Imane Khelif: la cara rota del deporte femenino y la hipocresía patriarcal de Podemos - por Antonella Aliotti
Rel
Imane Khelif: la cara rota del deporte femenino y la hipocresía patriarcal de Podemos
Antonella Aliotti
Feminista Radical y Antirracista
Defensora de la Casa Común
Activista de DDHH y Sociales
Imane Khelif tiene cromosomas XY.
Imane Khelif tiene testículos internos.
Imane Khelif no es una mujer, aunque se nos imponga que lo digamos.
Y, sin embargo, ha boxeado —y ganado— decenas de combates en categoría femenina.
Veintitrés enfrentamientos internacionales.
Medallas.
Triunfos.
Y en el camino: mujeres humilladas, heridas y apartadas.
La violencia no es simbólica.
La violencia tiene cara y tiene cuerpo.
El cuerpo masculino que se lanza al ring con ventaja física. Con más fuerza, más masa muscular, más resistencia.
Con un cuerpo que no pertenece ahí.
La retirada de Angela Carini: lágrimas, impotencia y miedo
El 1 de agosto de 2024, en París, la boxeadora italiana Angela Carini subió al cuadrilátero para pelear en igualdad.
Bajó entre lágrimas, con la cara marcada y el alma rota.
No aguantó ni un asalto.
Abandonó tras recibir un golpe que —según su entrenador— "no se siente igual cuando viene de un cuerpo masculino".
Fue un combate desigual.
Fue una emboscada.
Y los que lo permitieron aplaudieron desde las gradas.
Pablo Echenique: cuando el cinismo no tiene límites
Pablo Echenique acaba de escribir un artículo defendiendo lo que más le gusta: un hombre, un semejante.
Lo hizo para defender a Khelif.
La llamó "mujer cis".
Habló de "odio tránsfobo".
Dijo que la transfobia es lo contrario al feminismo (un tío más que habla de feminismo desde lo alto de su maculinidad).
¿Transfobia?
¿Dónde está el odio?
¿En las mujeres que denunciamos injusticia?
¿O en los que aplauden mientras un varón revienta la cara de una mujer con puños autorizados por el Estado?
Echenique no defiende a las mujeres.
Podemos no defiende a las mujeres.
Defienden una ideología que borra la realidad material del sexo.
Y con ella, borran también nuestros derechos.
¿Cuántas mujeres deben caer?
¿Cuántas mujeres más deben bajarse del ring llorando?
¿Cuántas deben callar por miedo a ser llamadas “tránsfobas”?
¿Cuántas derrotas injustas, físicas y psicológicas, estamos dispuestas a permitir?
Lo que está pasando no es inclusión. Es violencia machista institucional.
Es el Estado —a través de sus partidos, sus federaciones y sus medios— el que nos está imponiendo esta brutalidad con una sonrisa progresista.
Y algunos espectadores, hombres, lo gozan.
Sí, gozan al ver a un cuerpo masculino dominando, controlando, aplastando a mujeres en nombre de la justicia social.
Porque no es nuevo.
Es el patriarcado de siempre.
Pero ahora lleva pulsera de colores y pancarta de “orgullo”.
Feminismo es decir basta
Nosotras no hemos luchado décadas por nuestro espacio en el deporte para cederlo ahora al primer varón que dice “yo también soy mujer”.
Nosotras no olvidamos a Angela Carini.
No olvidamos a las veintitrés mujeres que cayeron ante Khelif.
Y no olvidamos el silencio cómplice de Podemos.
Esto es violencia. Y tiene cómplices.