Una red social pública para frenar a Elon Musk - DIARIO RED

Manolo Marrero recomienda este editorial de DIARIO RED 

Una red social pública para frenar a Elon Musk DIARIO RED *

ELON MUSK

Si de verdad los líderes europeos están preocupados por la utilización evidente que está haciendo Elon Musk de X para avanzar la agenda del odio, la violencia y el racismo por todo el mundo, está en su mano responder.

En los últimos días, Elon Musk ha preguntado en X a la gente si hay que salvar al pueblo británico mediante una invasión estadounidense para derrocar al laborista de centro-derecha Keir Starmer, al que ha llamado "tirano" y ha acusado de ayudar a los pederastas a que no se enfrenten a la justicia, ha roto relaciones con el ultraderechista Nigel Farage por considerarlo demasiado blando tras haberse desmarcado el líder de Reform UK del neonazi convicto Tommy Robinson, ha hecho campaña por el partido heredero del nazismo AfD de cara a las próximas elecciones alemanas de febrero, se ha puesto durante unas horas como avatar en su cuenta a "la rana Pepe", un meme que las personas de extrema derecha utilizan para reconocerse entre ellas, y ha agitado la criminalización de las personas migrantes en Catalunya propagando un artículo de La Razón que había publicado en X una cuenta de la extrema derecha polaca. Unos meses antes, mediante la difusión de bulos y mensajes de odio, Musk fue clave para alentar una serie de pogromos en Reino Unido, en los que varias turbas violentas recorrieron diferentes ciudades dando palizas a cualquier persona racializada que se cruzaban por la calle y quemando los negocios regentados por personas migrantes.

Ante el hecho evidente de que la persona más rica del mundo no solamente está decidida a utilizar todo su poder y su dinero, así como una de las redes sociales más importantes del mundo para hacer avanzar un programa político que persigue la eliminación física de las personas migrantes —muy especialmente de las que no tienen dinero y no son blancas— sino que, además, pretende intervenir en los procesos electorales que se abran en cualquier país —incluidos los de la Unión Europea— para impulsar al máximo a los partidos que defienden esta misma agenda xenófoba y supremacista, algunas voces relevantes se están empezando a escuchar. En los últimos días, no solamente el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, ha respondido contundentemente a los ataques dirigidos directamente a él, sino que también se ha expresado públicamente contra Trump el presidente francés, Emmanuel Macron, el canciller alemán, Olaf Scholz, o el primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Stoere. Incluso el portavoz de la Comisión Europea, Thomas Regnier, ha expresado reservas sobre que Musk pueda estar incumpliendo las normas de la UE en lo que se refiere a "la gestión de riesgos sobre el discurso cívico y los procesos electorales".

Entre el temor, la desesperanza y una incipiente —y todavía minoritaria— búsqueda activa de soluciones

Mientras los principales líderes europeos finalmente señalan lo evidente, la mayoría de los sectores de la opinión pública que no son abiertamente neofascistas se mueven ya desde hace mucho tiempo entre el temor, la desesperanza y una incipiente —y todavía minoritaria— búsqueda activa de soluciones.

En este último apartado, con motivo de la victoria de Donald Trump y la implicación de Musk no solo en la campaña sino también en su futuro gobierno, incluso se llegó a producir un pequeño éxodo de usuarios de X a Bluesky. Otras personas, hace tiempo que intentaron dar viabilidad a la red comunitaria Mastodon. Otras muchas directamente abandonaron X para refugiarse en otro tipo de redes sociales —supuestamente más amables— como Instagram. Este tipo de iniciativas colectivas que agregan miles de decisiones individuales son positivas en tanto y en cuanto no dejan de constituir un intento de lucha; un paso de la desesperanza y el miedo a la acción. Sin embargo, todos los movimientos que se han producido en esta dirección hasta ahora se han demostrado enormemente limitados y algunos tienen incluso graves problemas de concepto en el medio plazo.

El abandono de X por otras redes sociales de propiedad corporativa, como Instagram, Facebook o incluso Bluesky es algo cuyo éxito va a depender, en última instancia, del comportamiento ético de los dueños económicos y materiales de la red de llegada. Es más, incluso aunque la propiedad corporativa de la red que se elige como destino del éxodo parezca estar comprometida en una primera etapa con ciertos estándares éticos, no parece que el sistema capitalista proporcione una obstrucción demasiado fuerte para que, en un momento dado, un multimillonario decida hacer lo mismo que hizo Musk con Twitter: comprarla. Por supuesto, también puede ocurrir que, sin cambiar de dueños, los dueños actuales cambien de ética; como ha ocurrido recientemente con la apertura de ChatGPT a ser usado como herramienta militar. No digamos ya si la red de llegada, como Facebook o Instagram, ya ha demostrado comportamientos poco éticos en el pasado. No podemos olvidar que, entre los primeros casos de manipulación de la democracia mediante la manipulación masiva de las redes sociales, como son el Brexit y el escándalo de Cambridge Analytica, el vehículo utilizado fue Facebook y aquello se llevó a cabo con la connivencia —tácita o explícita— de otro de los millonarios célebres de Silicon Valley: Mark Zuckerberg. Por último, opciones descentralizadas, basadas en software libre y construidas por los propios usuarios, como Mastodon, no han conseguido todavía alcanzar unos mínimos niveles de aceptación como para competir con las redes de propiedad corporativa, quizás por el peor diseño de sus interfaces o por el conocimiento un poco más avanzado que se requiere para su uso.

Ante esta situación, hay una opción de respuesta disponible que resulta evidente y que, sin embargo, prácticamente nadie está mencionando: la creación de una red social pública bajo control democrático.

Una red social que cuente con la enorme potencia de fuego presupuestaria de los presupuestos públicos sí puede mirar a los ojos a estos gigantes y obligarles a elegir entre el respeto a las normas democráticas o la desaparición

Del mismo modo que, en casi todos los países desarrollados, el sistema de medios de comunicación privados bajo control corporativo convive y compite con televisiones y radios de titularidad pública, nada impide que un estado —o una confederación de estados, como la Unión Europea— dediquen sus recursos y sus capacidades a poner en marcha una red social también pública. Pero no solamente estamos hablando de una opción que tiene una evidente legitimidad democrática. También tiene numerosas ventajas. En primer lugar, al no buscar el beneficio económico, los algoritmos que se inscriban en la nueva red no van a tener el aliciente de la recaudación monetaria para caer en dinámicas nocivas como la difusión de bulos y odio o la búsqueda permanente de emociones fuertes frente a los procesos racionales que ya han demostrado en numerosos estudios generar más interacción y por lo tanto más dinero. Además, en una red social pública, las normas éticas que los ciudadanos decidan democráticamente se pueden implementar directamente en su funcionamiento; algo muchísimo más eficaz que establecerlas en normas y directivas que, después, se intentan hacer cumplir sobre grandes corporaciones trasnacionales mediante largos procesos de litigio. Por último, los diferentes estados del mundo desarrollado son los únicos agentes económicos con un tamaño lo suficientemente grande como para poder competir con los grandes capitales. Mientras que una iniciativa comunitaria o desarrollada por una pequeña empresa tiene pocas probabilidades de competir de tú a tú con X, con Facebook o con TikTok, una red social que cuente con la enorme potencia de fuego presupuestaria de los presupuestos públicos sí puede mirar a los ojos a estos gigantes y obligarles a elegir entre el respeto a las normas democráticas o la desaparición.

Si de verdad los líderes europeos están preocupados por la utilización evidente que está haciendo Elon Musk de X para avanzar la agenda del odio, la violencia y el racismo por todo el mundo, está en su mano responder. Y está en nuestras manos, en las manos de la ciudadanía, el exigirles que lo hagan.

* Gracias a DIARIO RED y a la colaboración de Manolo Marrero

https://www.diario.red/articulo/editorial/red-social-publica-frenar-elon-musk/20250107214444040857.html

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