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domingo, 21 de abril de 2024 03:34h.

El fascismo y la amnistía como excusa - por Miquel Ramos

 

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Antonio Aguado, coherente veterano militante socialista, recomienda este artículo

El fascismo y la amnistía como excusa

Miquel Ramos, periodista

PÚBLICO 

 

La convocatoria de las derechas ante la sede del PSOE estos últimos días para protestar contra la amnistía nos ha regalado imágenes y piruetas retóricas inéditas, pero también nos ha lanzado un aviso que no debemos ignorar, por mucho que nos haga gracia lo esperpéntico de la foto. La Policía cargó contra la protesta la noche del pasado lunes cuando varios de los presentes trataron de romper el cordón policial y atacaron a los agentes que estaban en primera línea. Los videos del momento muestran las bengalas, los palos y los insultos de quienes encabezaban la protesta, incrédulos porque los antidisturbios no les dejaban asaltar la sede del PSOE.

Y es que de verdad se creen que tienen derecho a hacerlo. Que están salvando España y que la Policía está a su servicio, pues ellos nunca han cuestionado una acción policial, y siempre han defendido a los uniformados cuando han repartido leña. Menos esta vez, claro está, que son ellos quienes han recibido un pequeño aperitivo, nada comparable a lo que se suele recibir cuando los convocantes son otros. Entonces, la simpatía por las fuerzas del orden duró poco: “maricones”, “piolines, os tendrían que haber lanzado al mar”, “cobardes” y otros insultos y deseos de muerte contra tan hasta entonces aplaudidos y admirados funcionarios. Del ‘a por ellos’, al ‘qué coño hacéis si somos nosotros’.

Al día siguiente, la Policía justificó dicha actuación por la supuesta ‘infiltración de ultras’ en las protestas, a quienes dice haber incautado barras de hierro y palos extensibles. Infiltración de ‘ultras’, como si quienes llevaban días convocando no lo fueran, como si la Policía no supiese que todos los canales neonazis y fascistas habían llamado a acudir en masa, y como si, encima, sus líderes fuesen desconocidos o se escondieran. Allí estaban todos, sacando pecho y exhibiendo sus banderas y sus pancartas, reivindicando su presencia, lo contrario a infiltrarse, que sería esconderse para pasar desapercibido. Vox y PP silbaron, y todos los nazis y fascistas acudieron. Repito: solo hay que revisar los canales y las redes para comprobarlo.

Detrás de toda esta algarada, del teatro organizado de la derecha ante la supuesta rotura de España, se esconde su amarga verdad: La derecha perdió las elecciones. La amnistía es solo una excusa, y las manifestaciones ante las sedes del PSOE son su asalto al Capitolio. Es el mismo guion que siguieron Trump y después Bolsonaro cuando perdieron, cuando no reconocieron el resultado del plebiscito y cuando pretendieron revocar por todos los medios la voluntad popular que los desalojó del poder.

La amnistía, en caso de aplicarse, no cambiará nada de la vida de estos que hoy dicen dar su vida por España. No es como intervenir el mercado de la vivienda, el precio de las energías o la redistribución de la riqueza. Es por algo simbólico, por una pulsión nacionalista, patriotera, que exige cabezas colgadas en una pica como ejemplo para quienes se sientan tentados de no amar a España como ellos, que son capaces de fusilar a la mitad de su población para salvarla. Protestar contra la amnistía les cura el alma ante la mala deriva que consideran que lleva España, pero nada más. Su vida seguirá igual, haya amnistía o no. No tiene ningún efecto práctico en su día a día. Es puro postureo, puro orgullo patrio herido y puro complejo de inferioridad.

Y ante estos complejos, la derecha que gestiona, la que le va el sueldo en ello, aprieta y enciende la calle. Porque la derecha en este país no solo no es democrática, como se ha visto cada vez que pierde unas elecciones, sino que es un peligro para la democracia. Al día siguiente de los disturbios, ni siquiera tuvo la decencia de condenarlos. Es más, culpó al Gobierno de ordenar las cargas policiales sin motivo. Este relato fue refrendado irresponsablemente por los ultras que anidan en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a través de algunos de sus sindicatos, que, en vez de defender a sus propios compañeros, defienden la algarada. Era de esperar que, siguiendo la evolución de estas organizaciones y el germen de estos relatos en su seno sin que haya existido filtro alguno, terminaran por situar a una parte de estos funcionarios del lado de los que pretenden su particular asalto al Capitolio.

Lo de estos días es un aviso, insisto. Queda por delante no solo una investidura con la amnistía y el ruido de fondo, sino toda una legislatura, donde la ultraderecha, que perdió una buena parte de su representación en el Congreso, va a tratar de ganar más protagonismo en la calle. Y por todos los medios, como hemos visto estos días.

Durante esta última legislatura, el Gobierno ha castigado con dureza toda movilización social. Ni siquiera ha derogado la Ley Mordaza como había prometido, y ni siquiera ayer la aplicó a los fascistas en su algarada. Este gobierno ha reprimido a quienes se han demandado una vida digna para la clase trabajadora y quienes se han lanzado a las calles a parar desahucios. También a quienes se han enfrentado a los fascistas, a los mismos que ayer trataron de asaltar su sede, y ha pretendido reducir el antifascismo a una tribu urbana o a una papeleta cada cuatro años, menospreciando la amenaza que hoy se planta ante sus narices.

El camino está sembrado desde hace tiempo, no solo por su normalización una vez instalados en las instituciones, sino por quienes vieron en ellos una opción respetable en democracia, a pesar de pretender vaciarla de contenido. Unos aliados para gobernar o un instrumento para desgastar a su oponente. Todos ellos, quienes nos hicieron creer que el fascismo murió con Franco, y que sus restos eran los cuatro decrépitos que levantan el brazo cada 20N, son también responsables de haber escondido bajo la alfombra el monstruo que ahora amenaza con devorarlos a ellos también, y a todo aquél que se ponga por delante, por mucho aval democrático que nos creamos que valga. 

 

* Gracias a Miquel Ramos, a PÚBLICO y a la colaboración de Antonio Aguado

https://www.publico.es/es/opinion/el-fascismo-y-la-amnistia-como-excusa/

MIQUEL RAMOS
MIQUEL RAMOS
PÚBLICO La casa de mi tía republica por el alto interés del contenido, bajo las Normas de Uso Justo de la UE
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