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17:58h. martes, 22 de septiembre de 2020

Texto número dos: Mañana será otro día, pero mi vida no cambiará. - por Alba Piñol Farré

 

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Texto número dos: Mañana será otro día, pero mi vida no cambiará. - por Alba Piñol Farré *

 

Esta noche ha ocurrido una hecatombe.

Después de una tarde ajetreada, en vilo como todas, preparo la cena, pongo la mesa, y acomodo a Max en su silla mientras Julia va en busca de su padre para cenar. Llega Julián y en silencio, sin una palabra para nadie, sirve los platos, distribuye el pan, llena los vasos y nos disponemos a comer. 

Al primer bocado se dirige a su hija y le pregunta que tal encuentra el guiso de ternera con patatas.

─Bien ─dice mi hija que come a dos carrillos.

Al oír la respuesta la cara de mi marido varía a violeta y estalla la tormenta.

─¿Esto nos sirves para comer? ¡A tu propia familia! ¡A la carne de tu carne!

No entiendo nada. Pruebo el contenido de mi plato. Nada inusual. Observo las caras de mis hijos. Ella, tan dulce, con la boca llena, está lívida. Max, tiene los ojos tan abiertos que le salen de sus órbitas. Ante las pocas palabras, pero en el tono que han sido pronunciadas, se me encoge el corazón, me quedo paralizada, procuro que las lágrimas no aparezcan en mis ojos, espero que el tornado sea sin golpes ante los pequeños. Se desata.

─¡Inútil! Eres una inútil ─dice con rabia─ estas patatas están crudas y no te digo la carne.

El pesado silencio de mercurio brilla cada vez más intensamente en contraste con la tenue luz de la lámpara que cae en medio de la mesa. Sus gotas se unen a gran velocidad. La masa está creciendo. Mi mirada viaja de la cara de Julián, con sus ojos cada vez más brillantes a las de mis hijos. Tengo miedo por ellos. No puedo pensar que sean espectadores de otra de las explosiones de su padre contra mí. De pronto se pone de pie y el huracán temido estalla más allá de lo atendido.

─Esta casa es una mierda. Eres como el culo ─musita con desdén mientras levanta la mano para pegarme. Por el camino cambia de parecer y opta por coge el mantel y tirar de él con toda su fuerza. Todo lo que hay en la mesa nos cae encima para terminar en el suelo. Los tres continuamos sentados como estatuas de sal. Comida, platos, vasos, agua, fuente, pan…todo sale disparado─ Y tú, si tú ─dice mientras me señala con el dedo índice levantado─ eres la responsable de este desaguisado. No sirves para nada ─. Sale de la cocina rojo de ira, escupiendo fuego por la boca, enciende la tele y se tira en su sillón con el mando en la mano.

No abro la boca. Procuro que mi cara no exprese el dolor y el miedo intensos que siento. No delante de mis hijos. No me lo puedo permitir. Sigo un momento sin poder moverme. No quiero tener el paso indeciso al ponerme de pie y la comida con la que estamos embadurnados caiga al suelo. Bueno, ya está bien, me digo. Me levanto y con mis hijos andamos, con las zapatillas puestas, hasta linde de la puerta de la cocina, donde nos descalzamos, la cierro detrás de mí y vamos directos a la bañera. 

─Mañana iremos relucientes, vosotros a la escuela y yo al trabajo ─digo con la media carcajada que me permite el pavor para poder sacar un poco de hierro al asunto, para que puedan dormir pronto, para que no tengan pesadillas ─. Seguro que mañana no nos cruzaremos con nadie que vaya tan limpio como nosotros ─continúo mientras me pregunto cuántos champús y cuantas enjabonadas tendré que darles para quitarles toda la grasa de sus pequeños cuerpos.

Julia me mira con sus expresivos ojos para que comprenda que mis bromas están de más aunque logro arrancar una sonrisa a Max. Él es todavía pequeño para comprender lo ocurrido, pero ella almacena todas estas experiencias y su corazón se va volviendo negro. Mientras se meten en la cama les preparo un bocadillo con un vasito de coca cola con la intención de borrar, en parte, lo ocurrido. Ante mi sorpresa los dos se duermen enseguida. Al salir de la habitación Julián sigue viendo la tele.

Limpio el pasillo, el baño. Me encierro en la cocina para borrar las huellas de esta terrible noche. Sigo mordiéndome el interior del labio inferior con fuerza para no llorar por sí, antes de acostarse, pasa a dar las buenas noches y me propone acostarme con él. ¡Es capaz! Introduzco en la bolsa de basura la malograda carne con patatas, la vajilla rota y aprovecho para terminar de llenarla con el miedo, el disgusto, las pesadillas, las malas impresiones… aunque sé que no cabrán en ella y mi corazón seguirá lleno de sombras y pesares.

Termino pasadas las dos de la madrugada. Envuelta en una manta, suelto todas las lágrimas acumuladas esta tarde e intento descansar en el sofá del salón. Mañana será otro día, pero mi vida no cambiará. Aunque no entienda el porqué, sé que soy culpable de los arrebatos de Julián y si no, ¿por qué ha cambiado tanto?

Artículo anterior de la serie:

http://www.lacasademitia.es/articulo/firmas/texto-numero-llego-trabajo-cansada-alba-pinol-farre/20191010200943091480.html

 

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Alba Piñol

 

alba piñol farré

 

 

 

 

 

MANCHETA 9