“La omnipresencia del inglés es un proceso de colonización camuflado de cosmopolitismo”, afirma Juan Luis Conde - por Joaquín Rábago
“La omnipresencia del inglés es un proceso de colonización camuflado de cosmopolitismo”, afirma Juan Luis Conde - por Joaquín Rábago
“La omnipresencia del inglés es un proceso de colonización camuflado de cosmopolitismo”, afirma Juan Luis Conde, profesor de Filología Clásica en la UCM y recién elegido presidente de la Sociedad Española de Retórica (1).
“En los años setenta la cuestión era irrisoria. Todavía entonces en los colegios se estudiaba francés y la marca de neumáticos Firestone se pronunciaba tal cual, “firestone”.
“A partir de los 80, el fenómeno se dispara, lo cual coincide con la caída del muro de Berlín y la desmembración de la URSS, es decir, con el proceso de integración en las redes internacionales dominadas por Estados Unidos”, afirma Conde, que lleva muchos años estudiando ese fenómeno.
“Se produce entonces un aluvión de ´poder blando’ estadounidense, cine, música, cultura en general. La gente cree que es cosmopolitismo porque es algo que sucede en todo el mundo. Le ve claras ventajas a hablar inglés porque su prestigio curricular aumenta y “abre puertas”.
Pero como explica Conde, estudioso del historiador romano Cornelio Tácito, éste describía ese tipo de colonización desde el punto de vista del colonizador con una sinceridad casi desconcertante.
“Hablando sobre un mundo al revés, cuando éramos los latinos quienes conquistábamos Britania, con su suegro, el general Agrícola al frente de las legiones romanas, Tácito escribe sobre el comportamiento de las poblaciones sometidas”.
“Se extiende sobre el entusiasmo que las clases altas muestran por vivir a la romana (tiendas, termas, fiestas, etc.) y particularmente por aprender latín, cosas que Agrícola promueve como parte de su poder blando”.
“Y aquellos incautos llamaban “civilización” a lo que no eran más que los grilletes de su esclavitud, escribe Tácito, y no se puede ser más claro”.
“Como muy bien sabía Tácito, son esas clases altas y medias, que tanto presumen de patriotismo, que llevan banderitas (rojigualdas) hasta en el collar del perro, las que con más entusiasmo apoyan y expanden la dependencia cultural y lingüística”, critica Conde.
Y añade: “Estados Unidos y Gran Bretaña no necesitan gastar ni un duro en la promoción del inglés: sus virreyes (las autoridades de los países dependientes) se encargan de hacerlo obligatorio para sus poblaciones”.
“Por eso es difícil denunciarlo. Ellos han aprendido a identificar la sumisión al poder blando como una forma indiscutible de modernidad. Lo cual explica por qué se asocia a todo aquello que quiere pasar por moderno y cosmopolita, por ejemplo la omnipresente publicidad”.
“Los usos lingüísticos, explica Conde, son siempre un síntoma, un indicio muy claro de las formas en las que se identifica al poder y se le rinde pleitesía, que es la manera en la que amplias capas de la sociedad creen garantizar su supervivencia y, en particular, la forma en la que los privilegiados creen poder conservar sus privilegios”.
Preguntado por otro asunto de polémica, la exigencia de algunos patronos de que sus empleados hablen el español de Castilla, Conde señala que “dentro del país, las relaciones de poder son las que establecen las prioridades”.
“En torno al Renacimiento, la antigua norma de Toledo, ceceante, se impuso a la de Sevilla, seseante, y desde entonces la lengua mesetaria parece neutra y las demás, variedades mancilladas por los acentos”.
“Y no digamos ya si esos acentos son americanos porque, a fecha de hoy, las relaciones económicas y el hecho de que se trate de inmigrantes te permite mirarlos por encima del hombro”.
“He escuchado a gente quejarse, dice Conde, de que no se enseñe suficiente castellano en Cataluña y he tenido que recordarles que la inmensa mayoría de los locutores y presentadores de los programas de radio y televisión más influyentes son catalanes. Y a pesar de semejante evidencia, siguen insistiendo en que hay que enseñar más castellano en Cataluña”.
“Se constata así una vez más que la ideología es más poderosa que la experiencia. Por supuesto no piensan que debajo de su impecable acento mesetario pueden encontrarse asnos de todo pelaje incapaces de articular una frase”.
“Muchos periodistas, con perdón, son incapaces de formular correctamente una oración de relativo aunque sean de Burgos. Pero eso no importa. Lo que se condena es un seseo o una nasalización”.
Preguntado finalmente por el objetivo de la nueva junta directiva de la Sociedad Española de Retórica, Conde explica que es el de favorecer su visibilidad, proyección y presencia pública”.
“Lo que nosotros llamamos “retórica” integra todos los recursos que pretenden que un mensaje actúe sobre los demás en un sentido determinado. Por eso, muchas disciplinas modernas, como la publicidad, son sólo apéndices de ese conocimiento aplicado a tecnologías actuales y a escenarios modernos”.
“Lo que pretendemos, añade, es impulsar un conocimiento que no solamente capacite para hacer un uso más cuidado del lenguaje, por ejemplo, para que la gente pueda expresarse con más claridad, sino que fomente la cortesía y el diálogo”.
“Y que al mismo tiempo desarrolle intelectualmente a las personas para enfrentarse a un mundo dominado cada vez más por formas de la propaganda y la manipulación, que son los términos que adopta la retórica cuando sus fines o sus medios son inconfesables”.
Así, critica Conde, son bienvenidas “las doctrinas que fomentan la elegancia, la corrección y la formalidad, cosas que pueden conformarse desde las instancias de poder, pero no tanto aquellas otras que aguzan el sentido crítico y forman al individuo para defenderse de la persuasión al servicio de esos mismos poderes, ya sean políticos, sociales o económicos”.
“Por eso, añade, la retorica como disciplina genérica se mueve en un ámbito sospechoso: es bienvenida cuando favorece patrones de asimilación o integración, o cuando permite reforzar las diferencias sociales al crear medios de “distinción” (Pierre Bourdieu), pero desconfía de ella cuando, desvelando los trucos y alertando sobre su uso ofrece vías de emancipación personal”.
-
El salmantino Juan Luis Conde es además autor del recién publicado “Convencer o morir. El arte de la política en la época dorada de la China Antigua” (Arpa Editores).