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16:52h. miércoles, 23 de septiembre de 2020

Rechazo el burkini como la toca monjil, pero prohibir siempre es un error - por Chema Tante

 

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CHEMA TANTEMe repugnan el burkini, el hiyab y el burka, como la toca y los hábitos monjiles o los concursos de belleza, la utilización comercial de la imagen femenina o la exigencia de cánones estéticos. Odio lo que esto significa de opresión a la mujer. Y creo que hay que combatir todo fanatismo. sea religioso o consumista. Pero también estoy convencido de que las prohibiciones son contraproducentes. Si no impiden conseguir el objetivo buscado, al menos lo retrasan. Lo retrasan mucho.

Rechazo el burkini como la toca monjil, pero prohibir siempre es un error - por Chema Tante

Me repugnan el burkini, el hiyab y el burka, como la toca y los hábitos monjiles o los concursos de belleza y la utilización comercial de la imagen femenina. Odio lo que esto significa de opresión a la mujer. Y creo que hay que combatir todo fanatismo. sea religioso o consumista. Pero también estoy convencido de que las prohibiciones son contraproducentes. Si no impiden conseguir el objetivo buscado, al menos lo retrasan. Lo retrasan mucho.

Las prohibiciones provocan reacciones. Cuando se ha prohibido algo, de Roma a Esquilache, de Trento a McCarthy o los pololos franquistas, el intento de dominación alienta el victimismo y obtiene lo contrario de lo que se busca. A veces, el resultado es positivo, pero más a menudo genera el fanatismo más cerril. De la misma manera que la caza de brujas de los cuarenta o la brutalidad franquista produjeron una corriente de tolerancia social en USA o un ansia de democracia en el estado español (por cierto, ansia todavía no satisfecha), los martirios del Circo romano o el corte de capas y chambergos abonaron las supersticiones religiosas o el increíble "vivan las cadenas" de los pueblos del estado español.

Toda prohibición arbitraria, incluso todo rechazo social infundado, llama a la rebeldía.

Es obvio, no se puede negar, que las distorsionadas interpretaciones del Corán han suscitado en la cultura musulmana un estado de dominación de la mujer, que en la práctica se refleja en las imposiciones de ropas y tocados. Pero no es menos cierto que muchas musulmanas, árabes o no, viven su fe con sinceridad y que consideran un ultraje a su libertad que se les impida exteriorizar el testimonio religioso a que, por equivocadas que se piense que estén, tienen todo derecho.

Con vetos y condenas no se liberará a la mujer musulmana de la dominación masculina, sino con promoción social, con convencimiento y vida en libertad. 

Yo veo una manifestación más de la hipocresía de los gobiernos llamados democráticos, que impulsen en sus estados medidas supuestamente para liberar a la mujer, mientras apoyan a déspotas que perpetran las mayores violaciones de los derechos humanos, incluidos los de las mujeres. Esos mismos gobiernos occidentales que prohiben velos y burkinis, pero acosan a los movimientos árabes laicos, democráticcos, que defienden aquellos derechos humanos y respetan a la mujer, como por ejemplo los atribulados pueblos palestino y saharaui.

No prohiban elementos que son en el fondo accesorios, poco importantes. Alienten la democracia, la tolerancia,  la igualdad social y el avance económico, en Europa y en el mundo árabe, y verán como el fanatismo desaparece.

Y que todo el mundo se vista como le dé la gana.