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jueves, 29 de septiembre de 2022 08:03h.

Con él se fue todo un idioma

Él - por Antonio Cabrera de León

 

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TANARU
TANARU

 

Él - por Antonio Cabrera de León *

Él murió. No sabemos qué día, pero fue en agosto. No sabemos su nombre porque esa fue una de sus muchas victorias sobre nosotros. Jamás quiso mezclarse con la horrible plaga de gusanos que invadimos su mundo. Intentó la distancia a toda costa, y logró no respirar nunca el aire que los gusanos exhalamos.

Fueron tantas sus victorias sobre nosotros que casi no pueden contarse. Con él se fue todo un idioma. Leyendas, tradiciones, cuentos infantiles, sabores, sabiduría de las plantas y los limos, amores, besos de abuela. Con él se extinguió la tribu y el mundo. Alguien así, un héroe capaz de evitar el suicidio pese a ver morir a toda su especie, quizá no nazca sino una vez en cada planeta. No fueron sólo sus hijos, si los tuvo. No sólo su esposa, si es que tuvo una. No sólo su familia, ni su tribu. Él vio morir a toda la especie de seres humanos que había conocido. Libres y dueños del mundo sin macharlo. Y tuvo la entereza de esperar pacientemente la muerte que la naturaleza le deparara. Como una victoria más, como una victoria final.

Era joven cuando descubrió la llegada de otra especie. Lo imagino, petrificado tras un árbol, contemplando la capacidad de exterminio que tiene la gusanidad. Su angustia debió ser equiparable a la de los humanos de “La Guerra de los Mundos” ante aquellos seres invasores. Seguramente nunca supo que existían cientos de pueblos humanos como el suyo, y que fueron igualmente exterminados por los gusanos. Para su suerte, debió morir ignorando que la magnitud de la matanza era aún mayor. Morir desconociendo la aniquilación desde los Inuit del Ártico hasta los Ona de la Patagonia.

Algunos gusanos de buen corazón intentaron protegerle de nosotros mismos, le respetaron la distancia y le denominaron Tanaru. Otros, los más, simplemente lo apodaron como “el indio del agujero”. Nuestra incultura sólo está a la altura de nuestra impiedad. O quizá estoy equivocado. Quizá es que la impiedad es nuestra cultura. Basta mirar a nuestros héroes y mitos para saber qué nos diferencia como gusanos, del indio humano que condenamos a extinguirse.

Tomemos la palabra de Winston Churchill, sin duda un gusano de los nuestros, y no poco mitificado: "No admito que se haya hecho un gran mal a los indios pieles rojas de América o a la gente negra de Australia. No admito que se haya hecho un mal a esta gente por el hecho de que una raza más fuerte, una raza de grado superior, una raza más sabia, por decirlo de alguna manera, haya entrado y tomado su lugar”.

Pues eso. A él le entramos y tomamos su lugar. No pidamos perdón.

* En La casa de mi tía por gentileza de Antonio Cabrera de León

ANTONIO CABRERA DE LEÓN RESEÑA
MANCHETA AGOSTO 22