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19:27h. martes, 24 de mayo de 2022
tecnología
Política

Tecnología para la represión, David Bollero en PÚBLICO

 

frase bollero

Espantoso panorama. No porque alguien lo describa, sino porque es así. David Bollero nos cuenta, en este artículo en PÚBLICO, como la tecnología de manejo de datos estadísticos, utilizada con propósitos comerciales o electorales políticos, puede adquirir dimensiones diabólicas. La cosa está clara. Se trata de compartimentar a la gente, en función de sus características, para actuar sobre cada grupo. En marketing es una vieja práctica, electoralmente, también, pero no tanto, porque la clase política suele ser más lerda que la empresarial, lo digo yo, Chema Tante, que sé lo que me digo. Pero cuando aparece un tipo maligno como Trump, el asunto se torna apocalíptico. Es sabido que el loco mandamás USA -loco, pero nada tonto- es un lince en su estrategia electoral. Él cuantifica la gente proclive a sus ideas, descubre que le basta para ganar elecciones y adecua su política para enardecer a su gente. Le importa poco lo que ocurra. No seré yo quién diga que mandó al asesino Derek Chauvin a matar a George Floyd, pero es que no hacía falta. A cada momento, en USA ocurren terribles sucesos como este. Trump no tenía más que esperar, y, cuando se montan las protestas, azuzar las pasiones y la exasperación. Es lo que está haciendo ahora, atrayendo votos e mala manera. Y este conocimiento de las sociedades, para encasillar a la gente, puede maximizarse con esas historias de los rastreadores de la covid-19. Toda la información que se recopila, va a alimentar la mala utilización  de los datos. Negro futuro tenemos por delante. El interesante artículo de Bollero lo señala en PÚBLICO el coherente veterano militante socialista Antonio Aguado.

Economía

Tampoco los grandes de la tecnología pagan impuestos



La gran banca, las grandes empresas, las grades fortunas, los grandes tecnológicos... los grandes sinvergüenzas, no pagan impustos en España. Aquí solamente tiene responsabilidades fiscales la gente pobre. Vean lo que cuenta Jesús Sérvulo González en este nauseabundo (por lo que dice, no por el autor, claro) reportaje en EL PAÍS.