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martes, 16 de abril de 2024 08:01h.

Otras agriculturas son posibles y necesarias - por Jaime Izquierdo Vallina (2011)

 

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Federico Aguilera Klink y Chema Tante recomiendan este texto. Aunque pueda parecer lo contario, la realidad es que, de 2011 a esta fecha, se presenta una mejora en el panorama que tan bien describe Izquierdo. No en la actitud de empresas y de los poderes políticos y económicos, pero sí en la sensibilidad social. Y este desastre a que nos ha llevado la ambición egoísta de empresas, políticos y poderosos, solamente se remediará con la acción ciudadana. En eso estamos. Nos va la vida. La nuestra y la de ellos...

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Otras agriculturas son posibles y necesarias

Jaime Izquierdo Vallina (2011)

 Presentación del número 97, Diciembre de 2011, de la Revista Ambienta

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Este número de la Revista Ambienta es una puerta abierta. Una bocanada de aire fresco y una invitación a asomarse a la ventana para ver lo que está pasando fuera. Más allá de los procedimientos habituales, y de las formas de hacer las cosas de la misma manera, algunas iniciativas se han puesto en movimiento manejando nuevas ideas o reformando, y rehabilitando, algunas antiguas. 

Están cambiando los tiempos y, por eso, hoy más que nunca, es cierto que los que no sepan vivir con anticipación, estarán condenados a vivir en la estricta supervivencia. Casi nada de lo que hasta ahora habíamos considerado como inamovible, y estable, debe quedar ajeno a la reflexión y al debate que se abre, no solo con la crisis, que también, sino con el cambio de modelo económico y energético que ha movido el mundo desde la generalización del uso de las energías fósiles. 

La agricultura no está al margen de la reflexión crítica y de la búsqueda de soluciones para solventar, reformar, cambiar, actualizar o innovar en aquellos aspectos que directa, o indirectamente, afectan a las formas de producir, de comercializar, de relacionarnos con los mercados, con los consumidores o con el medio ambiente.

A la agricultura industrial, que durante estos últimos cincuenta años desarrolló un control hegemónico y desplegó su inmenso poderío ideológico, técnico, científico y político para dominar todos los resortes posibles de la actividad agraria, le estamos viendo algunas fisuras. 

Sin duda que a los métodos industriales les debemos muchos avances, y buena parte del bienestar de nuestra generación, pero es hora de afrontar una revisión pensando en el futuro, en una mejor redistribución de la riqueza creada y en solventar algunos déficits ambientales que pueden limitar el bienestar de las generaciones venideras. 

Durante más de cincuenta años, la agricultura industrial fue implantándose de forma monopolística hasta acabar con los mercados de las pequeñas agriculturas milenarias, y de proximidad, que desde los entornos agropecuarios de cercanías abastecían a ciudades y villas. 

A la par que hacía lo mismo con los cientos de pequeños modelos agroecológicos históricos de los campesinos españoles, desperdigados por los más fascinantes rincones de nuestra geografía —con sus métodos holísticos, integrados en la naturaleza, gestores activos de biodiversidad, constructores de paisajes, de visión sistémica y multifuncional, movidos con energías renovables locales y dirigidos por unas sólidas instituciones comunales de gobernanza local— que quedaban al borde de la extinción, o se perdían para siempre, mientras desde la ciudad, y la burocracia industrial, aplicábamos una política desarrollista, o conservacionista, que ni los entendió, ni los vio siquiera, y que por tanto fue incapaz de negociar con ellos para buscar una alianza en la tarea conjunta de conservar agrodiversidad, naturaleza y cultura campesina. 

Por eso este número de Ambienta, en el que se presenta una selección de iniciativas propuestas por diversos emprendedores, tiene tanto valor, pues estamos convencidos de que el futuro de la agricultura, del medio rural y de la conservación del patrimonio natural y cultural del campo, no pasa por un único sitio, como si pasase por un embudo. Al contrario, pasa por miles de pequeños agujeros, como si lo hiciese por un colador.

Pero para que se den las condiciones que faciliten el florecimiento de los emprendedores individuales, o sociales, necesitamos abordar algunas reformas estructurales y modificar algunos comportamientos culturales y políticos que sirvan tanto de caldo de cultivo como de incentivo para explorar nuevas vías.          

Necesitamos una mayor preocupación e interés por parte de la sociedad urbana, y del conjunto de las instituciones, para impulsar nuevas políticas de relación interterritorial y visualizar que el campo no es ese espacio que queda libre y baldío entre las ciudades, sino la matriz donde se insertan las urbes y sus servidumbres de paso, el territorio que nos provee de alimentos, energías, recursos naturales, lugares de recreo y el que alberga la mayor parte de la biodiversidad. Que el campo es un espacio para el fomento de la innovación y que sin campo, sin un medio rural activo y consciente, respetable y respetado, la ciudad no tiene futuro. 

Y necesitamos también personas que desde el campo se atrevan a ponerse en marcha. Emprendedores, investigadores e iniciativas como la que propone Carlos Priego, que nos refresca la memoria para decirnos que la agricultura urbana está retomando con fuerza lo que fue suyo desde el origen mismo de las ciudades hasta hace apenas unas décadas. 

José María Egea nos presenta los paisajes agroecológicos, y por ello culturales, y nos habla tanto de las tecnologías y las organizaciones que los crearon como de las oportunidades que se nos abren con su actualización como bienes patrimoniales vivos. Carlos Ferrás, con el proyecto de Granxa familiar de Galicia, nos presenta una actualizada versión, contemporánea y modernizada, de las formas históricas de relación directa entre los productores de la aldea y los consumidores de villas y ciudades.

Algo que conocen bien tanto los segovianos de Ecomanjar que han puesto en marcha una explotación en ecológico en su pueblo o el Ayuntamiento de Zeraín, en Guipúzcoa, que a través de una Fundación propia desarrolla una iniciativa de emprendiduría social para comercializar la producción agraria de sus vecinos.

La biotecnología más puntera al servicio de la micología ecológica en la empresa Hifas de Terra, o los más ancestrales conocimientos del pastoreo aplicados a la prevención de riesgos ambientales y la mejora del monte mediterráneo, que nos presentan respectivamente Catalina Fernández y José Luis González Rebollar, son ejemplo de los extraordinarios mestizajes de conocimientos que enlazan miles de años de historia y civilización.               

Nuevas formas de relación contractual, para gestionar el territorio y retribuir la prestación de los servicios ambientales que la agricultura, la ganadería o la silvicultura aportan, son analizadas por Blanca Rodríguez de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. 

Y desde la Universidad, en este caso de la Oviedo, regresaron a Asiegu, su aldea natal en Los Picos de Europa, los hermanos Niembro, con la licenciatura en Geografía debajo del brazo, para reencontrarse con los conocimientos que su abuela Guillermina les había transmitido en la infancia. Combinaron conocimiento y trabajo campesino, con visión geográfica, y han inventado una empresa a mitad de camino entre el turismo rural y la rehabilitación del sistema agroalimentario local 

Por alguno de esos agujeros, del gran colador que tamiza las iniciativas más innovadoras del campo, pasan las experiencias que se presentan en este número y que ponen en evidencia que otras agriculturas son posibles. Posibles y necesarias.

* Publicado originalmente en AMBIENTA en 2011. La casa de mi tía republica con permiso del autor y la colaboración de Federico Aguilera Klink

https://www.mapa.gob.es/app/publicaciones/art_datos.asp?articuloid=1550&codrevista=AM

JAIME IZQUIERDO VALLINA
JAIME IZQUIERDO VALLINA
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Jaime Izquierdo Vallina

Desde hace más de veinte años Jaime Izquierdo Vallina (Asturias, 1958) trabaja en los territorios de genuina naturaleza campesina por superar los conflictos que han enfrentado las aspiraciones de desarrollo de la comunidad local con las de conservación de la naturaleza. En su opinión, para solventar este desencuentro, propiciado en buena medida por la influencia hegemónica del pensamiento urbano-industrial, se hace imprescindible cambiar de perspectiva en ambas políticas —desarrollo y conservación— y promover simultáneamente, en una misma acción, los objetivos de conservación patrimonial y de desarrollo socioeconómico de la comunidad.
Como consecuencia de su trabajo ha sido distinguido con algunos premios, ha dirigido cursos y seminarios, ha impartido conferencias y ha publicado numerosos artículos y libros, entre los que destacan, Manual para agentes de desarrollo rural: ideas y propuestas para moverse entre la conservación del patrimonio y el desarrollo local (2002); El regreso del señor Hoffmann y otros relatos de ambiente entero (2005); Marqueses, funcionarios, políticos y pastores: crónica de un siglo de desencuentros entre naturaleza y cultura en Los Picos de Europa (2006); Asturias, región agropolitana: las relaciones entre el campo y la ciudad en la sociedad posindustrial (2008) y La casa de mi padre (2012).

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