CANARIAS: ¿Por la sequía? La falsa “ecoisla”: el barranco de Arguineguín convertido en negocio y cemento - por Javier Marrero
Relacionado:
CANARIAS:
¿Por la sequía?
La falsa “ecoisla”: el barranco de Arguineguín convertido en negocio y cemento
Javier Marrero
“El movimiento se demuestra andando”, dice el dicho. Y en Gran Canaria, lamentablemente, el movimiento parece ir en dirección contraria a lo que se promete como sostenibilidad. El caso del Barranco de Arguineguín es un ejemplo doloroso de cómo el territorio común, el agua y la biodiversidad acaban puestos al servicio de intereses privados, bajo el paraguas de proyectos que se venden como verdes.
El Cabildo de Gran Canaria ha entregado la cuenca del Barranco de Arguineguín a empresas privadas, otorgándoles el control del cauce, de las presas más importantes de la isla y, con ello, de un bien tan esencial como el agua. Se presumía de que el proyecto Chira-Soria sería un referente de energía limpia, con la promesa de dotar de agua a la agricultura local. Pero la realidad ha terminado siendo muy distinta.
El barranco, antaño un corredor natural de gran valor ecológico, se ha convertido en un paisaje herido: alquitrán, cemento y escombros reemplazan a la flora autóctona, transformada ahora en un “jardín” artificial que solo mal sobrevive gracias al riego y los fertilizantes. La fauna, desplazada o desaparecida, deja atrás un vacío que se hace visible en cada metro del cauce. Entre ellas el caso del caracol chato de Arguineguín, una especie endémica que ve su hábitat reducido y probablemente al borde de la extinción.
Mientras tanto, los agricultores que durante generaciones han sostenido la economía y la identidad del lugar, se ven obligados a comprar agua a precios cada vez más altos, intentando mantener con esfuerzo lo que antes era un ciclo natural. El agua prometida por el proyecto energético, cuando llegue, será desalinizada, con los riesgos que ello supone para la calidad de los suelos a medio plazo.
El resultado es un modelo de “transición ecológica” que avanza sobre el territorio sin contar con sus habitantes ni con la naturaleza. Se destruye lo que se dice proteger, se privatiza lo que era común y se enmascara la pérdida de biodiversidad bajo el discurso de la innovación verde.
Si esto es la llamada “ecoisla”, habrá que preguntarse qué significa realmente esa palabra. Porque lo que está ocurriendo en Arguineguín, y en tantos otros rincones de Gran Canaria, no es sostenibilidad, sino una nueva forma de colonización del territorio, esta vez pintada de verde.
El territorio no se defiende con slogans, sino con hechos. Píquelo menuo que es la pa’ la cachimba.
https://www.laprovincia.es/gran-canaria/2025/11/04/cien-agricultores-cercados-arana-recurren-123341462.html