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08:39h. Miércoles, 13 de noviembre de 2019

Texto número cinco. A la salida del trabajo, a las tres... - por Alba Piñol Farré

 

frase alba

 

Texto número cinco. A la salida del trabajo, a las tres... - por Alba Piñol Farré

 

A la salida del trabajo a las tres el coche no ha querido arrancar, como esta mañana. Afortunadamente tres de mis compañeros han aparecido por la puerta y me han visto con problemas:

—Has ahogado el motor ─. Uno. 

─Lo has forzado ─ Dos.

—Maite, no es por meterme en lo que no me importa, pero ya va siendo hora de cambiar el coche. Es del año del catapún ─Tres.

—Chicos por partes. No lo he ahogado —me ha pasado lo mismo por la mañana y gracias a unos vecinos he podido llegar puntual al trabajo—. Y no. No pensamos cambiar el coche. Julián y yo le tenemos cariño a este vejestorio. Bueno —viendo que seguían de pie a mí lado— ¿me empujáis o no?

Sabía que eran las bujías, pero ellos son jóvenes, propietarios de coches modernos y electrónicos, lo ignoran. No pensaba discutir.

Tenía que acercarme a ver a Paco. Tiene una distribuidora de accesorios para automóviles. Le conocí cuando compramos el Volkswagen. Siempre ha sido él quién, tan enamorado de nuestro coche como nosotros, lo cuida como si fuera suyo. No solo busca y compra las piezas que necesito, también me las adapta e instala. Pero Paco no estaba.  

La espera ha sido larga, proporcionalmente a la disminución de la organización minutada prevista para la tarde mientras mi agobio aumentaba de forma compulsiva. He recogido a Julia y Max con retraso. Se me ha escapado un suspiro profundo de ataraxia al verlos jugar en la calle con un par de niños desconocidos. Julia ha subido al coche sin mirarme. Luego, dirección la librería para recoger y pagar unos cuadernos necesarios para su actividad extraescolar. Había cola. Llegamos al centro cultural para su curso de artes plásticas y ya había comenzado. He aprovechado estas dos horas para ir al super y comprar comida semi preparada para la cena: raviolis. Les encantan a los tres.

Julia seguía molesta cuando les he recogido. Al llegar tarde no ha podido sentarse en la mesa con sus amigas con las que pinta, dibuja y ríe. Ha tenido que sentarse con un par de niños más bien impertinentes. A Max no le importa. Lo suyo es recortar y colorear y le da igual quién esté a su lado.

Al llegar Julián ya estaba en casa y teníamos visita. Se había encontrado con un antiguo amigo suyo que no conocía y le había invitado a cenar: Ya no servían los raviolis. 

—Oye, lo de la cena no es obligatorio —me ha indicado muy amable el que dijo llamarse David— solo si no te importa.

—Para nada, siéntate por favor que preparo cualquier cosa —he contestado.

—Coño Maite has ido de compras y no has traído cervezas. Acabamos de terminarnos las dos últimas.

—Si no hay cervezas habrá que abrir una botella de vino que de eso sí tenemos —he respondido, mientras iba colocando la compra apenada de no poder estar con mi hija en el momento de sus deberes.

—Pero que me cuentas, idiota ─he oído que soltaba delante del desconocido y que me ha dejado de piedra. No logro acostumbrarme─. Ya sé que tenemos vino, pero a mí me apetece cerveza con un bistec y patatas fritas.

—Oye, Julián que no me importa una cosa u otra, si lo importante es el reencuentro…

—En mi casa yo digo lo que importa David, no te metas ¡coño! ¡Qué cena es carne y patatas fritas con vino? 

He mandado a mis hijos a la habitación rogándoles que no hagan ruido. En la cocina comienzo a pelarlas las patatas para freírlas.    

La cena termina tarde y después de acostar a los niños, me siento con los dos amigos mientras recuerdan sus antiguas fechorías, como ellos las llaman, cuando solo se trata de chiquilladas, pero tienen gracia al recordarlas. Son las dos de la madrugada cuando se va David.

Friego y limpio la cocina. Preparo la ropa de mis hijos para el día siguiente. Cargo la lavadora para ponerla en marcha cuando me levante y me ducho. Pueden ser las tres de la madrugada cuando me acuesto. Procuro hacerlo despacio para no despertarle, pero no lo logro. Abarca mi cuerpo con su brazo para pegarme al suyo, se empalma rápidamente y se dispone a tirar un polvo rápido.

—Por favor Julián, hoy no. Estoy molida.

─Es para finalizar bien el día. Seré veloz, ni lo notarás. El reencuentro con David me ha puesto al mil. ¿No te has dado cuenta de cómo te miraba?

─Te lo ruego Julián, lo dejamos para mañana ─ suplico. 

Ha encendido la luz de la habitación, se ha sentado violentamente sobre mí a horcajadas y empezado a tirar del camisón arrancándola hasta dejarme desnuda. Sentía vergüenza, me resistía, lloraba suplicando, … pero hoy no podía. 

—He dicho que hoy no, por favor. Mañana será otro día —he repetido tapándome el cuerpo con la sábana. Cada noche es la misma historia. Él no puede dormir sin echar el polvo del guerrero, lo llama, tanto si me apetece o no.

—Esta noche dejaremos dormir a la princesa. ¡Frígida! Eso es, eres una frígida. A partir de hoy te llamaré la Reina Frígida. No sé cómo te tolero —resopló con desdén apagando luces y dándome la espalda.

Por un momento me digo lo he logrado, hoy lo he logrado. Pero a medida que se desgranan los minutos sin poder conciliar al sueño, surge el remordimiento; sé que mañana me sentiré todavía más arrepentida de no haber cedido, es mi deber como esposa, me repito.

 

 

Entregas anteriores de la serie:

http://www.lacasademitia.es/articulo/firmas/texto-numero-llego-trabajo-cansada-alba-pinol-farre/20191010200943091480.html

http://www.lacasademitia.es/articulo/firmas/texto-numero-manana-sera-dia-vida-cambiara-alba-pinol-farre/20191017092132091826.html

http://www.lacasademitia.es/articulo/firmas/texto-numero-fin-semana-alba-pinol-farre/20191024130845092222.html

http://www.lacasademitia.es/articulo/firmas/texto-numero-he-creido-morir-tarde-he-perdido-julia-alba-pinol-farre/20191101190832092574.html

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Alba Piñol

 

alba piñol farré

 

 

MANCHETA 9