CANARIAS: La “Ecoisla” convertida en negocio y despojo - por Javier Marrero

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CANARIAS: La “Ecoisla” convertida en negocio y despojo - por Javier Marrero



Nos vendieron la idea de la Ecoisla como un sueño verde, una transición justa, una apuesta por la soberanía energética y el respeto al territorio. Pero lo que se está imponiendo en Gran Canaria nada tiene que ver con sostenibilidad ni justicia: es un modelo depredador disfrazado de ecológico, que convierte el suelo, el viento y la luz en mercancías al servicio de unos pocos.

Mientras el pueblo paga recibos de luz desorbitados, mientras se destruyen caminos, espacios naturales hasta el otro día protegidos, las mejores zonas agrícolas de la isla, un puñado de empresas y despachos afines se reparten millones en subvenciones, contratos y proyectos “verdes”.

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Es la ecoimpostura, ecopostureo,ecoblanqueo o lavado de imagen verde que en inglés se dice greenwashing y se repite la historia de siempre: lo público se privatiza, el beneficio se concentra y el territorio se quema, literal y simbólicamente, bajo el sello de la transición energética.

El resultado es una isla cada vez más intransitable, inviable y entregada a la especulación, donde la ciudadanía apenas tiene voz ni participación real. Se levantan parques eólicos y centrales como la de Chira-Soria sin consulta vecinal, se sellan caminos históricos, se prohíbe el paso donde antes había vida y comunidad. Todo mientras nos hacen creer que el cambio climático justifica cualquier atropello.

¿Quién se está mamando los beneficios de esta “ecoisla”?
Las grandes constructoras recicladas como “energéticas”, los intermediarios de siempre, los cargos públicos que se sientan a dos mesas, la política y la empresarial, y las consultoras que cobran por certificar el “verde” de los proyectos que devoran la tierra.

Gran Canaria -ni Canarias- no necesitan más propaganda ni más parques industriales mal llamados sostenibles. Necesita control ciudadano, soberanía real, transparencia en el reparto de fondos y respeto por el territorio. La energía limpia no puede nacer de la corrupción ni del saqueo.

Porque una ecoisla sin justicia ambiental, sin participación, sin territorio vivo, no es eco, ni es isla: es negocio.

ECOISLA

Javier Marrero

JAVIER MARRERO