CANARIAS: Utilizar a los menores migrantes con fines partidistas y de negocio - por Javier Marrero
CANARIAS:
Utilizar a los menores migrantes con fines partidistas y de negocio
Javier Marrero
Vuelve a pasar, sin vergüenza maldita alguna. Se sigue utilizando a los menores que han llegado de forma irregular en pateras para hacer política partidista, sin importar el daño que se hace no solo a ellos, sino también a quienes día a día trabajan con honestidad y entrega en su cuidado y formación. Es profundamente indignante.
Lo digo con conocimiento de causa. Fui uno de los primeros directores de centros de acogida para menores extranjeros. Y entre las personas que siempre me apoyaron con firmeza cuando intentaron torcer mi trabajo desde intereses privados, estuvo Enrique, uno de los educadores más íntegros con los que he trabajado. Juntos enfrentamos la entrada en este ámbito de fundaciones surgidas desde el aparato empresarial de la derecha, que vieron en la gestión de estos menores un negocio rentable. Aquello no fue filantropía, fue especulación con vidas humanas vulnerables.
Por eso Enrique y yo, y tantas otras personas que sí creemos en una acogida digna, siempre hemos defendido que la gestión de los hogares y proyectos para menores debe recaer directamente en las administraciones públicas. Y debe hacerse con personal formado, bien remunerado y con estabilidad laboral. Basta ya de precarizar una labor tan delicada y necesaria como es la de cuidar y educar a niños y adolescentes que han llegado solos, muchas veces después de un viaje brutal, buscando un futuro mejor.
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Sabemos que existen irregularidades en muchas de las ONG y entidades que operan en este ámbito. Algunas por una nefasta política pública, otras porque directamente han surgido como negocio, sin ningún tipo de vocación social o educativa. Eso no se puede permitir. Pero tampoco se puede usar esa realidad para señalar, sin pruebas y con clara intención política, a personas que han demostrado una trayectoria limpia y comprometida.
Enrique no solo no ha ejercido prácticas de tortura ni odio hacia los menores, como irresponsablemente se insinúa. Al contrario: ha sido referente para muchos de ellos. Muchos de esos chicos, hoy ya mayores, recuerdan con cariño y respeto la formación en valores que recibieron en los hogares que coordinaba. La mayoría de quienes pasaron por sus manos saben que encontraron a una persona firme pero justa, exigente pero humana. No es casualidad que sea uno de los pocos educadores con formación real y con capacidad para coordinar equipos de trabajo diversos en hogares complejos.
Así que ya está bien. Ya está bien de hacer política partidista a costa de menores que necesitan protección. Ya está bien de manchar la reputación de quienes han dado lo mejor de sí mismos, en condiciones a menudo adversas. Y ya está bien de mirar hacia otro lado cuando lo que hace falta es una gestión pública valiente, honesta y centrada en las personas.
Que se investigue, sí. Que se depuren responsabilidades si las hay, por supuesto. Pero que no se haga con la saña de quien no busca la verdad, sino el rédito fácil de un titular. Porque detrás de cada nombre propio señalado, hay una historia, un trabajo, un compromiso. Y en este caso, el de Enrique, lo que hay es una vida entera dedicada a educar.
Javier Marrero
Adelanto que no nos vamos a quedar quietos, estamos moviendo un escrito entre educadores y antiguos educandos.