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viernes, 19 de abril de 2024 07:36h.

Entre la “Buena Prensa” y la “prensa mala” - por Nicolás Guerra Aguiar

 

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Entre la “Buena Prensa” y la “prensa mala” - por Nicolás Guerra Aguiar *




 

“Los periódicos son más importantes que las ametralladoras… con la condición de que no haya libertad de prensa”. Esta sentencia (y otras) corresponden a un personaje literario del novelista francés Henry de Montherland e invitan a la reflexión. 

HENRY DE MONTHERLAND
HENRY DE MONTHERLAND
HENRY DE MONTHERLAND
"EL CAOS Y LA NOCHE" DONDE SE NARRA LA HISTORIA DE DON CELESTINO, ANARQUISTA ESPAÑOL

  Tras una primera lectura, la conclusión es bien sencilla: si no hay libertad de prensa, nuestro mayor interés debe centrarse en los periódicos. A fin de cuentas las ametralladoras amedrentan, atemorizan e incluso matan -simbólicamente- a palabras escritas, pregoneras de la libertad. (No obstante, me despista la condición impuesta -“Que no haya libertad de prensa”- pues, si hubiera, ¿serían menos importantes los periódicos? ¿Acaso sobrevalora el poder de las armas?    

 El protagonista novelesco es un anarquista español refugiado veintitantos años en Francia tras la Guerra Civil y cuya obsesión es leer también los “diarios de la noche”, imprescindibles “para entender los matutinos”. Es decir, pueden ampliar noticias del día anterior e, incluso, disponen de más tiempo para meditarlas y opinar. No obstante, añade, hay un inconveniente: “Las personas informadas repiten lo que han leído en los periódicos”. 

  Por tanto, el anarco lo tenía muy claro: si las personas instruidas son simples ecos, los diarios pudieron haber tenido la tentación de crear interesadas informaciones allá por los sesenta, siglo pasado. Lo cual nos lleva, de inmediato, a otra pregunta cuya respuesta, estimado interlocutor, la dejo en sus manos: ¿hoy, casi setenta años después, hay sentido crítico en los lectores, analizan la información o, simplemente, la reproducen como mantenía el anarquista? 

MAYO 68, ANARQUISTAS Y LIBERTAD DE PRENSA
MAYO 68, ANARQUISTAS Y LIBERTAD DE PRENSA

  ¿Un ejemplo? Echemos un vistazo a nuestro alrededor y recordemos la falsa transferencia de 93 000 euros -Venezuela e Irán- a Pablo Iglesias “ventilada” por un periódico. Por suerte, la propia institución policial demostró que el “Informe P.I.S.A.” (‘Pablo Iglesias, S.A.’) fue información parida por la “policía política” del Gobierno (2016) e estratégicamente divulgada un día antes de que se constituyeran las Cortes (XI Legislatura), estreno de Podemos. Pero la noticia fue reproducida por interesados medios a la velocidad de la luz. Y su pernicioso mensaje caló profundamente en miles de ciudadanos.

INFORME PISA

  Volvamos al titular. En nuestra lengua las comillas aclaran que se trata de citas textuales, es decir, literalmente transcritas. Por tanto, el entrecomillado no es algo caprichoso sino una regla o norma aceptada para evitar confusiones sobre su autoría. Así, en ambos casos reproduzco las construcciones tal como las leo en un artículo (“Los malos periódicos”) firmado por Marcelo Spínola, arzobispo de Sevilla y fundador del periódico El Correo de Andalucía,  finales del XIX. 

SPÍNOLA
SPÍNOLA

  Analicemos, pues, las dos secuencias lingüísticas entrecomilladas (“Buena Prensa”, “prensa mala”). La primera usa mayúscula en posición inicial de ambas palabras. La segunda no. Y sabemos que la mayúscula o versal jerarquiza los términos, les da más valor y categoría (de ahí la vasallesca tendencia, por ejemplo, a escribir “Su Majestad el Rey Don...; Su Alteza Real la Princesa Doña...” frente a “El doctor y catedrático universitario...”; “El premio nobel de...”). 

  Y las minúsculas se utilizan en los nombres comunes, muchísimo más habituales, frecuentes (“¡Hijo la gran puta, cacho cabrónnn!”, le gritó su madre a “¡Juanilloooo!”, osada criaturita de Dios en Sardina de Gáldar). Con lo cual podríamos llegar a una conclusión: quien usó las dos construcciones lo hizo a sabiendas, pretendía diferenciar gráficamente dos tipos de prensa, “la Buena” y “la mala”. 

  Entonces, desde la perspectiva del señor arzobispo-articulista, ¿cuál sería la mala? Pues, sin filosóficas elucubraciones ni teorías gravitatorias, la que ataca a la Religión (sic) y, por tanto, a la patria (sic), ya que los intereses de la segunda son exactamente los de la primera, afirma. Lo cual lleva, sin intermediarios, a la identificación Religión / patria. Así, cuando hay ataques a la fe; si se rechaza “la marca de lo divino” o se aplaude lo que la Iglesia y la razón natural condenan, se actúa “de manera funesta en los espíritus” (cit. El Correo de Andalucía). 

  Desde lo lingüístico puede hacerse otra observación. Muchas veces los adjetivos tienen distintos significados si están antepuestos (epítetos, intención explicativa) o pospuestos (añaden una característica al sustantivo). De tal manera, por ejemplo, “pobre hombre / hombre pobre; gloria vieja / vieja gloria; sabio pequeño / pequeño sabio”… (Podrían incluirse las estructuras trimembres que se dirigieron Emilia Pardo Bazán  -“Adiós, viejo chocho”- y Benito Pérez Galdós cuando se encontraron de frente tras la ruptura de su anterior relación amorosa.)

emilia pardo bazán perez galdós

  El señor arzobispo añadía algo más: “la mala” es prensa escandalosa, combate a la autoridad eclesiástica, viola el descanso dominical, sirve a los intereses empresariales con “políticas endiabladas” pagadas por “materialistas, judíos o masones”.  (Entonces, ¿los intereses empresariales ajenos a “políticas endiabladas” simbolizan la pureza informativa y de opinión?) 

  El señor arzobispo debió de suponer que la España de su momento era el caos social, la debacle revolucionaria, la plaga ideológica desatada desde los infiernos por satánicas legiones… Y no andaba equivocado: desde 1868 hasta noviembre de 1873 la Prensa española sintió algo así como una liberación espiritual, un desarreto precoz, un desagallo... acaso imbuida de planteamientos revolucionarios. 

  Sí. Los movimientos obreros europeos (1848) llegaron a España con retraso, pero tras la Revolución de 1868 y hasta 1873 se produjo la eclosión de la prensa libre. Solo en Madrid hubo casi cuatrocientos periódicos (diarios, semanarios, revistas…), no todos enemigos del muy respetable pensamiento cristiano. Fueron los años del Sexenio Liberal o Sexenio Democrático... hasta la vuelta de los Borbones (Restauración) impuesta por las armas: el general Pavía entró con sus tropas en el Congreso y echó por tierra la Primera República Española. (Por cierto: el viernes de la semana pasada fue 23 de febrero.)

  Yo comparto la visión de Nicolás Salmerón (ex presidente de la Primera República y catedrático de Metafísica expulsado del aula en 1874): “La prensa libre, la prensa (digna y tanto más digna puede ser cuanto más libertad tiene), esa nunca destruye instituciones ni causa revoluciones violentas, se inspira en la opinión […]”.

NICOLÁS SALMERÓN

 

  Los tiempos han cambiado. La Iglesia ya no es la dueña de la Patria. Pero hay mentes del anteayer que han recuperado trasnochados planteamientos y pretenden imponerlos. Y tienen sus voceros, hábiles propagadores. ¿Convencerán de que la prensa libre es la “prensa mala”? (Y la así denominada, ¿es absolutamente libre hoy?)

PRENSA IGLESIA

* Gracias a Nicolás Guerra Aguiar

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