CANARIAS: La vivienda no puede esperar más - por Jacinto Ortega del Rosario
CANARIAS: La vivienda no puede esperar más
Jacinto Ortega del Rosario
Secretario General del Sindicato de Gremios Unificados en Canarias
La vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones sociales de nuestro tiempo. También en Canarias. Aquí, acceder a un alquiler digno o plantearse la compra de una casa ya no es un proyecto de vida: es, para muchos, una incertidumbre constante.
Pero esta situación no puede seguir tratándose como algo normal.
En las islas, el problema tiene rasgos propios que lo agravan. No hablamos solo de precios altos, sino de un modelo que está dejando fuera a quienes viven y trabajan aquí. El crecimiento descontrolado del alquiler vacacional, la presión turística y la falta de vivienda pública han generado un escenario en el que cada vez es más difícil quedarse. Jóvenes que no pueden emanciparse, familias que tienen que mudarse lejos de su entorno, trabajadores que no encuentran vivienda en la misma isla donde tienen su empleo.
Y mientras tanto, barrios que pierden vida.
A esta realidad se suma ahora un momento clave. En los próximos días, se someterá a votación un Decreto sobre vivienda que puede marcar un antes y un después. Su aprobación es fundamental para frenar nuevos alquileres abusivos y evitar que muchas familias sigan cayendo en procesos de desahucio. No es una solución definitiva, pero sí un paso urgente y necesario para poner límites a una situación que se ha desbordado.
Por eso, lo que está en juego no es abstracto: afecta directamente a miles de personas en Canarias que necesitan medidas concretas ya.
Lo más preocupante no es solo la situación en sí, sino la sensación de resignación que empieza a instalarse. Como si no hubiera alternativa. Como si lo único que quedara fuera aguantar o marcharse.
Pero sí la hay.
Y pasa por organizarnos.
En los últimos meses ya hemos visto cómo en Canarias empiezan a surgir movilizaciones, colectivos y voces que dicen basta. Es un primer paso importante, pero todavía insuficiente para la magnitud del problema. Hace falta dar un paso más: convertir la preocupación individual en una respuesta colectiva, especialmente en un momento en el que las decisiones políticas pueden inclinar la balanza.
Salir a la calle es clave.
No como un gesto puntual, sino como una forma de presión real en un contexto decisivo. Porque la aprobación de medidas que protejan a la mayoría social no ocurre por inercia: ocurre cuando existe una ciudadanía activa, visible y exigente.
Canarias ya ha demostrado en otras ocasiones que sabe unirse cuando la situación lo requiere. Este es uno de esos momentos.
Hace falta que, vecinas, jóvenes, familias trabajadoras y colectivos sociales se encuentren, otra vez, en un mismo espacio y en una misma reivindicación: que vivir en Canarias no sea un privilegio, sino un derecho.
La solución no llegará sola. Y, desde luego, no llegará si cada uno afronta este problema por separado.
Por eso, el llamamiento es claro: toca organizarse, apoyarse y salir a la calle. También para defender que ese Decreto salga adelante y se traduzca en protección real para quienes hoy están al límite.
Porque la vivienda en Canarias no puede esperar más.