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13:59h. jueves, 27 de enero de 2022

Americanismos con impacto social - por Nicolás Guerra Aguiar

Ese genio de la viñeta que es Morgan no sólo tiene sentido del humor. Es, además, fotógrafo fiel de la realidad. Su acomodado personaje del pasado viernes juega con dos voces fonéticamente muy parecidas, escachar, escrachar. Critica que como se está poniendo límite a los escaches, ya no vamos a poder comer plátanos escrachados con galletas (o galletones, añado, quizás un canarismo: ‘galleta grande’ - pollillo adolescente, aunque la voz no la recoge el DRAE).

Americanismos con impacto social - Nicolás Guerra Aguiar

 

  Ese genio de la viñeta que es Morgan no sólo tiene sentido del humor. Es, además, fotógrafo fiel de la realidad. Su acomodado personaje del pasado viernes juega con dos voces fonéticamente muy parecidas, escachar, escrachar. Critica que como se está poniendo límite a los escaches, ya no vamos a poder comer plátanos escrachados con galletas (o galletones, añado, quizás un canarismo: ‘galleta grande’ - pollillo adolescente, aunque la voz no la recoge el DRAE).

  Cuando leí por primera vez la palabra escrache tuve que acudir al Diccionario, lo mismo que me pasó hace años con chapapote.  Supe entonces que esta última es una voz náhualt o caribe que se introdujo en el castellano precisamente por el respeto que se debe tener a las modalidades léxicas de zonas no peninsulares, hasta hace poco consideradas como violadoras de la norma culta. (Hoy, por suerte, la Academia da fe de vida a cientos de americanismos.) Y como los primeros usuarios de esta palabra coloquial en Venezuela quizás no sabían de petróleos y derivados, su significado debió de ser la tercera acepción que hoy le da el DRAE, ‘sustancia viscosa de cualquier tipo extendida por el suelo’; o también, como en México y Antillas, ‘asfalto más o menos espeso’. Este término se asentó en Galicia (terrible experiencia con aquel barco que se partió cerca de la costa) y en Cantabria, voz americana que viene a ser el piche canario, anglicismo (pitch, ‘brea’) que según los doctores Morera, Corrales y Corbella llegó directamente (Canarias fue cuasicolonia inglesa, qué pena lo del “cuasi”) o a través del portugués.

  El otro término, escrache, es también americano (Argentina, Uruguay). Se impone a mediados de los 90 y tradujo la protesta pacífica frente a las casas de ex altos cargos del régimen militar, responsables de las desapariciones de miles de ciudadanos. Es construcción coloquial en ambos países: ‘Fotografiar a una persona’ y ‘romper, destruir, aplastar’, significado este último que la aproxima a escachar (‘romper, despachurrar, aplastar’). Desde hace unos meses se ha puesto de moda –acciones populares frente a residencias, viviendas, despachos de altos cargos del partido gobernante-, desgraciadamente relacionada con impactos emocionales de muchísimas personas hartas de robos, latrocinios, fraudes, engaños bancarios.

  Hay otro término que también llega de América, corralito (especie de jaula muy protegida en la que dejan a los niños para que jueguen o descansen sin peligro, pero no pueden salir sin ayuda). Lo acuñó hace once años un periodista argentino: se refiere a las limitaciones impuestas por el Gobierno para sacar dinero de bancos y cajas. Aunque es una voz nueva, hoy está en boca de millones de españoles, temerosos de que aquí ocurra lo mismo, al igual que pasó en Chipre hace poco.

  La lengua, pues, como elemento vivo dentro de la sociedad. Sociedad, por otra parte, sufridora de una profundísima crisis económica (y a peor la mejoría) que desequilibra e impacta emocionalmente y, a la vez, va creando bolsas de pobreza, paro, núcleos familiares inactivos, mientras las minorías ricas son cada vez más ricas y los billones de euros se mueven a ritmos acelerados, siempre a la búsqueda de paraísos fiscales. A la par, la desmoralización y perplejidad de un pueblo que sufre los efectos del más rudo y duro capitalismo. Y ve cómo su país se endeuda multimilmillonariamente para cubrir bancarrotas en las cuales ni ha participado ni de las que se benefició. Y a medida que confirman rumores sobre quiebras intencionadas, fortunas que aparecen en veinticuatro horas, putrefacción de concretas estructuras del Estado, escoramiento peligrosísimo del poder popular, mentiras que el pueblo se creyó porque creía en sus dirigentes, la Europa del poderío económico pide, reclama, exige más hasta el agotamiento de la dignidad humana.

  Pero, ¿crisis? ¡En absoluto! Nuestra única posesión actual, la lengua, nos ha permitido pensar y razonar, deducir y concluir. Y nos enseña que se trata de rigurosos levantamientos de los imperios financieros, los mismos que supieron colocar a los suyos en las estructuras del Poder mientras en las campañas mentían, engañaban, estafaban y hablaban de estados de bienestar, equilibrios sociales, derechos adquiridos, enseñanza de calidad, sanidad envidiable, europeización, europeización. ¿Crisis? ¡En absoluto!: estafas, farsas, fraudes, desfalcos (cuatro voces con la “f” de finanzas, financieros, finiquitos, filones, fetidez, fiereza). ¿Crisis? ¡En absoluto!: inteligentísimo diseño que ha conseguido del pueblo la resignada víctima propiciatoria y, a la vez, le ha inoculado la creencia de que todo es culpa de unos años de bienestar que la mayoría tuvo.

  Por eso me impactan emocionalmente las sensibilidades del señor González, expresidente del Gobierno (maletas y bolsas de basura cargadas de billetes; regalos de joyas a las mujeres de los amiguetes, ¡pagan los fondos reservados!; multimillonadas de dinero oficial que desaparecen –todo supuestamente, claro-). Me enternecen sus preocupaciones por <<los niños que tienen que aguantar presiones en las puertas de sus casas>>, claro, por supuesto: ni ellos son responsables ni quizás sus padres, claro. Nunca a la violencia, claro. Pero sí al derecho a manifestar en público la desazón, la tragedia, la angustia que para millones de españoles es simple y elemental robo. ¿Escrachar con significado de ‘romper, aplastar’? ¡Nunca! Jamás podrá encontrarse una razón para destruir al contrincante, jamás. Pero coincidirá conmigo el humanizado señor González en que quienes gritan y se manifiestan también tienen hijos que vieron cómo la policía los echaba de sus casas en nombre de la ley. Y como miembro muy privilegiado de la clase privilegiada, también sabe aquel exsocialista que los muchos manifestantes son, sencillamente, víctimas de un sistema al que pertenece él mismo.

  Sí, en efecto. De América –primeras víctimas- llegan voces relacionadas con el tema social, con la destrucción del paisaje, contaminaciones, asesinatos… Es la lengua, única propiedad que les queda para pensar y reflexionar. Pero pronto llegarán los decretos: prohibidas las palabras porque pensar será delito. Al tiempo.

 

http://www.canarias7.es/morgan.cfm?v=130412