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08:41h. Miércoles, 13 de noviembre de 2019

Texto número seis: Hoy es uno de esos días en los que me suicidaría - por Alba Piñol Farré

 

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Texto número seis: Hoy es uno de esos días en los que me suicidaría - por Alba Piñol Farré *

Hoy es uno de esos días en los que me suicidaría, pero no lo haré por cobardía. Pienso en mis hijos. Son, a la vez, mi lastre, mi escudo y mi cielo. Le he dado vueltas y más vueltas para intentar presagiar qué sería de ellos y no logro verlo claro. Si me voy tienen que quedar ambos en buenas manos.

Su padre los quiere. Estoy segura. Pero no estaría dispuesto a guardarlos a su lado y rehacer su vida en torno a ellos, no es capaz. Sí, es posible que sea capaz pero no lo suficiente fuerte para atreverse con la carga de su ego y de su necesidad sexual enfermiza. No creo que lo hiciera. ¿O no es enfermiza esa exigencia diaria de follar para poder dormir? y eso no lo abandonaría ni por sus hijos.

Podrían crecer con sus abuelos paternos que los quieren y estarían encantados de tenerlos a su lado, estoy segura. Pero ¿qué sería de ellos? Les inculcarían todas y cada una de las supersticiones que forman parte de sus vidas, rigen sus mentes temerosas confundiéndolas con las tradiciones: desde el no pasar por debajo de una escalera apoyada en la pared a levantarse por la mañana poniendo el pie derecho en el suelo o derramar la sal.

Mis padres también serían excelentes abuelos y los criarían como si fueran sus propios hijos. Con ellos el problema surge con el exceso de religiosidad que roza lo inconcebible, como me criaron a mí.

No quiero que se repita lo de esta mañana. He olvidado el motivo. Debía ser fútil, como siempre. En el cuarto de baño, Julián se afeitaba y yo estaba sentada en el váter hablando con él cuando se ha dado la vuelta, y ha soltado, a la vez, un ¡rastrera sinvergüenza! y tal bofetón que me ha encasillado en el suelo entre el bidet y la ducha. Ha debido ser tan fuerte el ruido que, cuando he levantado los ojos, él ya se había dado la vuelta y seguía afeitándose como si nada hubiera ocurrido, pero la puerta abierta del baño encuadraba a Julia y a Max. Me miraban. Ella con los ojos grandemente abiertos de sorpresa, los labios apretados con fuerza habían desaparecido, solo quedaba una línea azulada. En cambio para Max, con sus dos añitos ha resultado divertido que mamá cayera, que no pudiera moverse de donde estaba y le quedara el culo al aire. Les he pedido con la mejor sonrisa que he podido mostrar en mis ojos y en el tono de mi voz que se fueran a su habitación para terminar de preparar la mochila para el cole. Mi hija ha cogido de la mano a su hermano que no podía parar de reír y se lo ha llevado.

Poco a poco he podido salir de aquel espacio en que había quedado encastrada. Julián se vestía en la habitación. Me he lavado y he preparado el desayuno fingiendo el buen humor de todos los días. He acompañado a Max a la guardería. Cuando ya me iba, Ángela, su cuidadora, me ha preguntado que tenía en la cara. Por si el pequeño hablaba más de la cuenta he decidido inventar una torpeza lo más próxima a lo que el pequeño había presenciado:

—He resbalado al salir de la ducha y me he dado con el borde del bidet.

—¡Vaya comienzo de día! —.Ha continuado—. Te lo digo porque la tienes hinchada.

No he continuado hacia el trabajo y he regresado a casa. Cuando me he mirado al espejo tenía la mejilla congestionada con los cinco dedos de Julián marcados y el ojo con una hemorragia. He llamado al trabajo para comunicarles el fuerte catarro con el que me había levantado aquella mañana. Les iría llamando para informar de cómo evolucionaba.

Al colgar el teléfono ha surgido de mi pecho el llanto, como una cascada, y un grito sordo, oscuro, nacido de la negrura de mi interior.

Cansada de llorar y aullar en mi soledad he pensado en el suicidio. Pero no puedo hacerles esa putada a mis hijos. Dejaré de dirigirle la palabra a Julián. Huiré de él todo o que pueda, me acostaré en mi rincón de la cama cuando esté profundamente dormido y me quedaré en casa mientras el rastro del golpe esté de manifiesto o, como mínimo, pierda la forma de la mano.

 

 

Entregas anteriores de la serie:

http://www.lacasademitia.es/articulo/firmas/texto-numero-llego-trabajo-cansada-alba-pinol-farre/20191010200943091480.html

http://www.lacasademitia.es/articulo/firmas/texto-numero-manana-sera-dia-vida-cambiara-alba-pinol-farre/20191017092132091826.html

http://www.lacasademitia.es/articulo/firmas/texto-numero-fin-semana-alba-pinol-farre/20191024130845092222.html

http://www.lacasademitia.es/articulo/firmas/texto-numero-he-creido-morir-tarde-he-perdido-julia-alba-pinol-farre/20191101190832092574.html

http://www.lacasademitia.es/articulo/firmas/texto-numero-salida-trabajo-alba-pinol-farre/20191103122731092641.html

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Alba Piñol

 

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MANCHETA 10