Las verdades de un sindicalista alemán - por Joaquín Rábago

 

Las verdades de un sindicalista alemán

Joaquín Rábago

El sindicalista alemán Lars Hirschhorn, miembro del comité de empresa de la empresa automovilística Volkswagen, analiza con inteligencia lo que sucede en su país y en general en Europa.

Cuando los Estados del llamado “socialismo real” de la Europa del Este se desmoronaron, “los accionistas descubrieron rápidamente su nuevo potencial de presión”.

“O trabajáis sin problemas los fines de semana o trasladaremos la producción a la Europa del Este”, dijeron los empresarios a sus trabajadores, a quienes reclamaron  la máxima flexibilidad en persecución del máximo beneficio para los accionistas.

Las plantillas hicieron entonces muchos de los sacrificios que se les pedían porque veían en ello la única manera de conservar sus puestos de trabajo.

Y ¿qué ocurre hoy?, se pregunta Hirshhorn. Y se contesta a sí mismo: “Hemos renunciado al sueldo, aceptado prolongar la jornada laboral y ahora muchas cosas en materia de formación se deciden en Polonia”.

“Los mercados mundiales del automóvil están saturados. Lo mismo en China que en Estados Unidos o en Europa, cientos de miles de automóviles están sin vender, lo que amenaza los dividendos de los accionistas”.

“Y las familias de industriales del sector Piëch, Porsche, Quandt y Musk hace tiempo que no saben dónde invertir sus miles de millones para que les sean rentables”.

FAMILIAS PIËCH, PORSCHE Y QUANDT Y ELON MUSK

Y  ahora, añade el sindicalista, la familia Porsche quiere  volver a fabricar armamento porque es rentable. No porque quieran defender la democracia o se preocupen del bienestar de sus trabajadores, lo único que les importa es la obtención de beneficios.

TANQUE FERDINAND, DISEÑADO POR PORSCHE, EVOLUCIONADO DESPUÉS HASTA EL ELEPHANT

“Vivimos en una  sociedad que se encamina de modo decidido a una nueva gran guerra”, advierte Hirschhorn, según el cual  no se trata de defender los “derechos humanos o democracia”, como se hace creer.

“Ya se trate de Ucrania, del Congo o de Palestina, no único que interesa son las materias primas, el beneficio y el poder”, denuncia el sindicalista.

Los accionistas no enviarán nunca a sus hijos al matadero. Y el presupuesto militar especial decidido por el anterior Parlamento berlinés antes de su disolución para la militarización del país es como los créditos de guerra que el 4 de agosto de 1914 aprobó la socialdemocracia alemana, traicionando su propio programa y  su historia.

Ese presupuesto especial para el rearme, equivalente actual de los créditos de guerra, “los pagaremos los trabajadores, no Musk, ni Porsche ni Thyssen-Krupp”, avisa Hirschhorn.

Hoy, como antes de la Primera Guerra Mundial, añade,  hay también gentes en los sindicatos y en la plantilla de Volkswagen que apoyan los nuevos créditos de guerra y están contentos porque va a proporcionarles trabajos bien remunerados en la industria armamentista. ¿Cuándo aprenderemos?, se pregunta con amargura. 

JOAQUÍN RÁBAGO