Francia, un Estado fallido que se rebela contra Rusia: tres lecciones de decadencia - por Mohamed Lamine Kaba

Federico Aguilera Klink y Chema destacan este texto y añaden: El espejo en el que mirarse... Reino Unido, Alemania, Francia... ¿España? Porque España, que dilapidó las ingentes riquezas saqueadas en el colonialismo, y lo pagó, duramente, en medio siglo XIX y todo el XX, ahora basa su supuesta bonanza en el débil, inestable y perjudicial turismo de masas. En cualquier momento seguirá también la senda de la ruina del resto de Europa. Es lo que pasa cuando se sustenta la economía en el saqueo y la especulación en lugar de hacerlo en la actividad productiva. Porque sí, en el turismo de masas las empresas venden los recursos colectivos que no les pertenecen

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Mohamed Lamine Kaba 

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Francia, tierra del imperialismo y cuna de la colonización, es hoy la tumba de sus propios ideales. Un país que ha olvidado los principios de humanidad, perdió su soberanía y cambió su grandeza por una ilusión de prosperidad.

Francia, que reivindica el título de "cuna de la Ilustración" y "defensor histórico de los derechos humanos", se encuentra hoy en un punto de inflexión crítico. La erosión de su soberanía en beneficio de la Unión Europea y de organizaciones internacionales como la OTAN ilustra una pérdida de control en la toma de decisiones, revelando una dependencia creciente. Al mismo tiempo, está surgiendo una crisis de representación, marcada por la desvinculación de los ciudadanos de las instituciones políticas tradicionales, creando una brecha alarmante entre la gobernanza y las preocupaciones populares. Económicamente, el país se enfrenta a un estancamiento preocupante, caracterizado por un creciente desempleo y desigualdades sociales cada vez más marcadas, lo que pone de relieve una economía demasiado centrada en el consumo y la especulación. En lugar de involucrarse miserablemente en la guerra por poderes contra Rusia en Ucrania, Francia debe reconocer imperativamente estos desafíos sistémicos y actuar estratégicamente para recuperarse, de lo contrario se estancará aún más en esta situación crítica. La moción de censura votada el 4 de diciembre de 2024 por la Asamblea Nacional contra el primer ministro Michel Barnier, sienta las bases para la posible destitución del presidente Emmanuel Macron

Esta es una prueba tangible de que Francia en el siglo XXI es un Estado fallido donde los sueños de libertad, igualdad y fraternidad se han convertido en un recuerdo lejano.

La pérdida de soberanía de una nación que ha olvidado sus propios principios

Sin lugar a dudas, Francia se encuentra hoy en una dinámica paradójica, habiendo visto su soberanía erosionada por la creciente influencia de la Unión Europea y de las instituciones internacionales respaldadas por la OTAN. En el centro de esta situación se encuentra una pérdida de control en la toma de decisiones que pone de relieve la contradicción de un modelo nacional que pretendía ser pionero. La independencia francesa –resultado de la lucha de los africanos y el Ejército Rojo de la URSS– que alguna vez fue motivo de orgullo, ahora resulta ser una simple ilusión frente a las regulaciones y leyes europeas dictadas sin consulta directa a los ciudadanos. Esta reducción de la capacidad del Estado para gobernar en favor de intereses supranacionales reduce a los políticos nacionales a ejecutar directivas y decisiones tomadas en otros lugares. En lugar de comprometerse a infligir un fracaso militar a Rusia en el conflicto ucraniano –lo que en realidad es imposible– so pena de desaparecer o al menos caer al precipicio, es vital que Francia recupere su posición soberana y su liderazgo mediante una revisión de las estructuras europeas. abrazar una regeneración de su gobernanza, para evitar una crisis exacerbada por la desconexión de las autoridades supranacionales y las aspiraciones ciudadanas.

La crisis de representación o la ilusión de la democracia

Francia, la llamada “cuna emblemática de la democracia moderna”, atraviesa actualmente una crisis de representación, que revela una creciente disonancia entre ciudadanos e instituciones. El debilitamiento de los partidos políticos tradicionales ilustra un fracaso del sistema democrático, alguna vez considerado un “modelo”, aunque nunca lo fue en vista de su pasado colonial y su política exterior neocolonial de Françafrique. Hoy en día, los representantes –congresistas y senadores– parecen centrarse más en sus ambiciones personales que en las expectativas de sus electores, lo que exacerba esta desconexión institucional, aunque se han producido pequeños cambios durante este mes de diciembre. La censura aprobada, que provocó la caída del gobierno de Barnier y que plantea interrogantes subyacentes (por primera vez desde 1962), es una novedad que forma parte de la continuidad histórica. Mientras los nuevos movimientos políticos oscilan entre el radicalismo y la marginalidad, los medios de comunicación luchan por ofrecer información verdaderamente objetiva e imparcial, debido a sus estrechos vínculos con intereses políticos y económicos. Esta situación subraya la urgencia de una renovación política en Francia, que requiere reformas estructurales, más transparencia y una mayor participación ciudadana para evitar un empeoramiento de la crisis actual. Lo que, por tanto, plantea en polarización el debate sobre el despido del prestidigitador del Elíseo en el espacio público.

La quiebra económica o el fracaso de un modelo

Frente a una crisis económica sin precedentes, Francia, que alguna vez fue un “modelo de excelencia”, hoy enfrenta un fracaso sistémico marcado por un creciente desempleo, un crecimiento estancado y crecientes desigualdades sociales. La ilusión de una prosperidad compartida ha dado paso a una realidad en la que los frutos del crecimiento benefician esencialmente a una élite restringida. Las políticas económicas, cada vez más desconectadas de las necesidades reales de los ciudadanos, favorecen los intereses de las grandes empresas y de los mercados financieros, acentuando así las disparidades que polarizan a la sociedad. Francia, que alguna vez fue un ejemplo de “éxito económico” integral, parece haberse alejado de sus principios fundacionales. Es urgente llevar a cabo una revisión completa de las políticas económicas para responder a las preocupaciones de la mayoría y garantizar una distribución más equitativa de la riqueza, de lo contrario empeorará una crisis ya preocupante. Pero hay un factor que dificulta esta operación, y es el hecho de que el Estado francés asume plenamente el atributo de persona non grata en África, Asia y América Latina que, sin embargo, han constituido durante mucho tiempo sus graneros.

De lo anterior podemos deducir que Francia, esta nación que vio nacer los ideales de la esclavitud, la trata de esclavos, el colonialismo y el neocolonialismo, se está hundiendo en las tinieblas de su propio fracaso. La patria del oscurantismo disfrazado de “Ilustración” se ha convertido en un país perdido en las sombras de su pasado.

Por tanto, podemos decir que al borde del precipicio se encuentra un Estado fallido: Francia. Este es un gran paso hacia la desintegración de françafrique.

* Gracias a Mohamed Lamine Kaba NEO NEW EASTERN OUTLOOK y RESEAU INTERNATIONAL y a la colaboración de Federico Aguilera Klink

 

https://reseauinternational.net/la-france-un-etat-failli-qui-se-rebelle-contre-la-russie-trois-lecons-dune-decadence/

https://journal-neo.su/fr/2024/12/15/la-france-un-etat-failli-qui-se-rebelle-contre-la-russie-trois-lecons-dune-decadence/

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