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miércoles, 07 de diciembre de 2022 12:06h.

Altas rocas y montañas, nos retan - por El Padre Báez

 

 

el padre báez...están ahí y parece nos dicen: “¡suban, suban!” 

Altas rocas y montañas, nos retan - por El Padre Báez *

Altas rocas y montañas, nos retan; están ahí y parece nos dicen: “¡suban, suban!” Y de hacerlo, no darán ganas de bajar, más allá del panorama a contemplar, sino que andando por donde los guanches andaban, nos encontraremos -como dijimos ayer- las huellas, restos y señales de su paso, hacer y estar. Por supuesto, nada en ese medio, está ajeno a peligros varios, y lo de menos es perderse, sino una caída, por lo cual toda prudencia ha de ser poca. Téngase en cuenta, se trata de ascender o subir, y a veces trepar, y más que la meta, hay que mirar: que por el mismo sitio hay que volver o bajar, y visto desde arriba, el vértigo pudiera con uno, y acabar en helicópteros, a evitar. En distintos lugares hay ya excavaciones; otras, por hacer, o simplemente ver lo que hay, sin más. Nunca jugar a ser arqueólogo aficionado, que cual ciencia, tiene su arte o método (no se diga, no hablo bien de la profesión, aunque los hay que denigran a la misma, por enfrentamientos, odios y rencores irreconciliables, divididos). Las omnipresentes cazoletas o cálices donde el ofertorio y ofrenda a Acorán o a Dios, están por todas partes, señal clara de la profunda religiosidad de los guanches, y ese “contacto” con Dios de continuo, cual corresponde a un pueblo místico, de entrega al Ser Supremo. La sorpresa y pregunta sin respuesta es casi siempre la misma. Pero, ¿cómo pudieron hacer esto o eso, y con tal perfección? La roca más dura, parece cortada cual si por un cuchillo fuera y se tratara de queso, partiendo piedras vivas, sin sobresalir ni esconderse del nivel, y tanto que asombra. Lo cual habla del arte de construir, de su arquitectura tan perfecta, que al presente, no ha sido ganada, ni imitada, y ello sin el hierro u otros minerales que no tenían, por más que los conocían, pues vinieron de donde los dejaron, y nunca faltaron algunas piezas dadas como regalo o botín de enfrentamientos con extraños, venidos de donde nunca debieron haber venido, pero... No faltará el aprovechamiento del agua que distintos manantiales se la ofrecía entre sus casas y poblados, como elemento indispensable para sobrevivir, y ello más allá de barrancos y otros cauces, aguas que recogían cual elemento vital que es, para ellos y sus cabras o ganados, y objeto de peticiones -ya visto- en ritos y ceremonias que han llegado a nosotros y se mantienen como tradición, pues somos ellos y siguen en nosotros. En más de un caso -pienso en Temisas y otros lugares- la erosión, y la caída de rocas, cuando no la apertura de carreteras que no han respetado nada de los guanches, sino que destrozan, rompen y desaparecen lo que debe ser preservado cual si sagrado -sin serlo- fuera. Asombra ver esos cortes en los riscos, y cómo asoman en ellos -colgados, y sin acceso humano posible- esas casas, cuevas, graneros, salones, palos, etc. Y ya de paso, que se está en las alturas, se contemple la puesta de sol (previendo la bajada a oscuras y a evitar), como en cualquier otra manifestación estética de la madre naturaleza, que nos muestra la Obra de su Creador, a los que adoraban como buenos cristianos que eran.

El Padre Báez, desviándose un tanto de la línea trazada desde un comienzo, pero que estimular al público a ver, disfrutar, descubrir, conocer, etc., es algo primordial, toda vez, que replegados ante el televisor, ante el móvil u otras adicciones, nos empobrecemos, nos embrutecemos, y ya es hora de salir, salir de sí, salir al campo, subir y encontrar tesoros por descubrir, y que se convertirá en pasión, y si en ello entusiasmamos a la juventud, habremos dejado para ellos la mejor herencia: la búsqueda y el aprecio de nuestro ayer, de neutro pasado, de nuestra Historia, que está -repito- por escribir, pues cuanto nos ha llegado y visto desde fuera no nos vale, valdría lo que los guanches hubieran dejado escrito, pero no lo hicieron sino con sus obras materiales, grabados, cerámicas, casas, etc. Y hay que aprender a leer estas manifestaciones de un saber que no ha sido superado por nadie en el mundo, entrando así los guanches en el mundo clásico, paralelo al griego o/y romano, y no precisamente eran unos salvajes, por vestir pieles de cabras, que hasta en ello mostraron su astucia, su sabiduría y arte, y tanto que viendo otros ropas y ropajes, no los deseaban, sino seguir con los suyos, en todo mejores que los que veían en los castellanos y otros, pues la calidad del tejido es incomparable y hasta hábitos hacían con ellos.

* Remitido por El Padre Báez para su publicación