Buscar
07:24h. Lunes, 21 de octubre de 2019

Texto número uno: Llego al trabajo cansada - por Alba Piñol Farré

 

FRASE ALBA

Texto número uno: Llego al trabajo cansada - por Alba Piñol Farré *

 

Llego al trabajo cansada, pero es una gozada. Nadie se mete conmigo. Nadie me interrumpe en las tareas si no es con una palabra amable, un golpecito en la puerta, aunque esté abierta. Nadie me pone mala cara o me contesta mal.

Trabajo en una empresa familiar de las pocas que quedan como las de antes. La plantilla formada por ocho empleados todos antiguos, con buen rollo, sin aspiraciones de carrera profesional más allá de un trabajo bien hecho, aumento de sueldo o la variación de las primas. No parece que esté trabajando, lo que me pesa, y no puedo olvidar, es pensar en lo que hay durante el día más allá de esas horas. Odio los sábados y los domingos y es terrible por mis hijos que adoro. ¡No debería pensar así! Tengo, a veces , la sensación de ser una mala madre.

Los miembros de la empresa parecemos una familia. Ellos se reúnen a menudo para festejar cumpleaños o cualquier chorrada. Yo no voy. No puedo ir. Sé que Julián los desprecia y las pocas veces que hemos asistido ha resultado ser un evento horrible que ha durado meses de reproches maritales.

Cuando suena el despertador salto de la cama y en cinco minutos estoy duchada, peinada y despierta y dejo el baño, sea lo que sea lo ocurrido durante la noche. Mientras, Julián se asea, afeita, canturreando feliz. En tanto Julia se despierta despacio, estirando poco a poco todos sus miembros, de forma delicada; a Max, por el contrario, solo con tocarle suavemente abre los ojos y se pone de pie tan rápido que a veces me asusta.

Preparo el café, caliento la leche, tuesto el pan, lo unto con mantequilla y mermelada casera o miel y lo dispongo en la mesa. Vuelvo a la habitación de los peques para estar segura de que todo esté listo para vestirse después de desayunar. Finalmente nos encontramos todos alrededor de la mesa de la cocina. No falta nada: servilletas, cubiertos, azúcar, … ni siquiera la frase matinal de mi marido que puede ser ¡serás inútil! o ¡eres tonta! Soltada con el mayor desdén.

Como si no hubiera dicho nada me levanto y cambio de lugar cualquier cosa de la cocina. No quiero que él vea el dolor en mi cara, ni los ojos de mi hija observando cuando me trata de inútil, tonta o idiota.

─¡Mira que ponerles estos zapatos hoy que hace un sol que te cagas! ─suelta. Sería lo mismo si soplara un huracán, lloviera, o hubiera aterrizado una nave espacial en el jardín─. ¡En fin, hay que bregar con lo que tenemos!

Finalmente, se levanta, se pone la americana, el abrigo, coge el móvil y el estuche con su ordenador, suelta una frase amable a la intención de sus hijos y desaparece.

Allí es cuando tengo que correr para llegar a todo: limpiar la cocina ─¡vendito lavavajillas!─, nos vestimos con mis hijos en un plis plas  y saltamos al escarabajo. Dejo a Max en la guardería y a Julia en su escuela. Encuentro aparcamiento sin dificultad cerca de mi trabajo y cuando le doy vuelta a la llave y el motor se detiene inspiro profundamente y me siento, de pronto, relajada.

Llevaré a cabo muchas y múltiples tareas durante el día, todas las que me correspondan y las llevaré a cabo intensamente con respeto, sin brusquedad, sin palabras hirientes, …será una jornada laboral equivalente a un día de descanso.

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Alba Piñol

 

alba piñol farré

 

 

mancheta 10