Dos pintores nórdicos tan fascinantes como diferentes - por Joaquín Rábago

Dos pintores nórdicos tan fascinantes como diferentes

Por Joaquín Rábago

Los amantes del arte que viajen estos días a la capital española no deberían perderse dos exposiciones de pintores nórdicos que, a pesar de que vivieron prácticamente los mismos años, no pueden ser más diferentes.

ANDERS ZORN AUTORRETRATO 1889

El ligeramente anterior y un poquito más longevo es el sueco Anders Zorn (1860-1920), cuya obra se expone en la fundación Mapfre, del paseo de Recoletos. La del danés Vilhelm Hammershoi (1864-1916) puede verse en el museo Thyssen-Bornemisza.

VILHELM HAMMERSHOI AUTORRETRATO 1911

Personalmente encuentro más fascinante, por lo singular, la obra del segundo, un artista relativamente poco conocido por los no especialistas fuera de Dinamarca, aunque Zorn puede ser incluso más atractivo para el gran público.

ANDRES ZORN BAILE DE VERANO 1897

Son dos mundos, como digo, muy diferentes los que se reflejan en la obra de los dos escandinavos: el de Hammershoi es de una frialdad casi ascética, de un rigor claramente protestante; el de Zorn, en cambio, opulento y sensual.

ascinan sobre todo en el primero los interiores vacíos u ocupados solo por un piano,  una mesa u otros muebles en los que penetra a través de una ventana una luz que ilumina un trozo de la habitación o se refleja en algún objeto.

Algunos parecen inspirados por ciertos interiores de los pintores del llamado Siglo de Oro neerlandés aunque  son infinitamente más fríos, como carentes de vida.

 

VILHELM HAMMERSHOI SALÓN SOLEADO 1905

Cuando aparece alguna figura, sobre todo personajes femeninos, es casi siempre de espaldas, y con un vestido negro que ofrece un fuerte contraste con la luz del ambiente.

Entre los cuadros más interesantes están uno pequeño que representa el patio de una granja de blancas paredes y los de suaves colinas u horizontes arbolados en los que a uno le cuesta imaginarse la existencia de algún animal.

Sus retratos, normalmente de su mujer además de algún autorretrato son igualmente austeros, y nada tienen que ver con los más exuberantes que pintó el sueco Zorn, quien retrató por cierto a algunos de sus grandes contemporáneos y amigos como el español Joaquín Sorolla o el alemán Max Liebermann.

Es ciertamente curioso que habiendo nacido Zorn y Hammershoi en comunidades luteranas,  sus mundos sean tan distintos. Tal vez influyese en el artista sueco la nacionalidad alemana de su padre, un maestro cervecero.

De Zorn, aparte de sus retratos, género que cultivó con éxito y le llevó a Estados Unidos, donde retrató incluso a tres presidentes de ese país además de muchos personajes de la alta sociedad, yo destacaría sus tempranas acuarelas, sus excelentes grabados y sus paisajes fluviales o marinos, en los que refleja con absoluta maestría los reflejos del agua.

Zorn viajó por España, atraído por la imagen romántica difundida entonces por toda Europa sobre nuestro país: no había llegado aún el turismo de masas y, aunque tardíamente, algunos seguían haciendo el grand tour por Francia e Italia, a los que el sueco añadió España y el norte de África.

En España trabó amistad no sólo con Sorolla, sino también con Ramón Casas y sobre todo conoció directamente en El Prado la obra de Velázquez, que iba a ejercer sobre él, como sobre tantos otros pintores de su época, una gran influencia.

En París, donde se estableció en 1988, no sólo pasó de la acuarela, que dominaba como nadie, al óleo, sino que alcanzó también en ese,  para él,  nuevo medio un éxito enorme hasta el punto de recibir la primera medalla de la Exposición Universal del 89, el Grand Prix en la de 1900 e incluso la Legión de Honor.

La etapa tal vez artísticamente menos interesante, aunque de gran valor desde el punto de vista del folklore sueco, fue la última, cuando tras regresar a su Mora natal, pequeño pueblo en el noroeste de Suecia, se dedicó a cultivar algunos de sus temas predilectos, que cierran la exposición.

Por ejemplo, las bañistas desnudas en las frías aguas nórdicas y sobre todo las tradiciones y costumbres populares de la Suecia rural en la que había nacido y que trató de preservar así de la desaparición. 

ANDRES ZORN - OUTDOORS 1888
JOAQUÍN RÁBAGO