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04:45h. sábado, 11 de julio de 2020

Yo, vi llorar, a una pobre y desgraciada mujer: y Popurrí 351 - por el Padre Báez


Sucedió el Domingo por la tarde –poco importa de qué semana, porque ocurre todos los días-. La tarde se prometía serena y en paz -iba de visita-, con gozo y alegría, pero...

Yo, vi llorar, a una pobre y desgraciada mujer:

 Sucedió el Domingo por la tarde –poco importa de qué semana, porque ocurre todos los días-. La tarde se prometía serena y en paz -iba de visita-, con gozo y alegría, pero...

 Todo comenzó, cuando comentando lo de la policía de tráfico (la guardia civil), que anda al acecho, a los pocos –y cada vez menos- camiones que circulan por la carretera, que según lo ven asomar desde lejos, ya les están haciendo señas para que se aparque, y nada tiene que ver, que el chofer, conductor y dueño, tenga prisa y un horario que atender, porque estos de verdes –que según parece cobran, según las multas que pongan, teniendo su parte o comisión de ellas- allí permanece haciendo cola, una hora o más, siendo registrado, controlado, viendo y pidiendo papeles, más papeles, hasta dar con la minucia para sancionar –porque siempre encuentran algo, por más que en regla estés o vayas-, y ello de por internet, o vía móvil de por medio consultando con la central, o vaya usted a saber con quién, que aquello, se eterniza, y mientras, la familia: “¿Le habrá pasado algo?; ¿por qué tarda tanto?; ¿...”,  y si viene del mercalaspalmasdegrancanaria –que es el caso- la clientela esperando y marchándose, porque no llega la fruta y hortalizas del día a su tiempo, con las pérdidas pertinentes.

 Que la pobre y desgraciada esposa del dicho comerciante de poca monta, de atender a los cada vez menos compradores y en menos cantidad en la cesta, de estar de pie todo el santo día y así semanas, meses, años, tiene las piernas hinchadas, moradas, llenas de varices, de venas gruesas, va y me dice (y ruego nadie me llame racista, por transcribir literalmente lo oído):

 “¡Mira, que esté trabajando una, como una negra, para que vengan estos hijos de puta –eso dijo-, a quitarme 3.000,00 euros (exactamente: 3.301,00 euros, añadió su esposo), porque a mi marido se le olvidó escribir a dónde venía!” Y, hasta aquí, nada anormal, sino que noté añurgada a la pobre y desgraciada mujer, la miro, y no pudo seguir hablando, porque lloraba, como una magdalena, de dolor y rabia, de impotencia e indignación; miro entonces al esposo, y éste, de ver a su mujer llorar, con los ojos enrojecidos, le corrían –igualmente- lágrimas, por la cara abajo.

 Me costó mucho, salir de esa conversación, para distraer a este pobre matrimonio, que a duras penas sale hacia adelante, con la que está cayendo, y encima le cae esta multa, por no decir en un papel, que venía de mercalaspalmasdegrancanaria e iba desde allí, a su tiendita, a unos 15 kilómetros de distancia de ese lugar, causa de su ruina. Porque: ¿de dónde saca ese dinero que no tiene (en pesetas medio millón)?

 Pero, ¿es que es así como ayuda el cabildo al que honradamente se gana la vida?; ¿es justo que quien está para ayudar al transportista, y recordar al transportista si se le olvida algo debe tenerlo en cuenta para otra ocasión, y avisar al transportista que si es reiterativo lo va a sancionar, y así cumplir el papel de policía y guardia, y no de castigador, de traidor, de ladrón, de colaborador con el cabildo, cumpliendo a rajatabla una normativa, que debe ser poco a poco revisada e implantada (o suprimida) y no a golpe de muerte, acabar con una economía ya por los suelos?

 Ahora comprende uno, que ante multas desmesuradas por nimiedades o naderías, con prisión incluida, algunos –cada vez más- opten por el suicido, al no poder hacer frente a esas desconsideradísimas multas, por simplemente hacer lo que siempre se ha hecho (y ellos no hacen, ni dejan hacer: limpiar un camino, por ejemplo); más la vergüenza de ir a la cárcel, con asesinos, narcos, traficantes, ladrones, etc. sin que estos desgraciados del campo, hayan cometido ningún delito ante Dios y sus propias conciencias, sino que en leyes que desconocen y hechas para cazar a inocentes, están acabando con la agricultura, ganadería y el pequeño comercio.

 Que venga un pobre y desgraciado comerciante de poca monta, pensando más en el precio, en el margen de ganancia para no perder clientela, en llegar pronto a su tiendita y deprisa para no perder la venta y ganarse unos céntimos, y que le quiten tiempo y dinero, es como para decir a gritos: ¡esto es un abuso, un acoso y un derribo en toda regla!; esto es una demencia o locura, esto ni es política ni es nada, esto es acabar con los tres desgraciados que quedan, para que solo vivan las grandes áreas comerciales, a las que por cierto, no revisan, ni multan.

 Y claro, no le falta razón, a los que desengañados de la política recaudatoria de un cabildo y un gobierno, que tienen ejércitos varios, para recabar dinero por cultivar o tener un animal, o están en la carretera o detrás de un mostrador, abusando de la ignorancia y falta de conocimientos, de la sencillez y nobleza de un pueblo llano y bueno, que a duras panas saca para comer, y ahora tiene que dar por multa unos dinerales, que ni tienen, y si sí, lo necesitan para su negocio, y no para alimentar a esta caterva de gansos uniformados, que viven como piojos o garrapatas, agarrados de pobres y desgraciada gente, que el único delito que cometen es trabajar para ganarse el pan con el sudor de sus frentes, y vienen y se lo quitan.

 Las lágrimas de aquella mujer, no eran comedia, estaba roja como un tomate, los ojos rojos y lágrimas a raudales, lloraba con pasión y dolor, lloraba con sentimiento e indefensión, lloraba porque es lo que necesita para comer, y porque trabaja para ellos (¡ya se sabe!), que no trabajan, sino robando tiempo, sudor e ilusiones, en una comunidad autónoma policíaca; pues no se me olvida que fui desde Madrid a Lisboa –medio continente peninsular espakistanílusitano- y no vimos ni una sola pareja de la guardia civil de tráfico, ni de la otra; aquí, los tenemos detrás de cada curva, camuflados, escondidos, al acecho y por todas partes.

 ¿Qué pasa?, ¿damos de comer a toda espakistania?; ¿somos traficantes de armas?, ¿tanta droga circula entre gente sencilla y buena?, ¿hay etarras u otros terroristas?, ¿tan delincuentes somos que estamos rodeados –como el agua- de uniformados por todas partes, todos a cual quien más sanciona?, pero, ¿esto es normal?, ¿y el pueblo no se rebela?, ¿no se manifiesta ya de una vez este pueblo avasallado, zorroballado, pisoteado, ninguneado, perseguido y controlado hasta en lo más mínimo y con efectos retroactivos?, los sindicatos no dicen nada de esto?, ¿no se hace huelga por estos abusos descomunales?, ¿por qué callan los periódicos, emisoras de radio y de televisión?, ¿es que no lo saben?, ¿es justo pagar tres mil y pico de euros por un simple olvido, yendo todo lo demás en regla?

 El Padre Báez.

 

P. D.-

Dada la prisa del pobre y desgraciado pequeño comerciante, con su camión parado, y ante la pasividad y lentitud del policía, va y le dice el conductor al que lo escudriñaba:

-        ¡Por favor agente, múlteme por cualquier cosa, pero déjeme seguir, que llevo mucha prisa!

 Va y le contesta el uniformado:

 -        ¡Eso es chantaje! ¿Usted quién se cree que soy yo? ¡Yo soy un profesional muy honrado y honesto!

 ¡Ja, ja, ja...! ¿Honrado y honesto? ¿Es honradez y honestidad castigar, perseguir, retener, hacer perder en el negocio, multar, tener parado una camioneta cual si llevara droga y se la investiga ante todo transeúnte y conductor, humillando a unhonrado y honesto tendero?


POPURRÍ 351:

 

Sobre mi tesis (351):

Veamos, no obstante, los primeros ensayos de clero indígena, la política seguida, al respecto según Specker tiene tres periodos: el primero de intento; el segundo, de formal exclusión y el tercero de admisión sistemática.

 

¿A qué esperan...

... para echar al Lobera?

 

Un gol...

... ¡bueno!

 

Dos goles...

... ¡joder!

 

Tres goles...

... ¡ya está bien!

 

Cuatro goles...

... ¿van a seguir?

 

Cinco goles...

... ¡ya esto, es demasiado!

 

Que regrese Rodríguez...

... Don Juan Manuel, por favor.

 

Y antes, tres...

... y más antes, otros tres.

 

No, no...

... aquí hay cantera.

 

Tenemos entrenadores...

... pero que hagan yoga.

 

Pero, si les tengo hasta un libro ilustrado...

... “YOGA EN EL FÚTBOL”, dedicado a la UD.

 

¿A qué coño...

... esperan?

 

Hoy...

... monográfico.

 

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“... que las ovejas fueran productivas, y no estériles y faltas de leche...” (Del sermón de san Agustín, obispo, sobre los pastores).