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19:48h. Domingo, 26 de Mayo de 2019

Julián Ayala le gana una a la arrogancia administrativa del Ayuntamiento de SCTF y del concejal Dámaso Arteaga. Comenta Chema Tante

 

FRASE JULIÁN

Yo, Chema Tante, lego en derecho, pero expertísimo en derechos humanos, siempre he pensado que la potestad que se atribuye a las Administraciones Públicas de imponer sanciones, no solamente contradice el principio democrático de división de poderes, sino que abre paso a la arbitrariedad y la represión de quienes gobiernan. Un asunto feo y delicado cuya gravedad se acentúa cuando, como ocurre en este estado de lo que queda del imperio español, la podredumbre del sistema permite que lleguen al poder machangos presuntuosos que aprovechan una legislación más  que dudosa para crujir a la disidencia civil.

A Julián Ayala, persona de pro, que mantiene su resistencia a los abusos sociales dentro de la más exquisita prudencia y sujeción a la ley, le han intentado amedrentar, haciéndole blanco de una represalia absurda, injusta ridícula y, encima, no ajustada a derecho, como acabamos de conocer en una sentencia del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 3 de Santa Cruz de Tenerife.

El fatuo concejal chicharrero Dámaso Arteaga le metió a Julián una multa de sesenta euros por, decía mendazmente, "colocar publicidad en lugares no autorizados". La sentencia ha dejado claro que esa afirmación era, pura y simplemente, mentira.

Sin embargo, creo que hay que reflexionar un pizco más sobre esta triste anécdota. Los partidos que se encaraman al poder, en mayoritaria parte lo hacen gracias a campañas de propaganda y desinformación intoxicadora que costean con fondos de origen inconfesable, pero conocido de sobra. Esos partidos colocan sus mentiras en lugares muy legales, en tanto que la resistencia social, los movimientos ciudadanos tienen que dar a conocer sus argumentos y sus acciones de la manera más elemental, sin recursos. Los medios comprometidos nos debatimos en la miseria y las personas activistas tienen que difundir su actividad colocando carteles en donde buenamente pueden.

La sanción de Dámaso Arteaga a Julián Ayala no buscaba que se cumpliera la ley, sino hostigar a quienes mantenemos nuestra disidencia con pocos recursos.

 

Quien quiera conocer la miseria moral de Dámaso Arteaga y conocer el rodículo legal que acaba de sufrir, no tiene más que leer (es breve)  la sentencia en pdf.

julián ayala

 

MANCHETA 9