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viernes, 09 de diciembre de 2022 00:00h.

La dignidad de la izquierda débil - por Francí Xavier Muñoz

Las marchas de la dignidad que confluyeron en Madrid el sábado 22 de marzo resultaron un éxito de afluencia, teniendo en cuenta que los sindicatos mayoritarios no las convocaron y que, por tanto, fueron el resultado de la coordinación de diversos partidos y sindicatos de izquierda, así como de mareas ciudadanas que llevan años luchando contra los recortes impuestos por los gobiernos españoles, a sugerencia de la troika (CE, BCE, FMI) y el Consejo Europeo.

La dignidad de la izquierda débil - por Francí Xavier Muñoz, Diplomado en Humanidades y en Gestión Empresarial

Las marchas de la dignidad que confluyeron en Madrid el sábado 22 de marzo resultaron un éxito de afluencia, teniendo en cuenta que los sindicatos mayoritarios no las convocaron y que, por tanto, fueron el resultado de la coordinación de diversos partidos y sindicatos de izquierda, así como de mareas ciudadanas que llevan años luchando contra los recortes impuestos por los gobiernos españoles, a sugerencia de la troika (CE, BCE, FMI) y el Consejo Europeo.

Sin embargo, el éxito de la convocatoria se vio ensombrecido por la difusión que los grandes medios del sistema dieron a los actos vandálicos de un grupo minoritario que, siempre en las grandes manifestaciones, actúa no sabemos si por su cuenta y riesgo o por mandato de quienes más beneficiados resultan del desprestigio de un amplio movimiento social y callejero.

Y en ese debate interesado sobre los disturbios la derecha muestra siempre su mayor perspicacia y la izquierda su mayor ingenuidad. Por ejemplo, en el debate de La Sexta Noche todos los intervinientes progresistas tenían que haber utilizado la misma coletilla: “no voy a entrar a comentar la violencia porque la violencia se comenta por sí misma, voy a pasar a hablar de los motivos de las marchas de la dignidad”. Y ahí hubieran cerrado el debate y hubieran dejado solos a los intervinientes conservadores y liberales. Al final, éstos consiguieron su objetivo: hablar de los disturbios y no de la protesta. Pero ya decía Iñaki Gabilondo que la derecha en este país es bastante más lista que la izquierda.

Por otro lado, los convocantes de cualquier manifestación que acabe en disturbios deberían exigir siempre a la Policía que publicara la adscripción partidista o sindical de los detenidos, para saber exactamente a qué grupos pertenecen y si se pueden vincular a los organizadores de las protestas. Porque resulta que la noticia siempre es el número de detenidos pero, una vez puestos en libertad o a disposición judicial, nada más se sabe de ellos, excepto en muy contadas ocasiones.

Hay motivos para sospechar que los disturbios son siempre iniciados por infiltrados policiales. Ya se vio en alguna manifestación y se seguirá viendo en más manifestaciones mientras gobierne la derecha. Con respecto a las marchas de la dignidad fue sintomática la conexión que hizo en directo la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, con La Sexta Noche. Por un lado reconoció el éxito de la manifestación, pero por otro se sorprendió de la violencia que en esta ocasión habían empleado los alborotadores y de lo pronto que habían empezado, antes de que terminara el plazo legal para desalojar la Plaza de Colón. Una inusual violencia para una inusual manifestación, estatal y de izquierda alternativa, de cuyo éxito podría derivarse un especial nerviosismo para el Gobierno del PP y la oposición mayoritaria del PSOE. Otro dato para la extrañeza es el abultado número de heridos policiales frente al reducido número de detenidos (la tercera parte de aquellos).

Las marchas de la dignidad han sido la manifestación de la izquierda débil, aunque no todos los que acudieron puedan adscribirse a esa categoría política pero, al menos, esa es la izquierda que ha convocado las marchas, la izquierda alternativa a la izquierda del sistema, la izquierda de oposición a la izquierda de gobierno; en síntesis, la izquierda débil, pues sin el apoyo de los sindicatos mayoritarios y sin la unidad de toda la izquierda política, esa izquierda débil poco puede hacer salvo manifestarse y mostrar su fragilidad al evidenciar la división de la izquierda en España. Sólo queda una esperanza: que los ecos de las marchas tengan su correlato en las urnas electorales que se nos echan encima.

También en:

http://www.nuevatribuna.es/opinion/franci-xavier-munoz/dignidad-izquierda-debil/20140323101218102006.html