Buscar
martes, 27 de septiembre de 2022 00:01h.

FALLECIDO ESTE 12 DE AGOSTO

En el emocionado “hasta pronto” a mi hermano Eufrasio - por Erasmo Quintana

 

FR ERSM QNTN

 

En el emocionado “hasta pronto” a mi hermano Eufrasio - por Erasmo Quintana *

Milicianas se enfrentan a los facciosos - Soviéticos vencen al nazismo
Milicianas se enfrentan a los facciosos - Soviéticos vencen al nazismo

Estimados amigos que me siguen cada semana con mis disquisiciones, que a unos gustará y a otros no tanto, me perdonarán que hoy ocupe este espacio la despedida de un querido hermano que se nos ha ido: Eufrasio. Él y yo pertenecemos a la “generación del esfuerzo”. Él nació dos años después de finalizada la Guerra de España (1936-1939) y yo a los tres años. Seis meses más tarde de acabado el golpe militar español, estalló la II Guerra Mundial (1939), la cual finalizó en 1945. Eufrasio tenía 4 años y yo 3. Por tanto, ambos nacimos en plena contienda mundial. Una época pésima de cartillas de racionamiento y largas colas para recibir pan de miseria y hambre y muchas penalidades. Había quien tenía dinero, pero nada qué comer. Mi madre me decía que yo escapé de milagro, pues parecía un niño de Biafra, una delgadez extrema y barrigota. El gran galeno, D. José Martinón León, fue quien me salvó la vida.

Nota de VOZ DEL NORTE, de 10 de julio de 1932, informando del relevo del doctor José Martinón León como alcalde de Gáldar
Nota de VOZ DEL NORTE, de 10 de julio de 1932, informando del relevo del doctor José Martinón León como alcalde de Gáldar
CARTILLA DE RACIONAMIENTO CANARIAS 1945
CARTILLA DE RACIONAMIENTO CANARIAS 1945

En casa, con la benjamina M.ª Isabel éramos cuatro hermanos; y ante tanta carencia, mi abuela Beatriz le aconsejó a mi madre que dejara al mayor en su casa de San Nicolás (Las Palmas de GC), ayudando en la tienda del tío Juan, y así habría una boca menos. Fallecida nuestra abuela, Eufrasio decidió, ya mayor, regresar a Gáldar. Aquellos eran momentos en que yo le había dicho a mi padre que me hacia cargo de la peluquería junto con mi hermano José María. Nos pusimos de moda y ganábamos dinero. Eufrasio con esto no se sentía cómodo (no sabía el oficio y no podía ayudar), por lo que me hizo saber su intención de irse a Venezuela. En aquel tiempo, era lo que se hacía. Se lo quité de la cabeza y le aconsejé que estudiara. Tomó clases particulares de nuestro amigo, el telegrafista, D. Fernando Cambres, e ingresó en el Cardenal Cisneros, haciendo el Bachillerato, de cuatro años, en solo dos.

Encuentro de exalumnas y exalumnos del Cardenal Cisneros, Gáldar 2017
Encuentro de exalumnas y exalumnos del Cardenal Cisneros, Gáldar 2017

El Banco de Vizcaya abría una sucursal en Gáldar y Eufrasio fue uno de los aspirantes. Hizo el examen, quedando como número uno. Cuando la sucursal abrió sus puertas, el primero en entrar fue el sobrino de un ricachón del pueblo, que incluso no hizo el examen. Mi hermano quedó abatido por la injusticia que cometían con él y, sin que yo ni nadie de la familia lo supiera, firmó con la Guardia Civil y se fue junto con su esposa Pepita a La Línea de la Concepción (Cádiz). Pasados cinco o seis meses, nuestro padre recibió una carta donde le decían a Eufrasio que debía incorporarse al Banco a la mayor brevedad. Se comprenderá cómo nos quedamos todos. Si él me hubiera comentado algo de lo que pensaba hacer, se lo quito de la cabeza, como hice con lo de Venezuela.

EUFRASIO Y PEPITA
EUFRASIO Y PEPITA

Al cabo de pocos años (no renovó) volvieron para acá, justo cuando el Cabildo de Gran Canaria promocionaba unas plazas vacantes. Mi hermano se presentó y también ganó con nota, quedando de los primeros. Ocupó plaza en la JIAI, que era el organismo recaudador de arbitrios insulares. En su aspiración por mejorar, aceptó el reto de ir como Delegado de Recaudación de Arbitrios del Cabildo a Fuerteventura. Allí, en un desgraciado accidente de carretera, perdieron a su único hijo varón: eran dos, Roberto y Beatriz; una dramática fatalidad de la que nunca se repusieron sus padres. No estamos preparados ni mentalizados para que mueran nuestros hijos antes que sus padres.

CABILDO DE FUERTEVENTURA
CABILDO DE FUERTEVENTURA

Decía más arriba que pertenecemos a la “generación del esfuerzo”. En verdad, salimos de la nada, de menos cero. Es por ello que nos identificábamos tanto. Eufrasio tenía a gala repetir que entre él y yo nunca hubo un si ni un no. Algo de lo que presumía; hubo siempre una química especial compartida entre ambos.

EUFRASIO Y ERASMO
EUFRASIO Y ERASMO

Mi hermano era un trabajador nato y muy exigente consigo mismo. Todo el mundo lo respetaba, porque él respetaba a todo el mundo. Su querida hija Beatriz le dio una nieta, Estela, que era su debilidad; la quería muchísimo, y tenía un cuaderno donde anotaba todas las ocurrencias infantiles y su precocidad, ocurridas en su compañía. Estelita hoy estudia Medicina en Barcelona con bastante provecho. Una pena, pues su abuelo, que tanto quería a su nieta del alma, no podrá verla como médico.

A mi edad, ya bastante provecta, la vida se me aparece como una atropellada sucesión de imágenes, vistas en décimas de segundo. Esto es la vida: un suceder ininterrumpido y relampagueante de todo lo que hemos hecho. Es decir, que se es octogenario, y en nuestra percepción casi no hemos vivido. Es por ello lo de que el ensueño es a la vida como el sueño es a la muerte. 

lOS TRES HERMANOS, ERASMO, JOSÉ MARÍA Y EUFRASIO, CON SU MADRE
LOS TRES HERMANOS, ERASMO, JOSÉ MARÍA Y EUFRASIO, CON SU MADRE

Uno de estos días tan difíciles por la pérdida de mi querido y único hermano por la muerte prematura de nuestro José María, he tenido una visión, un sueño. Iba con mi hermano Eufrasio en animada charla por un sendero largo, muy largo, interminable, de un intenso color lapislázuli. A ambos lados se levantaba un alto y frondoso bosque del que salió un anciano acompañado de un niño con todas las trazas de ser su nieto. Oí que le decía al abuelo que debíamos ser hermanos, por lo mucho que nos parecíamos. El sendero, de pronto, se volvió más luminoso todavía, de donde surgió una figura que ceñía en su cabeza una hermosa corona de flores aterciopelada. La fantasmal figura extendió sus brazos en aspa blandiendo un resplandeciente pañuelo blanco, que resultó ser una delicada paloma. Ésta alzó el vuelo y surcó los cielos, al tiempo que desaparecía aquella maravillosa visión. Y cuando miré a mi derecha para comentar algo, mi hermano Eufrasio también había desaparecido. Pronto adiviné quién era aquella paloma blanca que volaba tan a lo alto…

EUFRASIO QUINTANA RUIZ
EUFRASIO QUINTANA RUIZ

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Erasmo Quintana 

ERASMO QUINTANA

 

MANCHETA AGOSTO 22