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01:28h. Viernes, 13 de diciembre de 2019

Muchas ciudades optan por el progreso - por Chema Tante

Empezando por lo más cercano, Las Palmas de Gran Canaria, pero tambien el Madrid de Manuela, la Barcelona de Ada, la Cádiz de Kichi y tantas otras más, se han sacado de encima la cruz de la cerrilidad de la derecha y encaran una etapa en la que lo esencial será la gente. Y la gente desamparada, más

Muchas ciudades optan por el progreso - por Chema Tante

Empezando por lo más cercano, Las Palmas de Gran Canaria, pero tambien el Madrid de Manuela, la Barcelona de Ada, la Cádiz de Kichi y tantas otras más, se han sacado de encima la cruz de la cerrilidad de la derecha y empiezan una etapa en la que lo esencial será la gente. Y la gente desamparada, más.

Todas estas maravillosas personas que, en las alcaldías y concejalías, entran en los ayuntamientos en nombre y para el pueblo, tienen por delante un camino pleno de obstáculos. Las fuerzas económicas y los partidos que han visto que se les va de las manos una fuente de sabrosos beneficios, harán todo lo que puedan -y pueden mucho, son capaces de todo- para manipular la información, para descalificar la gestión y para torpedear la acción. Y, como los problemas son tantos, las soluciones no serán fáciles. Por eso, la gente tiene que aplicar comprensión y paciencia. El "no nos defraudes, abuela" de Kika Lorace, debe administrarse con prudencia y solidaridad.

Claro que esta tropa insigne que se ha cargado de tanta responsabilidad, tiene un arma eficacísima. La que le da renunciar a la corrupción. Esa es la clave. Porque, a las consideraciones éticas que hacen repugnar a la corrupción, hay que añadir las razones de eficacia. Una administración que no se deje corromper, conseguirá los bienes y servicios que compre y contrate, en las mejores condiciones de calidad y hara rendir hasta el último céntimo del dinero público que maneje. Porque la ausencia de corrupción multiplica y optmiza los presupuestos.

En Canarias tenemos la oportunidad de contar con una prueba de fuego para la administración de los ayuntamientos por el pueblo. Mientras en una de las dos cocapitales, se mantiene la derecha que ha hecho de la política una herramienta de favoritismo empresarial, que considera a los presupuestos como una manera de enriquecimiento particular, en la otra, un gobierno municipal popular (de verdad, no de nombre) se apresta a administrar el dinero que el pueblo le confíe de la manera que mejor convenga a las personas.

La comparación entre Las Palmas de Gran Canaria, territorio liberado y Santa Cruz de Tenerife, territorio que seguirá dominado por la codicia empresarial, será la mejor demostración de las bondades del poder popular. Pero, no nos engañemos, Unas bondades que no se reflejan en el ornato del centro de la ciudad, en los fastos y boatos, sino en el esfuerzo por conseguir la justicia, la equidad y la felicidad de todo el mundo, no solamente de una poca gente afortunada.