El irregular destino de los activos rusos congelados - por Joaquín Rábago
El irregular destino de los activos rusos congelados
Joaquín Rábago
La Unión Europea, tan defensora de la propiedad privada en otros casos, quiere destinar a la ayuda militar a Ucrania los activos rusos congelados ilegalmente por Bruselas como castigo por su invasión del país vecino.
140.000 millones de los 185.000 millones de euros del banco central ruso depositados en Euroclear servirán para un préstamo a la casi quebrada Ucrania, pero no contento con eso, Bruselas trata la posibilidad de utilizar también con ese objetivo otros 25.000 millones de cuentas privadas en distintos países de la UE.
Ucrania exigía, y Bruselas estaba de acuerdo, en que el dinero confiscado al Estado ruso y a sus ciudadanos se emplease para pagar reparaciones a Kiev al final de la guerra.
Pero las reparaciones sólo las paga el país que pierde un conflicto militar y no quien lo gana. Alemania, por ejemplo, tuvo que hacerlo tras su derrota en las dos guerras mundiales, y ése no parece que vaya a ser el caso en Ucrania.
Pues bien, la UE quiere emplear ahora ese dinero de momento confiscado para, en forma de préstamo a Ucrania que este país tal vez nunca devuelva, comprar armas estadounidenses para Kiev, entre ellas los misiles Tomahawk.
Pero la negativa expresada por Donald Trump en su última entrevista con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, a deshacerse de esos misiles de largo alcance, que dice necesitar para su propia defensa, ha caído como una ducha de agua fría en Bruselas y las principales capitales europeas.
Los dirigentes del bloque comunitario reaccionaron con despecho a la, para ellos inesperada, negativa de Trump, y desde el jefe del Estado francés o el premier británico al presidente finlandés afirmaron su continuado y firme apoyo a Ucrania.
La elección por Donald Trump para su próxima reunión con el presidente ruso, Vladimir Putin, de la capital de un Estado díscolo como la Hungría de Viktor Orbán, ha sido otra bofetada para Bruselas.
Putin y Trump, interesados en una rápida mejoría de sus relaciones comerciales aunque sea a costa de los europeos, a los que ambos parece que desprecian, buscarán fórmulas para poner fin al conflicto.
Pero difícilmente podrán forzar la voluntad de Kiev y de sus aliados europeos de continuar el tiempo que haga falta la guerra con Rusia.
Al mismo tiempo, sin el apoyo militar de Washington, que ha querido desentenderse del problema y dejárselo a los europeos, la situación de Ucrania será cada vez más desesperada.
En ningún caso podrán los europeos darle la vuelta al conflicto, pero sí poner zancadillas al acuerdo al que pudieran llegar en Budapest Trump y Putin.
El presidente estadounidense podría a su vez, si quisiera, acabar con la resistencia europea, pero es dudoso que lo intentara.
Las empresas armamentistas norteamericanas tienen mucho que ganar con la guerra, y Bruselas ya ha dicho que seguirá comprando armas a EEUU pese a los deseos de Francia de proteger esa industria europea.
Mientras tanto, pese a todas las mentiras de Kiev y de los halcones a ambos lados del Atlántico sobre la evolución del conflicto, Ucrania se sigue desangrando y perdiendo cada día que pasa más territorio. Y Europa no sale de su parálisis económica. Pero no importa: “Slava Ukraini!”