El Nobel para Corina, el petróleo venezolano para Trump... y China al fondo - por Chema Tante

El Nobel para Corina, el petróleo venezolano para Trump... y China al fondo - por Chema Tante

Trump puede aceptar esperar por el Nobel, pero no por el dinero.

Las tramposas mañas de Trump. Mientras nos encandilaba con su pretendida obsesión por el Nobel, maniobraba para que se lo dieran a Corina, a quien yo estoy seguro de que pocos miembros de la noruega Comisión Nobelera conocían. Nobel de la Paz para Corina, que pide la invasión armada de su propio país, que llama a los militares a la insurreción armada, que pide a Netanyahu que intervenga...

CORINA NETANYAHU

El Nobel para Corina está pagado por Trump. Solamente hay algo más importante para Trump que su ego: su dinero. Y necesita el petróleo venezolano. Como consecuencia de más de un siglo de colonización, las refinerías USA no funcionan con otro tipo de petróleo distinto al venezolano. Ese es el gran problema de Estados Unidos, que Venezuela era su campo petrolífero...  En su visión simplista, Trump cree que Corina le dará el control del grifo petrolero venezolano. Ya pensó lo mismo con Guaidó y le fue como le fue.

Y, en esto, China tenía preparado otro misil, no nuclear, sino estratégico, que le ha explotado en toda la cara a Trump. Las Tierras Raras, los lantanoides, imprescindibles para la fabricación de todos los chismes tecnológicos de los que ya depende la vida humana. Mientras los geniales estrategas de Occidente se refocilaban en la orgía de la especulación financiera -la financiarización que convirtió el dinero en mercancía- y olvidaron la producción real, los chinos se ha dedicado a invertir en cosas serias. Entre ellas, la forma de obtener estas Tierras Raras, de las que su tecnología ha convertido a China en árbitro de la comercialización.

Ahora, China ha introducido una serie de medidas que limitan el acceso a estos materiales estratégicos. Y Trump le responde con lo único que sabe -o que puede hacer- los aranceles: 130% a todo el comercio chino.

Otra vez,  la locura occidental se estrella contra la sabiduría milenaria del socialismo chino.