz disminuido al verbo disminuir (‘Hacer menor la extensión, la intensidad o número de una cosa’). Pero sí registra el significado del sustantivo disminución: ‘Merma o menoscabo de una cosa, tanto en lo físico como en lo moral’. (Desconozco, claro, si el término seleccionado por los padres de la Carta Magna -disminuidos- se debió al parentesco con el nombre disminución, pues este se refiere a una cosa. Y la palabra cosa la relacionamos casi mayoritariamente con objetos inanimados, aunque el Diccionario también la define como ‘entidad corporal’).

  La publicación de 1972 ya incorpora significado propio a disminuido, categoría gramatical de adjetivo: ’Dícese de la persona minusválida, mermada en sus facultades físicas o mentales’. Sospecho, pues, que sus señorías tuvieron en cuenta la ahora matizada y nueva significación dada por la Academia (añadieron, con gran sabiduría, el término sensoriales). Y como se trata de legislación -actividad ajena a la RAE-, tomaron de esta lo lingüístico e incluyeron en la redacción del artículo 49 la segunda parte, la legislativa. Así, exigen una “política de previsión, tratamiento, rehabilitación e integración”, tal como aparece redactado en la Constitución. 

  Las palabras, en situaciones como la comentada sí importan, mucho. Más aun cuando se trata de lograr esa cualidad que llamamos respeto personal, pues bastantes están cargadas de connotaciones ajenas a su estricto significado lingüístico. Hay algunas que ofenden, humillan, producen vergüenza e incluso insultan ya no solo a quienes padecen cualquier tipo de discapacidad sino, también, a sus familiares más cercanos.

  Por tanto, la persona discapacitada es aquella ‘que por sus condiciones físicas o mentales duraderas se enfrenta con notables barreras de acceso a su participación social’, tal como la define el Diccionario.  Y si a tales barreras les añadimos voces como disminuido  (‘en grado menor a lo normal’), terminaremos hundiendo en la miseria a los individuos afectados.

  Una lengua como el español está en continuo y muy prudente enriquecimiento pues, a fin de cuentas, la hacen los usuarios (casi quinientos millones de hispanohablantes). Cambia, evoluciona, e incluso no siempre sus propietarios siguen algunas normas dictadas por las instituciones lingüísticas (¿quiénes usan voces como paupérrimo, nigérrimo, misérrimo?). Y algunas sustituciones, a veces, son producto de la sensibilización social, pues afectan a personas, insisto, ‘que por sus condiciones físicas o mentales duraderas se enfrentan con notables barreras de acceso a su participación social’.

  La Fundación del Español Urgente (Fundéu-RAE) -sensible ante tales situaciones- también potencia el buen uso del español en los medios de comunicación. De la misma manera que el Gobierno propone persona con discapacidad en lugar de incapacitado, la institución acaba de publicar recomendaciones (“claves de redacción”) para  el campo de la salud mental y, así mejorar, la composición de las noticias.

fundeu

  Plantea la sustitución de términos cargados de connotaciones negativas -manicomio, loco- por construcciones como centro de salud mental, persona con trastorno mental, respectivamente... Reclama la precisión lingüística: no hay esquizofrénicos, sino personas que padecen esquizofrenia… Y se pregunta por qué algunos pacientes ingresan... y otros son internados; por qué anormales, subnormales… 

  (Solo se trata, lector, de buena disposición. ¿Teme algo el PP?)

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Nicolás Guerra Aguiar

   

nicolás guerra reseña

 

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