Soberanía alimentaria o chovinismo agrario - por Adriá Rodríguez

 

 

Soberanía alimentaria o chovinismo agrario

Adriá Rodríguez

CRÍTIC

 SIN PERMISO

 

 

BROOKE L. ROLLINS

La Secretaria de Agricultura de Donald Trump, Brooke L. Rollins, anunciaba recientemente el plan Make Agriculture Great Again. Se trata de una agenda que parece calcada de las Corn Laws (Leyes de cereales), un conjunto de aranceles puestos en marcha en el Reino Unido a partir de 1815 para blindar el poder de los terratenientes ingleses. Rollins afirmaba a los medios que “los granjeros americanos producen la ternera más segura y saludable del mundo”. Esta afirmación, de resonancias higienistas y supremacistas, recuerda a la de Marie Le Pen en la televisión francesa, donde afirmaba que “los productos franceses son más seguros y de mejor calidad”. Le Pen ha construido su base social sobre un mundo agrario en descomposición por el neoliberalismo, consiguiendo transformar el patriotismo republicano en chovinismo agrario. Su discurso se articula en torno a una confrontación con la Unión Europea y sus políticas verdes como la Farm to Fork. Como anunciaba en la red social X, “Tenemos que recuperar el control que ahora tiene sobre nosotros la Unión Europea, que liquidó el modelo francés agrícola basado en las explotaciones familiares. Haré patriotismo económico y será el final de la PAC” (la Política Agrícola Común).

En Cataluña tenemos nuestra versión de Le Pen, Sílvia Orriols, quien fue a votar con la camiseta de Revolta Pagesa a las últimas elecciones catalanas. Su formación, Aliança Catalana, también se ha hecho fuerte en las zonas rurales, especialmente en aquellas con menos densidad de población. En su programa electoral afirman que “a día de hoy, solo un 40% de lo que consumimos se produce en el país, por este motivo, queremos aumentar la soberanía alimentaria catalana para protegernos de futuras crisis y generar más puestos de trabajo en el campo catalán.”

SILVIA ORRIOLS

Un modelo productivo que concentra la riqueza y recorta derechos

El mes de julio, en IDRA (Instituto de Investigación Urbana de Barcelona, publicamos el informe Acciones públicas para fortalecer Mercabarna en la alimentación sostenible[1]. En el estudio explicábamos que solo el 15% del producto que comercializa Mercabarna proviene de Cataluña. Alianza Catalana no tardó en rentabilizar este dato. En la red social X apuntaban que esta “es una vergüenza intolerable: sin soberanía alimentaria ni apoyo a campesinos, ganaderos y pescadores, Cataluña se ahoga.” Es cierto que lo es, pero la verdadera vergüenza no proviene del dato en sí, sino de un modelo productivo que concentra la riqueza en detrimento de los derechos, la ecología y los territorios, que es precisamente la agenda que la extrema derecha quiere ignorar.

El mismo uso del concepto de soberanía alimentaria que usa Aliança Catalana también lo han usado el Frente Nacional Francés y VOX, quienes afirman querer “defender al sector primario nacional con políticas que ayuden España a conseguir la soberanía alimentaria”. Orriols, Abascal, Le Pen y Trump reducen la soberanía a una cuestión nacional. Esta es su respuesta a un sector cada vez más afectado por la derrota de promesa globalizadora, que afronta un aumento del coste de los insumos a la vez que una disminución de ingresos. Detrás de este fórceps financiero, en realidad, hay la enorme concentración industrial y corporativa construida a lo largo de estos 50 años de globalización neoliberal.

Chovinismo agrario para tapar conflictos y contradicciones

Tanto Orriols como Abascal han atacado en numerosas ocasiones las importaciones de productos del Marruecos. Esta queja por el supuesto dumping marroquí, un mantra recurrente, se basa en un falseamiento de la realidad. Según la balanza comercial de 2023[2] las importaciones agro-alimentarias en España provienen en primer término de Ucrania (17%), Brasil (11%) y EE.UU. (4,3%). Las importaciones del Marruecos suponen solo un 1,4%. ¿Escucharemos a Orriols o Abascal exigir el cierre de las importaciones de EE.UU. por competencia desleal?

El chovinismo agrario reniega de los productos y migrantes africanos a la vez que depende completamente de ellos como fuerza de trabajo. Con una mano los explota en el campo y con la otra convoca a Torre Pacheco. Hace unos meses entrevisté en Lleida a Domingo Morales, temporero, abogado y portavoz de Fruta con Justicia Social. Morales remarcaba que el problema no es la producción de fruta en sí, sino este modelo intensivo de producción de fruta basado en triturar los derechos fundamentales y los ecosistemas. El chovinismo agrario se sirve de la bandera para tapar los conflictos y las contradicciones resultantes del modelo intensivo al tiempo que deja completamente de banda cuestiones fundamentales: ¿en qué condiciones medioambientales han sido producidos los alimentos? ¿Quién trabaja el campo? ¿En qué condiciones laborales? ¿Cómo interactúa el modelo productivo intensivo con los territorios, los ecosistemas y la salud de las personas? ¿Quién se beneficia económicamente? El reduccionismo a la nación invisibiliza todas estas cuestiones.

Soberanía alimentaria según la Vía Campesina

El 1992 nació la Vía Campesina, una organización mundial que integra más de 200 millones de trabajadores y trabajadoras del campo, en respuesta a los impactos negativos de la globalización capitalista. Cuatro años más tarde, en la Cumbre Mundial de la Alimentación de la FAO, la Vía Campesina propuso el concepto de soberanía alimentaria[3]. Según aquella primera definición, la soberanía alimentaria era “el derecho de los pueblos y de las naciones a definir sus propias políticas agrícolas y alimentarias, priorizando la producción local”. Posteriormente, esta definición se complementó al Foro de Nyéléni de 2007 en Mali[4], como “el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos, culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica”.



Aquí se encuentran los elementos clave que diferencian este concepto de soberanía alimentaria del de las fuerzas ultraconservadoras: definir democráticamente las mismas políticas agrícolas, decidir sobre el modelo alimentario y productivo, alimentos saludables, producción local, sostenible y ecológica. El chovinismo agrario es la forma de prevenir el conflicto de clase atizando la guerra entre pobres. La soberanía alimentaria de la Vía Campesina defiende el derecho de los pobres del planeta, en gran parte trabajadores del campo, a definir su destino colectivo. Se trata de un proyecto de clase y ecológico. Es por eso que este concepto de soberanía no es exclusivo de los trabajadores sin tierra y del pequeño y medio campesinado. Definir qué modelo alimentario y productivo queremos es un proyecto de emancipación colectiva.

 


[1]     Acciones públicas para fortalecer Mercabarna en la alimentación sostenible: https://idrabcn.com/es/publicacion/mercabarna/

[2]     Balanza comercial agraria 2023: www.revistasice.com/index.php/BICE/article/view/7841/7940

[3]     Vía Campesina. ¿Qué significa soberanía alimentaria? https://viacampesina.org/es/quignifica-soberanalimentaria

[4]     Declaración de Nyéléni: https://nyeleni.org/IMG/pdf/DeclNyeleni-es.pdf

 

Gracias a Adriá Rodríguez, CRÍTIC,  SIN PERMISO y a la colaboración de Federico Aguilera Klink

ADRIÁ RODRÍGUEZ

 

Miembro del Instituto de Investigación Urbana de Barcelona (IDRA). Investiga las relaciones entre ecología y sistemas alimentarios con una perspectiva de clase. @adriaral

 

 

 

 

 

 

https://www.elcritic.cat/opinio/adria-rodriguez/sobirania-alimentaria-o-xovinisme-agrari-245201

https://sinpermiso.info/textos/soberania-alimentaria-o-chovinismo-agrario

 

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