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06:10h. miércoles, 08 de diciembre de 2021

Texto número tres. El fin de semana - por Alba Piñol Farré

 

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Texto número tres. El fin de semana - por Alba Piñol Farré *

Este sábado hemos ido a pasar el fin de semana al chalet que Paco y Rosa tienen en la montaña. La idea es compartir nuestro tiempo en compañía de los amigos más antiguos y más íntimos. Esos con los que no es necesario verse o hablar por teléfono todos los días, pero, cuando piensas en ellos, se te ensancha el corazón y sabes que están y estarán siempre contigo. Cuatro parejas con nuestros respectivos retoños.

Son los amigos de Julián. Con el paso del tiempo los he adoptado y ellos me han acogido con todos los privilegios. Los míos los abandoné en cuanto empezamos a salir. A él no le gustaban. En la actualidad no sabría decir donde está ninguno de ellos.

Al llegar nos hemos instalado en las habitaciones preparadas con mimo para cada pareja para poder estar juntos el mayor tiempo posible y divertirnos.

Los pequeños son siete. Max es el más pequeño y Julia la mayor; a ella le gusta mandar y manipularles, hacer de mama, de maestra, … Con sus juegos ocupan el jardín y las habitaciones de la casa por donde corren como locos desatados. Los adultos, relajados alrededor de la mesa del porche, con buena música hablamos, jugamos a las cartas…Se trata de pasar un fin de semana relajado. 

De pronto estallada un chillido y un estridente lloro. Julia llega corriendo para susurrarme algo al oído que no entiendo, coge mi cara entre sus manos obligándome a que la mire a los ojos:

─Es Max, mama. Ha caído y sangra mucho ─dice asustada y salgo corriendo.

Julián, con su vozarrón de los peores momentos, escupe:

─Pero coño Maite, no ves que es tu hijo. Son idénticos a ti para estropear los mejores momentos ─. Todos se quedan pasmados.

─No es para tanto, hombre ─salta Alejandro mientras se levanta de su silla para acompañarme─ Vamos a ver qué pasa. 

Mi hijo ha tropezado con el bordillo, casi invisible, de la puerta de la cocina de Rosa. Sangra enormemente por la nariz, se ha roto un diente y le saldrá un buen chichón. Todos los pequeños, excepto Julia, lloran con él. Tengo que ocuparme más de mi hija, he pensado. Para que se calme, una vez se ha interrumpido el sangrado, le pongo una moneda sobre el hematoma de la frente y le vendo la cabeza. Le llevo ante el espejo y se ríe dice que ahora parece un pirata. Luego, corre a refugiarse en los brazos de su padre como hace siempre cuando la tristeza ha desaparecido.

─En vez de tanta venda en la cabeza tendrías que haberle puesto una moneda en el chichón ─dice, mientras intenta arrancársela.

─No papa, no me la saques ─lloriquea Max.

─¿Pero que dices Julián? ─salta Alejandro ante mi silencio─. Deja la venda. Maite ya se la ha puesto.

─Vaya, ¡encima, esa mujer mía ha salido lista! ─comenta con sorna.

─¡Para ya hombre!, ¿quieres estropearnos la tarde? ─dice Antonio con un deje de reproche.

Julián cambia de conversación mientras me alejo para sentarme bajo un cerezo con Ana que se está alejada del grupo. Guardamos silencio. Se lo agradezco mientras veo como los niños empiezan de nuevo a jugar y a correr y se oye la voz de Julián:

─Maite, vigila a tus hijos. No vayan hacerse daño de nuevo.

Como un resorte me pongo de pie. Al enderezarme siento la mano de Ana que me frena.

─¡Siéntate! ─me ordena con una profunda mirada y obedezco. ─ No puedes seguir así. Piénsalo detenidamente.

Ya se me han pasado las ganas de continuar con el finde. Me siento humillada ante los amigos. Noto sus miradas. De reproche la de Berto, de complicidad las de Ana y Alejandro, mientras los demás intentan fingir que no ha pasado nada.

Después de cenar, una vez recogida la cocina y con el pretexto de acostar a los niños desaparezco y me quedo en la habitación.

Son las cuatro de la mañana cuando aparece Julián completamente borracho.

─ ¿Qué haces en la cama de Max? Ven a dormir a nuestra cama que es donde tienes que estar.

─Ha tenido una pesadilla ─respondo─ en cuando se tranquilice vengo. En realidad, no pienso ir, pero cuando le oigo completamente dormido me levanto con cuidado para no despertar a mi hijo y me cambio de cama. Veo la mirada de Julia, está despierta. Le mando un beso silencioso y me sonríe. Cierra los ojos. Sé que, el hecho de acostarme al lado de su padre la apacigua. Dormirá tranquila.

Mañana me levantaré antes que él y espero tener la mañana en paz.

 

Entregas anteriores de la serie:

http://www.lacasademitia.es/articulo/firmas/texto-numero-llego-trabajo-cansada-alba-pinol-farre/20191010200943091480.html

http://www.lacasademitia.es/articulo/firmas/texto-numero-manana-sera-dia-vida-cambiara-alba-pinol-farre/20191017092132091826.html

 

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Alba Piñol

 

alba piñol farré

 

 

 

 

 

MANCHETA 9