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17:57h. sábado, 11 de julio de 2020

El maquinista sigue vivo, pero le echan el muerto

Gonzalo Ferre, responsable de ADIF, responsable de la seguridad de los trenes

No sale ni un dato técnico. Nada justifica las llamadas a la prudencia "por respeto a las víctimas". Ya empiezan a escurrir el bulto los auténticos responsables de esta catástrofe dolorosa. Pero las declaraciones enchumban cada vez más a los culpables. El presidente de ADIF ha dicho con toda claridad: "El tren debió frenar 4 kilómetros antes' "La responsabilidad del maquinista es controlar la velocidad del tren" "Todos los mecanismos de seguridad funcionaron" "ADIF investiga por qué el tren no deceleró automáticamente". Con el tren de Santiago están haciendo lo mismo que con el avión de Barajas. Entonces, le cargaron los muertos a los pilotos muertos también. Ahora, aunque siga vivo, pretenden cargarle los muertos al maquinista. Pero las personas muertas o heridas, las víctimas, el dolor de las familias, hay que ponerlas también en el debe del ultraliberalismo criminal. Entre recortes y lo que hay que guardar para los sobornos, comisiones y negros sobresuledos, no queda nada para la seguridad.

La realidad es cruda y dura: Los avances tecnológicos otorgan al transporte feroviario una seguridad totl. Pero con una condición ineludible: que los sistemas de seguridad existan y operen en las debidas condiciones. Y todo (empezando por un maquinista avezado en la misma ruta y terminando por el presidente de ADIF) indica que el tren descarrilado no contaba con ningún mecanismo de protección que neutrlizara un error o carencia humana.

Es lo que dice, por ejemplo, con más brevedad y brillantez que yo, Tinerfe Fumero en DIARIO DE AVISOS.

Y eso que dicen, en la sublimación del descaro que "los mecanismos de seguridad funcionaro". Ya no tiene uno ánimo ni para la ironía. Sin embargo, la calamidad demuestra que esos mecanismos de seguridad, o no funcionaron, o no existían.

Dice el bardago (sí, he dicho bardago) Gonzalo Ferre, presidente de ADIF, que el maquinista es el que controla la velocidad del tren, porque de otra manera "se convertiría en un pasajero más". Fuerte sinvergüenza, qué truculenta manera de evadir la propia culpa. Que un tren pueda alcanzar altísimas velocidades, pero todo dependa del maquinista demuestra, sin necesidad de más informes técnicos, que las infraestructuras ferroviarias estásn administradas por un genuino orate. Sin ir más lejos, ¿cómo puede quedar la suerte de cientos de personas en manos del maquinista, suceptible de error, como todo ser humando? ¿qué pasa, si le da un síncope o se psicotiza el maquinista?. Y, por cierto ¿no tienen que ir dos personas en la máquina? ¿dónde está y dónde estaba el otro?.

Y yo, de la misma manera que hice el día del luctuoso suceso, insisto en que todo esto se debe a la maldita obsesión por el ahorro que produzca mayores beneficios. Beneficios, beneficios... es lo único que les importa. Por encima de la muerte y el dolor.

Y. con el muerto, que cargue el maquinista.

http://www.diariodeavisos.com/2013/07/columna-churchil-por-tinerfe-fumero-3/

http://eldia.es/sucesos/2013-07-26/14-maquinista-imputado-imprudencia.htm

http://www.laopinion.es/nacional/2013/07/26/debio-frenar-cuatro-kilometros-antes/489482.html

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/07/26/espana/1374857316.html

http://www.antena3.com/noticias/sociedad/adif-investiga-que-tren-decelero-automaticamente_2013072500083.html