CANARIAS: Ecos y semblanza de Guía de Gran Canaria - por Erasmo Quintana
CANARIAS:
Ecos y semblanza de Guía de Gran Canaria
Erasmo Quintana
Guía de Gran Canaria, la ciudad de Luján, del poeta Bento, el canónigo José Gordillo y Ramos, Rafael Almeida, Basilio Ramírez, Miguel de Santiago, Néstor Álamo, Manuel González Sosa, Braulio, forman ese mosaico de personajes ilustres que honran el solar donde nacieron. Hubo una lejana época en que las amas de casa galdenses venían a Guía con la cesta a la cabeza para hacer la compra de la semana en el mercadillo que se instalaba frente a la Iglesia. Hoy ya es un recuerdo histórico, pues ese dinamismo lo tiene Gáldar, donde cualquier día parece festivo. Allí, la calle Capitán Quesada, o calle larga, ya no la conozco; es escenario para toda clase de productos que se ofrecen comercialmente.
Guía de Gran Canaria es hoy otra cosa, un lugar recoleto y de instrospección, alejada del tumulto, un recinto de pleno descanso. Sus calles conservan el más que cuatricentenario trazado, así como emblemáticos y valiosos edificios. Ahí está la casa de los Díaz Bilbao, donde nació Néstor Álamo; la casa de los Acedo, de los Quintana, de los “Valdeses” y de los Sánchez-Ochando. La histórica Villa Melpómene, relacionada con el universal músico francés, Camilo Saint-Saëns. El nombre de la casona se debe a aquella heroína de la Tragedia griega, añadiendo por nuestra parte que también coincide con el canto VIII del poema épico “Hermann y Dorotea”, del gran poeta alemán Goethe.
Guía fue fundada y tuvo su primer alcalde en 1526, cuando se desgajó de Gáldar por la importancia que fue adquiriendo, su lugar y riqueza de agua. Dinamismo que no se ha detenido hasta hoy por el tesón indesmayable de sus hijos; llenos de altibajos unas veces, sobresaltos otras; de incuria y de escasa imaginación, que la tuvo frenada en su desarrollo, pero siempre y en toda circunstancia, con el trabajo y el valor de los guienses, prosperando, los cuales se han ganado merecida fama de imaginativos creadores de artesanía -ejemplo lo tenemos en el buen hacer del artesano de la madera, Juan José Caballero, y el no menos Francisco Torres con el tradicional cuchillo canario-, enriquecedora referencia de los valores etnográficos de nuestro sin par terruño.
Aquí conviene ir desgranando citas y anécdotas desconocidas para ciertas personas, a las que la alocada dinámica de sus responsabilidades cotidianas los condiciona; la conocida calle de Enmedio, hoy de Pérez Galdós, donde recalaba por temporadas nuestro universal imaginero José Luján Pérez, y donde quiso venir a morir, cuando vio próxima su muerte. Allí, en su casa natal, pusimos cuando fui concejal de Cultura, una placa que nos lo recuerda. Como curiosidad, también en alguna ocasión hemos expresado nuestra extrañeza, viendo que un importante hijo de Guía tiene su nombre rotulando una calle que desemboca en la Plazoleta de Farray, en Guanarteme, Rafael Almeida, y no la tiene en su lugar de nacimiento, Guía de Gran Canaria. La capital así lo recuerda porque fue el primer Administrador del Puerto de la Luz y de Las Palmas. Uno de los guienses más preclaros, porque además de alcalde de su ciudad, fue un importante emprendedor en diversos negocios, entre ellos la agricultura, creando riqueza en una época bastante dura en resultados. Rafael Almeida Mateos fue uno de esos hombres honrados, cabales e íntegros. Su vida y labor pública resultó ser de lo más ejemplar, pues ante una situación en que lo comprometían firmando algo que no consideraba recto, ante la exigencia a la que lo sometían, prefirió renunciar al cargo de alcalde porque su conciencia no le permitía tal cosa. Así era el gran personaje nacido en Guía, al que muchos guienses inexplicablemente desconocen.
La única imagen que se conserva de Rafael Almeida
Nota de Erasmo Quintana, de 2019, sobre Rafael Almeida
Y tratemos así mismo de cosas pendientes, igual de importantes. Hace ya más de dos años, con ocasión de la presentación de mi libro “Gritos en el desierto”, en la plaza Grande de Guía, me referí al lamentable estado de ruina que presenta la Casa natal del Canónigo Gordillo, y la peripecia mía de emprender actos para recuperarla, haciendo de ella algo parecido a la Casa natal de Tomás Morales, en Moya. Al término de la intervención, se me acercó el concejal Alfredo Goncalves, hoy alcalde, para decirme que lo de la casa de Gordillo lo estaban tratando, con ocasión de que ya el Cabildo lo había catalogado Bien de Interés Cultural (BIC), además de adquirirlo en propiedad recientemente. En realidad, el resultado es llover sobre mojado. Pasa como con todo aquello que carece de voluntad política, se eterniza. El inmueble, al estar abandonado durante tantas décadas, da pena verlo. Y garantizo que si el mismo perteneciera a cualquier otro municipio de la Isla, tratándose del lugar de nacimiento de uno de los padres de la Primera Constitución Española en las Cortes de Cádiz, de 1812; canario que representaba a Gran Canaria, además de ser presidente por turno de las mismas Cortes, seguro que esto que vemos ahora de la casona no hubiera llegado a tan lamentable situación.
Como se adivinará, mi voluntad está signada, señalada por la eterna espiración de alcanzar metas que jamás se hacen realidad, que nunca llegan. Es el signo que me acompaña, siendo la prueba más evidente de ello, esa recopilación de artículos que me publicaron los periódicos La Provincia y Diario de Las Palmas y también La casa de mi tía, en forma de libro, que publiqué con el sugerente título, “Gritos en el desierto”. Pues bien, sigo dando gritos en lugares en los que nadie me puede escuchar. Tal vez sea por eso, que mis exclamaciones, llenas de sana y recta aspiración, son anormales elucubraciones mías que a casi ninguno de mis paisanos interesan.