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15:25h. Miércoles, 11 de diciembre de 2019

La falaz ucronía anti independencia: derecha, corrupción... - por Chema Tante

 

FRASE TANTE

La falaz ucronía anti independencia: derecha, corrupción... - por Chema Tante *

En el cúmulo de mentiras, malas interpretaciones y tergiversaciones con las que mucha gente, con mala y a veces buena intención, se enfrenta a la posibilidad de independencia de algunas de las naciones que todavía quedan en estos restos del imperio español, últimamente ha aparecido la ucronía, referida a la República Catalana. Especialmente desde la izquierda unionista española nos dicen, admonitoria y paternalmente: la independencia de Cataluña está promovida por la burguesía de derecha. Y nos advierten de que los recortes neoliberales aumentarían y los derechos laborales decrecerían. 

Para empezar, hay que decir que la situación social en el estado español ya es deplorable de por sí. Y, ya que escribo desde Canarias, recordaré que en las islas, la más deplorable del estado. A tal punto, que solamente ese detalle ya justifica el deseo de largarse. Este estado ocupa los últimos lugares en los indicadores sociales de Europa. Pero es precisamente Cataluña, con Euskadi -curiosamente, las naciones que con mayor potencia reclaman el reconocimiento de su soberanía- se encuentran entre los territorios en donde la situación social está menos deprimida. 

Y esto tiene una explicación. Se trata del talante empresarial. No seré yo quien defienda los abusos que acostumbran aplicar las empresas, en todas partes del mundo. Pero también hay que reconocer que los modos del empresariado catalán, igual que los del vasco, con todos sus defectos, se parecen más a los de Europa que a los de este triste y abusador estado español.

Porque por toda Europa, las empresas han asumido las malas mañas del neoliberalismo pero, una vez dictada la ley, lo habitual es que el empresario la cumpla. Toda la gente que ha trabajado o trabaja por allá arriba sabe que, salvo bellacas excepciones, una vez acordadas las condiciones laborales, el trabajador o la trabajadora no tiene que estar velando y exigiendo el cumplimiento. Le pagan lo que le deben, esperan que trabaje lo que debe, y ya está. En este estado español, al contrario, las empresas buscan mil y una maneras de forzar la ley para burlarla, añadiendo, en su codicia, el maltrato laboral a la dureza neoliberal. El caso de los minijobs es paradigmático. Los minijobs, que tanto se debatieron en su día, gustarán más o menos -a mi no me gustan nada- pero en Europa se cumple lo acordado. Cuando una empresa alemana, por ejemplo, contrata a alguien bajo esa modalidad, por la que va  pagar tantos euros al mes por cuatro horas de trabajo, ya sabe que son cuatro horas, no más. Cuando una empresa española -en la hostelería y la distribución de consumo esto es una plaga- hace un contrato a tiempo parcial, espera y obliga a la persona contratada a trabajar varias horas más. No estoy diciendo con esto que en Cataluña o en Euskadi no ocurran hechos parecidos. Pero sí estoy asegurando que un estado catalán o vasco, controlaría más estas cosas. No necesariamente por sentido social, sino por respeto a la ley. Y también me atrevo a asegurar que una empresa catalana o vasca sería más proclive a aceptar el control, por la misma razón.  Por tanto, yo les digo a mis amigas y mis amigos que me hablan de que en Cataluña independiente habrá -me niego a usa el condicional- más recortes y más abusos laborales, que sería mejor ocuparnos de solucionar estos problemas en el estado español, y dejar que los pueblos que consigan su independencia arreglen los suyos.

Alegan también los defensores de la unidad del imperio, que en Cataluña un independentista batió los records de la corrupción, cuando gobernó. Esto es verdad, pero a medias. Pujol, quien, por cierto goza de una exquisito trato por parte de las autoridades gubernativas y judiciales españolas, ellas y él y ustedes y yo sabemos por qué, Pujol, digo ,fue un depredador redomado del erario. fue corrupto, sí. Pero nunca fue ni es un independentista, por mucho que se revistiera de tal ropaje. Pujol e y era un catalanista y gracias. Un tipo que se sentía muy a gusto con la autonomía, en la que hizo lo que hizo. Porque, en todo caso, Pujol afanó cuánto dinero público pudo, bajo el régimen español, de manera que no me vale que me digan que en un estado catalán podría hacer lo mismo. Porque decir tal cosa es, insisto, una ucronía sin base alguna.

Lo cierto es que el pueblo catalán, en buena parte, cuyo volumen desconocemos, por el fanatismo de impedir una consulta que lo determine, quiere una república independiente. Y como en todas las democracias que merezcan tal nombre -y perdone el imperialismo español la manera de señalar-  será el propio pueblo libremente, no una oligarquía surgida del régimen anterior, quien decida las normas y leyes por las que debe conducirse su vida política y social. La República Catalana tendrá su Constitución -sin posibilidad de que nadie venga a mangonearla ni a anularla después- y sus reglas políticas y electorales. Si luego las catalanas y los catalanes deciden que quieren -espero que no- que gobierne la derecha, ese será su problema. Se llama democracia.

Pero de ninguna manera el espantajo del abuso laboral o de la corrupción puede ser aducido como un argumento para justificar que un pueblo se quede en un imperio en el que no quiere estar.

* Lo escribe y los sostiene Chema Tante

CHEMA TANTE

MANCHETA 10