Buscar
22:41h. martes, 25 de enero de 2022

El genuflexo Clavijo, Bermúdez y Alonso siguen trabajando para amparar al delincuente Plasencia - por Chema Tante

 

alonso clavijo bermúdezplasencia

Alonso, el genuflexo Clavijo y Bermúdez, al servicio de su majestad, el delincuente Plasencia

CHEMA TANTEEspero que mis palabras tengan, aunque sea por esta vez, la virtud de la claridad, sin posibilidad de otras interpretaciones. Yo proclamo mi opinión de que los capitanes de ese partido que no es partido, sino empresa comercial, llamado Coalición Canaria, le deben tanto, pero tanto, y comparten tantísimos intereses con el granuja, delincuente convicto y confeso empresario venal, Antonio Plasencia, que no dudan en protegerlo, ampararlo, preservar su bolsillo de la acción de la justicia y mantener sus negocios, venga la tormenta de donde venga.

El genuflexo Clavijo, Bermúdez y Alonso siguen trabajando para amparar a Plasencia - por Chema Tante

Espero que mis palabras tengan, aunque sea por esta vez, la virtud de la claridad sin posibilidad de otras interpretaciones. Yo proclamo mi opinión de que los capitanes de ese partido que no es partido, sino empresa comercial, llamado Coalición Canaria, le deben tanto, pero tanto, y comparten tantísimos intereses con el granuja, delincuente convicto y confeso empresario venal, Antonio Plasencia, que no dudan en protegerlo, ampararlo, preservar su bolsillo de la acción de la justicia y mantener sus negocios, venga la tormenta de donde venga.

En el juicio de la monumental estafa de Las Teresitas, que perpetró Plasencia con sus compinches Zerolo y González el viejo, se está viendo con toda nitidez que la compra de los terrenos por el Ayuntamiento era una golfada inconmensurable. Pero, con palabras más doctas, ya lo había dictaminado el mismísimo Tribunal Supremo, que declaró irregular la compra venta y ordeno revertirla, para que los granujas empresarios devolvieran al Ayuntamiento los ya, con los intereses, setenta millones de euros con que se lucraron. Pues bien, este es el día en que el Ayuntamiento que con tan poca gracia preside Bermúdez haya conseguido -porque no le ha dado la real gana- recuperar esa pasta que tanta falta le hace al pueblo chicharrero, manque sea para que le limpien las calles y asistan a tanta gente desamparada que sufre en ese municipio.

En el juicio por la edificación de un adefesio urbanístico, el denominado popularmente Mamotreto, se ha sentenciado en firme que ese espantoso tenique debía ser derribado, porque incumplía la normativa. Nada menos. Pero ocurre que ese bloque horroroso que afea el paisaje de San Andrés y Las Teresitas está destinado a ser un aparcamiento. Y ese, para que se sepa, es el negocio puntero del estrafalario empresario Plasencia que tiene, nadie sabe la causa, la exclusiva de la multiestafa que se endilga a quien quiera asocar su vehículo en el ámbito chicharrero. Y, claro, Plasencia exige que se le mantenga el edificio, que no es de su propiedad, pero como si lo fuera. Y Bermúdez, sumiso, como es costumbre en su partido empresarial, al dictado del dinero, sostiene al Mamotreto contra todo temporal, sea de los tribunales o del clamor popular. Bermúdez, a ese clamor popular, con la arrogancia acostumbrada, no le hace ningún caso. Pero Bermudez, a lsa decisiones judiciales, retruca explicándole, con su chulería característica, al tribunal qué es lo que significan las sentencias que ha dictado. Le explica, y nadie se explica como la Justicia aguanta tanta desfachatez, que los autos que dicen -e insisten- que el Mamotreto debe ser derribado, en realidad quieren decir que el Mamotreto no debe ser derribado. Parece inexplicable, pero solamente lo es para quienes no saben el grado de desfachatez que aplica el gang llamado Coalición Canaria. Soltar la burrada que haga falta, si ponerse colorado.

En su carrera por ganarse el favor, dorado y generoso favor, del delincuente convicto y confeso Antonio Plasencia, Bermúdez tiene un competidor de categoría en ese presidente del Cabildo de Tenerife, Alonso, el hijo político bienamado, aunque disimulen, del otro que tal, el melifluo Melchior, actual presidente de la Autoridad Portuaria de Granadilla.

En esa brega entre cachanchanes al servicio de empresarios, Alonso ha encontrado, con la colaboración necesaria del pícaro mayor, el genuflexo Clavijo Ladrillo I, una estupenda manera de exonerar al bolsillo de su patrocinador Plasencia, al que tanto quieren y al que tanto deben, del pago de los cincuenta y tantos millones que tiene que pagar por su delito en Güimar. Porque sí; resulta que otro tribunal ha sentenciado -previa confesión del reo Plasencia- que lo que hiciera el simplón empresario, con otros, en las canteras de Güimar era un delito ambiental que merecía prisión y pago de multa y de los gastos de recuperación del paisaje. 

Aunque Alonso y su capo el genuflexo Clavijo tienen un curioso concepto de cómo respetar su juramento de cumplir y hacer cumplir las leyes. Cuando una ley no les interesa o no les conviene a sus patrocinadores, aquellos a quienes tanto deben, insisto, lo que hacen es cambiar la ley. Salvada la ley, salvado el juramento. Esta vez, en una chapuza legal desatinada, se han sacado del buche una "Ley para la restauración de los barrancos", por cuyo efecto, el Gobierno del genuflexo Clavijo correrá con los gastos de la recuperación del desastre que perpetraron Plasencia y sus compinches en el territorio de Tenerife. Muy bonito, si no fuera que esas perras las paga el pueblo canario y se las ahorra el delincuente Plasencia.

Bermúdez, Alonso y su capo, el genuflexo Clavijo Ladrillo I, no hacen buenos, es muy difícil, a sus antecesores Adán y Paulino, Zerolo y Melchior y el ladino Hermoso, pero no se les quedan atrás. Tienen la misma escuela. Es la derecha, bobitos.