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09:04h. lunes, 10 de agosto de 2020

Malas mañas de gente jedionda. De deportes de invierno a másteres por la cara. De sentencias ideológicas a reglamentos de leyes – por Chema Tante

 

FRASE CHEMA

 

Malas mañas de gente jedionda. De deportes de invierno a másters por la cara. De sentencias ideológicas a reglamentos de leyes – por Chema Tante

En beneficio de las personas que desconocen el habla canaria, empezaré por copiar la definición que da el nunca bastante admirado Pancho Guerra del término “Jediondo, a”: “Mala persona, despreciable. Insulto, ofensa semiseria. Pobre de solemnidad. De Hedionda-o. Tiesto. “ De ahí, obviamente viene “jediondeces”.

Y jediondeces es lo que contemplamos todos los días en este estado de derecha español, en el que la democracia es la gran ausente, desde aquellos funestos días de la felonía franquista. Escribo de algunas recientes jediondeces, que sirven de muestra de un extensísimo catálogo que se extiende, de un siglo al siguiente.

Jediondez es irse a esquiar con la familia a una cara estación invernal, exhibiendose en la prensa con costosas y estupendas galas deportivas, el mismo día en que las y los puretas claman por la miseria en que les ha dejado esta sociedad de la cacareada recuperación rajoyanoPpera.

Jediondez es estallarse decenas de miles de millones de euros en armas contra la gente indefensa o en obras que nadie necesita, pero negarse a costear las pensiones con fondos estatales; rechazar a las personas migrantes sin más delito que el de pretender ganarse la vida en paz; desamparar a dependientes cuyo derecho lleva tiempo reconocido por las leyes que no se respetan. Jediondez es decir que no hay dinero para unas cosas y quemarlo en otras, en las que enriquecen a los círculos afectos.

Jediondez es endosarse lacitos de colores diversos, al viento que mejor convenga, cuando antes se vituperó la iniciativa; cuando se persigue, encima, a quien se lo cuelgue de otro color que no gusta tanto.

Jediondez es tumbar el espíritu de la Constitución, que tanto se dice respetar, pero que se atropella cuando no interesa, utilizando el tristísimo asesinato de un niño para justificar el empeño en instaurar una justicia de la venganza, en lugar de la justicia rehabilitadora, que es una de las pocas cosas positivas que tiene esa Constitución heredada del franquismo.

Jediondez es cachondearse vilmente de la gente que estudia como es debido, inventándose una Universidad pública para repartir títulos y honores académicos. Nos reíamos, en Venezuela, con cierta universidad que tarifaba los títulos académicos. Pero aquella era privada, lo cual  no justifica nada, pero esta, con nombre real, es pública. Qué jedionde.

Como jediondez es, encima, pisotear el respeto a la dignidad universitaria, intentando defender lo indefendible, con documentos apócrifos, sin sellos, con pruebas anacrónicas, con testimonios tramposos. Para qué me voy a detener en detallar la tonga de contradicciones que se ha acumulado en pocas horas, pretendiendo que el máster de la sedicente rubia se consiguió legalmente. Una Universidad pública, que han convertido en jedionda los plagios rectorales, los Doctorados Honoris Causa a pillos redomados,  los títulos concedidos por la cara.

Y no menor jediondez, para no olvidarme de mis islas africanas, es seguir mintiendo sobre un combustible fósil, tóxico, contaminante, caro y que frena el paso a la renovables; jediondez es después de aprobar una Ley que da vía más libre todavía a la infernal especulación urbanística, atreverse ahora a culminar la fechoría urdiendo Reglamentos sin contar con nadie. Es sabido el aforismo de que es mejor hacer el reglamento que la ley, pero esta mana'jediondos, hace la ley, hace la trampa y hace el reglamento. Y jediondez es regodearse en la injusticia social que existe en este archipiélago "desde los tiempos de la conquista" (sic) y emperretarse en aplicar fórmulas neoliberales que se ha demostrado que solamente sirven para enriquecer más a la oligarquía, a costa de envilecer las condiciones de vida de la mayoría. Una jediondez que se perpetra desde un poder conseguido con leyes electorales absurdas y con fastuosas campañas de información pagadas con el dinero del poder económico y de la corrupción.

Y no  menor, por lo tanto mayor, que diría M. Rajoy, jediondez es dictar sentencias inspiradas por el rencor y los prejuicios y el fanatismo ideológicos, entalegando a gente pacífica que solamente ha realizado actos políticos. Jediondez es limitar o anular los derechos ciudadanos y políticos a personas inocentes, sin sentencia ninguna, a quienes se les aplica un régimen carcelario vejatorio e inhabilitante. Jediondez es mantener en el trullo o forzar al exilio a estas personas sin sentencia, en tanto que delincuentes convictos, por hechos violentos o por robos millonarios, duermen en sus casas, dentro o fuera del territorio de este estado en el que la injusticia impera. Jediondez, así de claro, es comparar el intento de defender, de manera pacífica, el derecho a la autodeterminación, con una invasión violenta del Congreso, por parte de unos funcionarios públicos que utilizaron unas armas que recibieron para preservar la convivencia, no para atacarla.

Lo escribe y lo ratifica Chema Tante

CHEMA TANTE