MORIR EN EL HIERRO Canarias no puede ser un muro de silencio: un llamamiento urgente ante la tragedia migratoria - por Jacinto Ortega del Rosario

MORIR EN EL HIERRO 

Canarias no puede ser un muro de silencio: un llamamiento urgente ante la tragedia migratoria

Jacinto Ortega del Rosario

La reciente tragedia ocurrida en el puerto de La Restinga, en El Hierro —donde un cayuco con más de un centenar de personas volcó a escasos metros del muelle— no puede pasar como una noticia más en el ciclo de la indiferencia. Al menos cinco mujeres han muerto y un bebé continúa desaparecido. Las imágenes son brutales: cuerpos rescatados inertes en un lugar que, paradójicamente, representa para muchos el símbolo de la salvación.

Este episodio es el reflejo más crudo de una crisis migratoria que lleva años golpeando las costas canarias sin una respuesta proporcional por parte de las instituciones. La ruta atlántica hacia Canarias es hoy una de las más mortíferas del mundo. En lo que va de 2024, más de 10.000 personas han muerto intentando llegar al archipiélago. Treinta vidas al día. Treinta historias que desaparecen en el mar, ante la pasividad de quienes deberían haber actuado hace tiempo.

Como ciudadano, como ser humano, como europeo, no puedo callar más. Y las autoridades, tampoco deberían.

Es hora de hablar claro: Canarias está desbordada y abandonada. Los recursos de Salvamento Marítimo son insuficientes para hacer frente a una situación que no hace más que agravarse. La Red de Atención a Inmigrantes, los cuerpos de seguridad, Cruz Roja y los voluntarios actúan con una entrega admirable, pero bajo condiciones insostenibles. No podemos seguir gestionando esta crisis a base de parches, improvisaciones y notas de prensa que llegan tarde y se olvidan rápido.

Exijo —como tantos— que se refuercen de inmediato los medios de rescate y de acogida. No puede volver a ocurrir que una embarcación abarrotada vuelque en pleno muelle sin que haya un protocolo de desembarco eficaz y seguro. Que haya mujeres y niños que mueren con la tierra a la vista es inaceptable.

Exijo infraestructuras dignas para quienes llegan con vida. No es de recibo que los Centros de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) estén colapsados, o que quienes trabajan en ellos lo hagan sin el personal ni las condiciones mínimas. Hablamos de personas que huyen del hambre, de la violencia, de la desesperación. No podemos recibirlas con hacinamiento, abandono y silencio administrativo.

Y exijo, sobre todo, voluntad política real para abordar esta crisis con seriedad. Eso implica abrir vías legales y seguras para migrar, agilizar los trámites de asilo, cooperar con los países de origen de forma honesta —no solo policial o económica— y activar de una vez un mecanismo solidario europeo para la redistribución de los migrantes. Porque no, esto no es solo un “problema de Canarias” o de “España”: esto es un reto de toda Europa.

Lo que ha pasado en El Hierro no es una excepción: es un síntoma. Y si no actuamos ya, vendrán más muertes, más naufragios, más vergüenza.

A las autoridades locales, nacionales y europeas: Canarias no puede seguir siendo el muro de contención de Europa. Ni una fosa común más en nuestras costas. La dignidad humana no se negocia, se defiende. Con hechos.

 Gracias a JACINTO ORTEGA DEL ROSARIO