Los derechos humanos, víctimas silenciosas de los intereses geopolíticos - por Suso Morán Gago

Los derechos humanos, víctimas silenciosas de los intereses geopolíticos

Suso Morán Gago

En un escenario internacional donde los discursos hablan de progreso y libertad, los hechos revelan una verdad incómoda: los derechos humanos son constantemente arrasados por intereses geopolíticos y económicos que operan con lógica inhumana. La dignidad de las personas —ese principio que debería ser el centro de toda política— queda relegada frente a estrategias de poder que no conocen límites éticos. Y no hace falta mirar muy lejos para comprobarlo.

Las políticas arancelarias impulsadas por Donald Trump, lejos de ser una anécdota del pasado, siguen generando tensiones económicas con efectos sociales profundos. Con la excusa del “America First”, los nuevos aranceles a terceros países están desestabilizando el comercio internacional, encareciendo productos básicos, y afectando a millones de personas en los países más vulnerables. Lo que en Washington se presenta como defensa del empleo, en otras partes del mundo se traduce en desempleo, inflación y pobreza.

Pero el problema va mucho más allá de Estados Unidos. En Europa también se observa un preocupante desvío de prioridades. El gobierno español ha aprobado recientemente un fondo de 14.100 millones de euros para proteger la exportación nacional. Al mismo tiempo, la Unión Europea ha anunciado un plan histórico de 800.000 millones de euros para impulsar su industria armamentística, en respuesta a los nuevos equilibrios de poder global. Mientras tanto, hoy mismo, cientos de miles de personas han salido a las calles en España para exigir algo tan básico como una vivienda digna.

Protestan por alquileres abusivos, por hipotecas impagables con sueldos que no alcanzan, mientras los bancos celebran récords de beneficios. ¿Cómo se explica que haya recursos ilimitados para blindar la industria militar y proteger exportaciones, pero no para garantizar el derecho a la vivienda o a una vida digna? ¿Cómo se justifica que una nómina ya no alcance para vivir, mientras se multiplican las ayudas a los sectores que menos lo necesitan?

El contraste es tan brutal como revelador. Se invierte en armas mientras se recorta en derechos. Se protege el comercio exterior mientras se abandona al ciudadano de a pie. Se habla de crecimiento y competitividad mientras se normaliza que una generación entera viva en la precariedad.

Esto no es solo una cuestión económica. Es profundamente ética. Las políticas públicas están siendo secuestradas por los intereses geopolíticos, y los derechos humanos están siendo sacrificados sin pudor alguno en nombre del poder, la seguridad o la rentabilidad.

La pregunta es: ¿cuánto más estamos dispuestos a tolerar? Porque mientras los gobiernos diseñan presupuestos para competir, las personas luchan cada día simplemente por sobrevivir.

Y eso, en pleno siglo XXI, es una derrota colectiva.

SUSO MORÁN GAGO