Las Grandes Farmacéuticas expulsadas de los comités asesores de la agencia reguladora de medicamentos y alimentos FDA - por Natalia Prego Cancelo
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Las Grandes Farmacéuticas expulsadas de los comités asesores de la agencia reguladora de medicamentos y alimentos FDA
Natalia Prego Cancelo
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El parásito bien vestido que se sentaba a la mesa. “Ahora tendrán que sentarse con el público como cualquier ciudadano común”
En un giro esperado durante años y que parecía imposible, se ha producido finalmente un hecho que sacude los cimientos de la industria médica, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) ha decidido dar un paso histórico: expulsar a los representantes de las grandes farmacéuticas de sus comités asesores.
Sí, lo has leído bien. Esos mismos personajes que durante décadas han estado operando en la sombra, moviendo hilos y aprobando medicamentos con una sonrisa, ya no podrán dictar las reglas del juego desde dentro. Ahora, como anunció el Doctor Martin A. Makary, Comisionado de la FDA, “tendrán que sentarse con el resto del público estadounidense, observar y plantear preguntas como cualquier otra persona”. El Dr. Makary es cirujano general con especializado en cirugía hepatobiliar y pancreática, además de ser pionero en trasplante de islotes pancreáticos. (islotes de Langerhans) grupos de células endocrinas dentro del páncreas, especializadas en producir hormonas que regulan el metabolismo de la glucosa y otras funciones clave. Además, es Investigador en políticas de salud pública, transparencia de costos y seguridad del paciente, con más de 250 artículos científicos publicados.
El anuncio del Dr. Martin A. Makary, “los representantes de la industria farmacéutica expulsados de los comités asesores del organismo”. Literalmente. No es metáfora. Ya no tienen derecho a voto. Ya no dictan. Ya no van a redactar con la misma pluma con la que facturan. Tendrán que sentarse entre el público, como cualquier hijo de vecino. Con suerte, sin palco VIP.
Durante décadas, el monstruo se disfrazó de benefactor. Se coló por la puerta principal, se sentó con corbata en la mesa del regulador, sirvió el café… y redactó la receta. El monstruo tenía nombre y traje de gala: Grandes Farmacéuticas (Big Pharma). Y su teatro de operaciones fue (y es) la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA).
Pero algo ha cambiado. O eso queremos creer.
El club de los fabricantes de verdades a medida
En cualquier democracia funcional, sería impensable que un ejecutivo de Monsanto evaluara los estándares del agua potable, o que un gerente de McDonald’s supervisara la dieta escolar nacional. Pero en el mundo de los fármacos, ese absurdo ha sido norma.
Durante años, empleados activos de Pfizer, Merck, Johnson & Johnson y otras marcas sin mácula (salvo por sus condenas multimillonarias por fraude) han sido miembros activos —a veces, “no-votantes”, qué detalle— de los comités asesores que dictaban si un medicamento debía o no llegar al mercado. Y, por supuesto, bajo qué condiciones, con qué dosis, en qué grupo etario, y con qué letra chica.
La ética esa señora anticuada no fue invitada a la mesa. Se la dejó afuera, como a un testigo molesto. Y el resultado fue un sistema maquillado con bata blanca que aprobaba medicamentos basados en estudios tan breves como un resfriado común, mientras el regulador miraba el reloj... quizás porque tenía entrevista en su futuro empleador.
El arte de la puerta giratoria
Nada personifica mejor el colapso ético del sistema regulador que la danza de sillas entre las farmacéuticas y la FDA. Miembros activos de empresas farmacéuticas (sí, empleados directos) ocupaban puestos dentro de los comités asesores de la FDA, los mismos que deciden qué medicamentos llegan a nuestras farmacias. Y no solo eso: algunos reguladores, tras aprobar un fármaco, saltaban directamente a trabajar para la misma empresa beneficiada. ¿Coincidencia? ¿O recompensa?. ¿Coincidencias?
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Dr. Scott Gottlieb
· Fue Comisionado de la FDA (2017-2019).
· Tras dejar la FDA, se unió a varias juntas directivas de empresas farmacéuticas, incluida Pfizer, lo que generó debate sobre posibles conflictos de interés y la influencia de la industria en la regulación de medicamentos.
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Dr. Stephen Hahn
· Comisionado de la FDA (2019-2021).
· Antes de la FDA, fue director médico en el MD Anderson Cancer Center.
· Tras dejar la FDA, se incorporó a Flagship Pioneering, una firma de capital de riesgo vinculada a la biotecnología, que ha financiado empresas como Moderna.
· Durante su gestión, la FDA fue criticada por la rápida aprobación de medicamentos como remdesivir, en medio de presiones políticas y comerciales.
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Dra. Janet Woodcock
· Durante años jefa del Centro de Evaluación e Investigación de Medicamentos de la FDA y Comisionada interina (2021), fue señalada por su benevolencia con los opiáceos… una epidemia que costó más vidas que muchas guerras.
· Ha sido una figura central en la agencia durante décadas, participando en la aprobación de numerosos medicamentos y en la reforma de procesos regulatorios.
· Su nombre aparece frecuentemente en debates sobre conflictos de interés y la influencia de la industria en la FDA.
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Dr. Peter Marks
Director del Centro de Evaluación e Investigación de Productos Biológicos de la FDA., su rol ha sido clave en la interacción FDA-industria.
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Dr. Robert Califf
Comisionado de la FDA en dos ocasiones (2016 y desde 2022). Antes y después de su primer mandato, trabajó en consultorías y juntas de empresas farmacéuticas.
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Dr. Joseph Grogan
Exfuncionario de la FDA y de la Casa Blanca, trabajó previamente para Gilead Sciences, la farmacéutica que desarrolló, fabrica y comercializa el remdesivir bajo el nombre comercial Veklury.
Esta puerta giratoria no es un fallo del sistema. Es el sistema. Y lo ha sido por demasiado tiempo.
Nueve de los últimos diez comisionados de la FDA tuvieron relaciones previas o posteriores con la industria.
Aprobaciones exprés, estudios fantasmas y la seducción del poder
¿Cómo se aprueba un medicamento en dos semanas? Fácil: con el comité asesor adecuado. ¿Cómo se autoriza un fármaco para dolor crónico con un estudio de 14 días? Simple: con los “expertos” en la nómina correcta. ¿Y cómo se calla a los críticos? Se les llama “negacionistas”, “conspiranóicos”, o (de formas más elegante aún) “no alineados con el consenso”.
¿Qué evidencia? La que ellos mismos fabrican. Porque si algo han perfeccionado las grandes farmacéuticas, es la ingeniería de la obediencia. Han entrenado a generaciones de médicos para recitar mantras sin cuestionar. Han esculpido el currículo de facultades enteras. Han financiado estudios, congresos, viajes, becas, asociaciones médicas y campañas de concienciación, todo en nombre de una salud pública que les da dividendos privados.
¿Pro-farmacéuticas o pro-ciudadanía?
A pesar de que Makary asegura que la FDA no es anti-farmacéutica, reconoce que la evaluación científica debe ser “totalmente independiente”. Porque no se puede permitir que una nueva indicación de un medicamento para el dolor crónico se base en un estudio de apenas 14 días, para luego ver al regulador firmar contrato con la empresa productora del fármaco.
Ese es el ciclo de corrupción que el nuevo liderazgo quiere romper. Porque, como él mismo afirma,
“Esta agencia no le pertenece a la industria. Le pertenece al pueblo estadounidense”.
Adoctrinamiento científico: la religión del dato bendito
Es curioso cómo las campañas de salud siempre coinciden con los lanzamientos de nuevos productos, ¿no?
En las aulas de medicina, no se enseña a dudar. La duda, ese músculo del pensamiento clínico, ha sido atrofiada en nombre de un protocolo infalible, dictado desde oficinas donde la ética se archiva junto al fax.
El estudiante que pregunta es incómodo. El médico que sospecha, un traidor. Y el científico que contradice, un paria. Porque cuando la ciencia se vuelve dogma, ya no cura: obedece.
Y así, llegamos a un punto donde una industria con múltiples condenas por ocultar datos, manipular estudios, inflar diagnósticos y destruir vidas... tenía silla en la FDA.
GlaxoSmithKline (GSK) – 3.000 millones de dólares (2012)
En 2012, GSK fue condenada a pagar 3.000 millones de dólares, la mayor multa impuesta hasta entonces a una farmacéutica. Los delitos incluyeron promoción ilegal de medicamentos, ocultamiento de datos de seguridad y reporte de precios falsos. En total, GSK ha acumulado más de 9.700 millones de dólares en multas por 27 condenas
Pfizer: multas históricas por promoción ilegal y sobornos
1. 2.300 millones de dólares (2009)
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Promoción ilegal de cuatro medicamentos (Bextra, Geodon, Zyvox y Lyrica) para usos no aprobados y sobornos a médicos.
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1.300 millones en multas penales y 1.000 millones en acuerdos civiles.
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El Bextra, retirado en 2005 por riesgos cardíacos, fue promovido para dosis y usos rechazados por la FDA.
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430 millones de dólares (2004): Promoción fraudulenta del antiepiléptico Neurontin para tratar migrañas, trastorno bipolar y otras patologías no autorizadas. Warner-Lambert (adquirida por Pfizer en 2000) ocultó datos de eficacia y pagó a médicos para recetar el fármaco.
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60,2 millones de dólares (2012): Sobornos a médicos e instituciones sanitarias en Europa y Asia para favorecer la venta de sus productos. Violaciones de la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (FCPA) entre 2001 y 2007.
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59,7 millones de dólares (2023): Comisiones ilegales vinculadas a un medicamento contra la migraña que defraudó a Medicare.
Novartis: el escándalo de sobornos en Grecia
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Demanda de 214 millones de euros (2024): Sobornos a más de 4.500 médicos y funcionarios griegos entre 2000-2015 para aumentar prescripciones y manipular precios de fármacos como Lucentis.
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Mecanismos de corrupción: Eventos médicos falsos y estudios académicos utilizados para pagar a médicos. Sobreprecios en medicamentos que costaron al Estado griego 3.000 millones de euros.
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Acuerdo en EE.UU. (2020): Novartis pagó 345 millones de dólares para resolver cargos de soborno en Grecia y otros países.
Johnson & Johnson – 572 millones de dólares (2019) y 5.000 millones en acuerdos (2021)
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En 2019, un juez de Oklahoma condenó a Johnson & Johnson a pagar 572 millones de dólares por su papel en la crisis de opioides, al considerar que la empresa promovió de forma engañosa analgésicos altamente adictivos. En 2021, Johnson & Johnson y tres grandes distribuidoras (McKesson, Cardinal Health y Amerisource Bergen) acordaron pagar 26.000 millones de dólares, de los cuales J&J aportó 5.000 millones, para zanjar miles de demandas relacionadas con la epidemia de opioides en Estados Unidos.
Purdue Pharma – 8.300 millones de dólares (2020)
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Fabricante de OxyContin, uno de los principales responsables de la crisis de opioides. En 2020, Purdue Pharma se declaró culpable de engaño y acordó pagar 8.300 millones de dólares, aunque la empresa está en bancarrota, lo que dificulta el pago efectivo de indemnizaciones
Insys Therapeutics – condenas penales y acuerdos millonarios
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En 2019, John Kapoor, fundador de Insys, fue condenado por sobornar médicos para que recetaran Subsys (fentanilo) a pacientes que no lo necesitaban, contribuyendo a la epidemia de opiáceos. Otros ejecutivos también fueron condenados por crimen organizado. Además, la empresa pagó millones en acuerdos con estados y aseguradoras.
Martin Shkreli (Turing Pharmaceuticals) – 64 millones de dólares (2022)
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Martin Shkreli, conocido como “Pharma Bro”, fue condenado a pagar 64 millones de dólares por monopolio y manipulación del precio del medicamento Daraprim, que pasó de costar 13,50 a 750 dólares por pastilla. Además, fue suspendido de por vida del sector farmacéutico
Entre 1991 y 2021, la industria farmacéutica ha pagado al menos 62.000 millones de dólares en sanciones por prácticas ilegales, según el informe de Public Citizen. Solo entre 2020 y 2021, las sanciones sumaron 16.300 millones de dólares.
Cuando un magistrado se asocia al acusado, el juez debe apartarse; sin embargo, cuando un asesor de las grandes farmacéuticas se infiltra en los comités de la FDA, no solo no se aparta, sino que convierte la ciencia en cómplice, los protocolos en coartadas y la salud pública en un mercado de futuros donde la ciecia se convierte en una farsa; los ensayos express son la moneda de cambio; yY los ensayos de 15 días se convierten en recetas crónicas, en condenas vitalicias disfrazadas de terapias.
Cuando doblan las normas para servir a intereses de Grandes Farmacéuticas y no necesariamente a la ciudadanía; se institucionaliza la impunidad.
El cambio del doctor Makary: ¿verdadera reforma o maquillaje de emergencia?
Ahora el Dr. Makary anuncia que se acabó. Que los representantes de la industria ya no estarán dentro de los comités asesores. Que se reemplazarán por pacientes y cuidadores familiares. Que se restablecerá la independencia científica. Que la evaluación dejará de ser teatro.
Celebremos, sí. Pero no olvidemos.
Porque el problema no era sólo que las grandes farmacéuticas estaba dentro de la FDA. El problema es que la FDA estaba dentro de Big Pharma.
Los lazos creados no desaparecen con una resolución. El adoctrinamiento no se borra con una nota de prensa. Y la cultura del “todo vale” no se desmonta con declaraciones nobles. Pero es un primer paso. Y hay que exigir que no sea el último.
Ética: esa palabra prohibida
La verdadera ética no es neutral. No es tibia. No busca equilibrio entre intereses económicos y salud pública. La ética de verdad, la que merecen los ciudadanos, es ferozmente parcial: está del lado de la vida, no de la rentabilidad.
Y eso implica decir basta. Basta de lobby con bata. Basta de burócratas que regulan por la mañana y facturan por la tarde. Basta de aprobar remedios como si fueran snacks en la barra de un bar. Basta de profesionales de salud vendidos y pacientes confundidos.
¿Y ahora qué?
Las farmacéuticas podrán seguir asistiendo a las reuniones. Pero ahora lo harán desde el mismo lugar que usted, que yo, que cualquier ciudadano: desde el público. Podrán observar, podrán hacer preguntas… pero ya no decidirán.
Este es un primer paso. Un rayo de luz en un sistema que por mucho tiempo ha sido opaco y complaciente. Aún queda camino por recorrer (como regular la “puerta giratoria” entre la FDA y las grandes farmacéuticas, pero algo está cambiando.
Y esta vez, no será tan fácil de revertir.
El doctor Makary ha empujado la puerta. Pero ahora somos nosotros, los Médicos por la Verdad en todo el mundo, los Médicos por la Libertad con conciencia, los ciudadanos, los periodistas, quienes debemos abuchear esa puerta hasta que se abra por completo.
Porque cuando se trata de salud pública, no hay medias tintas. O estás con la verdad… o estás subvencionado, o formas parte del consejo directivo de alguna farmacéutica.